Hoy es mi cumpleaños número veintiuno, quizás muchos te Ustedes no me recuerden, soy la hija de la última víctima del “Asesino noctámbulo”.
Quiero que sepan que no maté por gusto, quería vengar la muerte de mi madre y la de otras víctimas inocentes.
Mamá era un ser delicioso, éramos amigas, la arrebataron de mi lado cuando era una niña.
Todos estos años viví con mi abuela en una zona rural, tuve que dejar la escuela, a los doce años comencé a trabajar en el taller de costura de mi abu.
Aprendí a confeccionar vestidos que lucirían mujeres bellas, mi pasión era bordar con cristales y lentejuelas los corset de los vestidos de fiesta.
Enhebrar cuentas me llevaba cerca de mi mamá, ella nunca pudo lucir un bonito vestido.
Sola, me crió la abuela .
No me arrepiento.
Hace años maté a un hombre que gozaba quitándole la vida a las mujeres que trabajaban de noche.
Era un ser despiadado, aún en pesadillas recuerdo sus ojos claros llenos de odio, rencor.
No tuve fiesta de quince, las ganancias del taller no lo permitían, fui feliz a mi modo.
Siempre acerqué flores a la tumba de mi madre.
Hace un tiempo, conocí a un joven, la atracción parecía querer llamar al amor.
Cuando lo veía mi corazón brincaba de alegría.
Aparentemente no iba a visitar a ningún ser querido, simplemente paseaba por el cementerio, dejaba flores en lugares diferentes.
Con el envoltorio de las flores en instantes confeccionó una para regalarme.
La llovizna persistente, llamó al viento, éste hacía gritar los truenos, sobre mis hombros puso el piloto, nos dirigimos a su casa, quedaba enfrente del cementerio.
Mientras él preparaba un té para agasajarme, sobre el hogar donde crepitaban los leños, encontré un portarretratos.
Desde la foto, esos ojos pedían venganza, no fue difícil reconocer al asesino de mi madre.
Al principio nuestra relación de amistad era sencilla, me cuidaba, pero para mi era una tortura ver la foto de su padre, revivía los últimos minutos de vida de mi madre, el ser que más amé.
Sin explicaciones quise irme, me llevó a mi casa.
Mi vida era sufrimiento, por un lado quería unirme a ese hombre, pero los sentimientos encontrados hicieron nacer la desconfianza.
Igual que el asesino noctámbulo, no tenía trabajo fijo, sin embargo el dinero parecía sobrarle.
Hoy se cumple otro aniversario del fallecimiento de mi madre, mientras arreglo las flores, el agua se tiñe de rojo, tengo miedo, estoy arrodillada, le suplico a mamá que me proteja, sé que ella me escucha.
Una mano hace presión en mi hombro, es Él, acaricia mi rostro, sus manos vigorosas, se aproximan a mi cuello, las caricias se convierten en tormento.
Me falta la respiración, observo su mirada helada, no es la misma que conocí, lágrimas heladas cubren mi cara.
No recuerdo nada más.
Mi madre me recibe en sus brazos, nos rodea una paz infinita.
Aquí, tal vez, comience a repetirse la historia.
Wednesday, January 30, 2008
Tuesday, January 29, 2008
PEQUEÑA VENGADORA
En apariencia era un hombre como todos, vivía en un departamento en las afueras de Londres, no tenía un trabajo fijo, pero siempre encontraba alguna tarea para sobrevivir y mantener su misteriosa vida.
Amable con los vecinos, siempre estaba dispuesto a abrir las puertas del ascensor cuando veía a una vecina llegar al edificio cargada de paquetes.
Curiosamente los niños eran sus amigos, quizás le recordaran la única época en la que sintió verdadero cariño, nunca supo de la existencia del padre, la mamá cumplía todas las funciones, padre, hermanos , y toda la familia que él nunca conocería.Tal vez ello haya marcado su destino.
La madre decidió partir cuando el era adolescente, a partir de allí, la vida de este hombre cambió.
Vendió la casa materna y se mudó al edificio que ocupó durante años, de día trabajaba de lo que fuera, por las noches su personalidad mutaba hasta convertirlo en un ser despiadado.
La vida se había encargado de trazar su destino, él no hacía nada por modificarlo.Durante meses salía por las noches, la neblina era su compañera.
Buscaba callejones solitarios, en las madrugadas, cuando todo estaba desierto, esperaba a sus presas.
Casi siempre eran mujeres que trabajan en la noche, mostrando la esbeltez de sus cuerpos.
Las seguía a prudente distancia, del interior del sobretodo sacaba una filosa daga.
Ver sangre lo sacaba de la realidad, con paciencia mutilaba sus cuerpos, en una bolsa de polietileno acomodaba los corazones de sus víctimas, para dejarlo en la puerta de alguna delegación policial.
En las primeras portadas de los diarios aparecían los crímenes, cientos de policías lo buscaban sin resultado.
Los periódicos sensacionalistas lo llamaban “El asesino noctámbulo”.
Intentando esclarecer los hechos convocaron a fuerzas de seguridad e inteligencia de otros países.
Vanos habían sido los esfuerzos por encontrarlo.
El último ataque fue perpetrado contra una mujer de mediana edad, ella conservaba su belleza intacta.
Esa noche cometería un error, provocado por el ulular de las sirenas que recorrían las calles de la ciudad, terminado el ataque, desapareció.
Al llegar a su casa quemó los guantes de látex, en ese instante notó que le faltaba la filosa daga.
Al día siguiente se cumpliría otro aniversario de la muerte de su madre, como todos los años, compró las flores que a ella le gustaban, el florista le armó un ramo de crisantemos blancos, como atención le regaló una perfumada rosa rojo sangre.
Caminó entre los pinos del cementerio, para dejar las flores en la tumba de su madre, buscó agua fresca, en la pileta se encontró con una pequeña de no más de diez años, ella también cargaba los floreros de bronce.
Sonrió a la pequeña.
La niña estaba a pocos pasos de él, rezaba a la memoria de su mamá.
Él hacía lo mismo, intercambiaba sonrisas con la niña.
La pequeña valiente, en un momento de distracción clavó un puñal atravesando la espalda del hombre.
Los diarios de la mañana tenían como título principal la muerte del posible asesino noctámbulo, lo habían encontrado abrazado a la lápida de su madre.
De la niña nunca más se supo, gracias a la pequeña vengadora, ahora las mujeres caminaban tranquilamente por la calle.
Otras vendían su cuerpo y las ilusiones.
Amable con los vecinos, siempre estaba dispuesto a abrir las puertas del ascensor cuando veía a una vecina llegar al edificio cargada de paquetes.
Curiosamente los niños eran sus amigos, quizás le recordaran la única época en la que sintió verdadero cariño, nunca supo de la existencia del padre, la mamá cumplía todas las funciones, padre, hermanos , y toda la familia que él nunca conocería.Tal vez ello haya marcado su destino.
La madre decidió partir cuando el era adolescente, a partir de allí, la vida de este hombre cambió.
Vendió la casa materna y se mudó al edificio que ocupó durante años, de día trabajaba de lo que fuera, por las noches su personalidad mutaba hasta convertirlo en un ser despiadado.
La vida se había encargado de trazar su destino, él no hacía nada por modificarlo.Durante meses salía por las noches, la neblina era su compañera.
Buscaba callejones solitarios, en las madrugadas, cuando todo estaba desierto, esperaba a sus presas.
Casi siempre eran mujeres que trabajan en la noche, mostrando la esbeltez de sus cuerpos.
Las seguía a prudente distancia, del interior del sobretodo sacaba una filosa daga.
Ver sangre lo sacaba de la realidad, con paciencia mutilaba sus cuerpos, en una bolsa de polietileno acomodaba los corazones de sus víctimas, para dejarlo en la puerta de alguna delegación policial.
En las primeras portadas de los diarios aparecían los crímenes, cientos de policías lo buscaban sin resultado.
Los periódicos sensacionalistas lo llamaban “El asesino noctámbulo”.
Intentando esclarecer los hechos convocaron a fuerzas de seguridad e inteligencia de otros países.
Vanos habían sido los esfuerzos por encontrarlo.
El último ataque fue perpetrado contra una mujer de mediana edad, ella conservaba su belleza intacta.
Esa noche cometería un error, provocado por el ulular de las sirenas que recorrían las calles de la ciudad, terminado el ataque, desapareció.
Al llegar a su casa quemó los guantes de látex, en ese instante notó que le faltaba la filosa daga.
Al día siguiente se cumpliría otro aniversario de la muerte de su madre, como todos los años, compró las flores que a ella le gustaban, el florista le armó un ramo de crisantemos blancos, como atención le regaló una perfumada rosa rojo sangre.
Caminó entre los pinos del cementerio, para dejar las flores en la tumba de su madre, buscó agua fresca, en la pileta se encontró con una pequeña de no más de diez años, ella también cargaba los floreros de bronce.
Sonrió a la pequeña.
La niña estaba a pocos pasos de él, rezaba a la memoria de su mamá.
Él hacía lo mismo, intercambiaba sonrisas con la niña.
La pequeña valiente, en un momento de distracción clavó un puñal atravesando la espalda del hombre.
Los diarios de la mañana tenían como título principal la muerte del posible asesino noctámbulo, lo habían encontrado abrazado a la lápida de su madre.
De la niña nunca más se supo, gracias a la pequeña vengadora, ahora las mujeres caminaban tranquilamente por la calle.
Otras vendían su cuerpo y las ilusiones.
Sunday, January 27, 2008
EL SALÓN DE LOS ESPEJOS
Él sabía de un laberinto, estaba en una localidad serrana de cualquier punto del planeta, decidió conocerlo, ansiaba estar en la sala de los espejos que había en el lugar.
Para llegar al sitio debía recorrer varios kilómetros.
El día anterior preparó su camioneta, cambió una de las cubiertas que el tiempo se encargó de borrarle los dibujos.
No invitaría a nadie, quería vivir solo esa experiencia.
Se levantó al amanecer, el sol mostraba la mitad de su cara, el efecto de las nubes mostraba rosados en el cielo.
Cargó combustible, comenzó a recorrer el camino, atrás quedaba el casco urbano, las casas de blancas paredes y techos de tejas coloridas,se veían pequeñas.
La ruta estaba tranquila, había poco tráfico, llegaría antes de lo previsto.
Se internó en el camino que serpenteaba la montaña, de los ripios se desprendían pequeñas columnas de arena dorada, formando pequeñas nubes que buscaban espacio en el firmamento.
Encendió la radio para sentirse acompañado, apagó el aire acondicionado, bajó las ventanillas, quería estar en contacto con la naturaleza, escuchar música que le recordara a ella, tan cerca, tan lejana.
Ahora la ruta tenía una sola mano, la del ascenso, las curvas le recordaban a esa mujer hermosa que intentaba sin suerte dejar en el pasado.
No sabía a que altitud estaba, calculó que a unos tres mil metros sobre el nivel del mar, ese que había sido cómplice de todos sus encuentros.
Los cerros ya no tenían vegetación, las piedras tenían matices diversos,cual paleta de pintores que sueñan.
Un cartel indicaba que estaba a pocos kilómetros del lugar que visitaría.
Cambió la marcha, la ruta descendía por un valle, los manzanos obsequiaban el aroma de sus frutos.
Otra vez estaba en la zona urbana, aminoró la marcha, en unos minutos llegaría al laberinto de los espejos.
Pagó su entrada, estacionó la camioneta en un parque, debajo de un fresno, allí lo resguardaría del sol.
El sitio era visitado anualmente por miles de turistas, algunos provenían de tierras lejanas.
Los canteros de la entrada estaban poblados de flores, tomó una foto, pero su interés era ingresar a la sala de los espejos.
Escuchaba las risas de los visitantes, se acercó a un grupo,los espejos alargaban o ensanchaban las siluetas.
Dejó partir a un contingente bullicioso.
Observaba con curiosidad, cada espejo estaba separado por una varilla dorada.
Se acercó a ellos, quería ver su imágen deformada y reír como los otros.
Se paró delante de una lámina espejada, no le devolvía nada, optó por otra, así estuvo un buen rato.
Los espejos se negaban a devolverle su figura.
Impaciente se dirigió al cuidador, altanero, lo acosó con preguntas, aquel escuchaba pacientemente, cuando terminó su reclamo, el hombre con prudencia le dijo :"Señor estos espejos reflejan el alma y las sonrisas de los que aman la vida”.
Ofuscado regresó a su vehículo, no entendía como Él, un hombre que lo tenía todo no podía disfrutar como el resto.
En el camino de regreso, las lágrimas nublaban sus ojos.
Estaba solo, se prometió cambiar, disfrutar de las cosas cotidianas, la sonrisa de un niño, la mirada de su antigua enamorada.
Con cosas pequeñas el destino le daría la oportunidad de reflejarse en los espejos, para ello primero debería limpiar su alma.
La necedad no se ve en una vitrina, tampoco en un espejo.
Solo aquel que comparte deja volar la imaginación para no sentirse tan solo, en el instante que abra su corazón se verá reflejado en la casa de los espejos y también en las aguas mansas de un lago, en el cauce de un río que canta a las piedras para tallarlas.
Mientras persista su actitud negativa, solo será una sombra, sin pasado, presente o futuro.
Para llegar al sitio debía recorrer varios kilómetros.
El día anterior preparó su camioneta, cambió una de las cubiertas que el tiempo se encargó de borrarle los dibujos.
No invitaría a nadie, quería vivir solo esa experiencia.
Se levantó al amanecer, el sol mostraba la mitad de su cara, el efecto de las nubes mostraba rosados en el cielo.
Cargó combustible, comenzó a recorrer el camino, atrás quedaba el casco urbano, las casas de blancas paredes y techos de tejas coloridas,se veían pequeñas.
La ruta estaba tranquila, había poco tráfico, llegaría antes de lo previsto.
Se internó en el camino que serpenteaba la montaña, de los ripios se desprendían pequeñas columnas de arena dorada, formando pequeñas nubes que buscaban espacio en el firmamento.
Encendió la radio para sentirse acompañado, apagó el aire acondicionado, bajó las ventanillas, quería estar en contacto con la naturaleza, escuchar música que le recordara a ella, tan cerca, tan lejana.
Ahora la ruta tenía una sola mano, la del ascenso, las curvas le recordaban a esa mujer hermosa que intentaba sin suerte dejar en el pasado.
No sabía a que altitud estaba, calculó que a unos tres mil metros sobre el nivel del mar, ese que había sido cómplice de todos sus encuentros.
Los cerros ya no tenían vegetación, las piedras tenían matices diversos,cual paleta de pintores que sueñan.
Un cartel indicaba que estaba a pocos kilómetros del lugar que visitaría.
Cambió la marcha, la ruta descendía por un valle, los manzanos obsequiaban el aroma de sus frutos.
Otra vez estaba en la zona urbana, aminoró la marcha, en unos minutos llegaría al laberinto de los espejos.
Pagó su entrada, estacionó la camioneta en un parque, debajo de un fresno, allí lo resguardaría del sol.
El sitio era visitado anualmente por miles de turistas, algunos provenían de tierras lejanas.
Los canteros de la entrada estaban poblados de flores, tomó una foto, pero su interés era ingresar a la sala de los espejos.
Escuchaba las risas de los visitantes, se acercó a un grupo,los espejos alargaban o ensanchaban las siluetas.
Dejó partir a un contingente bullicioso.
Observaba con curiosidad, cada espejo estaba separado por una varilla dorada.
Se acercó a ellos, quería ver su imágen deformada y reír como los otros.
Se paró delante de una lámina espejada, no le devolvía nada, optó por otra, así estuvo un buen rato.
Los espejos se negaban a devolverle su figura.
Impaciente se dirigió al cuidador, altanero, lo acosó con preguntas, aquel escuchaba pacientemente, cuando terminó su reclamo, el hombre con prudencia le dijo :"Señor estos espejos reflejan el alma y las sonrisas de los que aman la vida”.
Ofuscado regresó a su vehículo, no entendía como Él, un hombre que lo tenía todo no podía disfrutar como el resto.
En el camino de regreso, las lágrimas nublaban sus ojos.
Estaba solo, se prometió cambiar, disfrutar de las cosas cotidianas, la sonrisa de un niño, la mirada de su antigua enamorada.
Con cosas pequeñas el destino le daría la oportunidad de reflejarse en los espejos, para ello primero debería limpiar su alma.
La necedad no se ve en una vitrina, tampoco en un espejo.
Solo aquel que comparte deja volar la imaginación para no sentirse tan solo, en el instante que abra su corazón se verá reflejado en la casa de los espejos y también en las aguas mansas de un lago, en el cauce de un río que canta a las piedras para tallarlas.
Mientras persista su actitud negativa, solo será una sombra, sin pasado, presente o futuro.
Saturday, January 26, 2008
SIN ROSTRO
Un incendio había dejado marcas en su rostro.
El cirujano plástico le había prometido que en un año tendría su cara totalmente reconstruida, para ello debería someterse a una serie de operaciones.
Recientemente había llegado de un país europeo un producto que reemplazaba la piel humana con éxito.
Así comenzó el calvario de este hombre, durante el día debía usar una máscara de látex, que ayudaría a sostener las cicatrices, sus ojos inquietos observaban todo.
Durante ese año, se alejó de los pocos afectos que tenía, no quería ver ni siquiera a sus seres más cercanos.
Él, que había sido un hombre exitoso, ahora permanecía por propia voluntad en la más absoluta soledad.
Desde la ventana de su casa miraba los cerros, el estío había producido un estallido de flores y colores.
Las vería de lejos, adivinando su fragancia.
A los pocos amigos que le quedaban les dijo que emprendería un viaje, ignoraba la fecha de regreso, aún así se mantendría en contacto con ellos a través de la red.
No podría sentir los brazos de su amada cuando lo aprisionaban en un abrazo interminable, tendría que desistir de sus besos hasta que la ciencia hiciera lo suyo.
En ese estado cercano a la locura, siguió participando de muchos espacios, para que no lo descubrieran utilizó otros apodos.
Cuando presentía que habían descubierto al autor de los artículos, volvía a mutar, adoptaba nombres de mujer, la escritura lo delataba.
Al final de la primavera se llevaría a cabo la última intervención quirúrgica.
Preparado para ingresar al quirófano, observaba los pájaros que tímidamente le hacían llegar sus gorjeos, parecían los susurros de los ángeles que jamás lo habían abandonado.
No sabía rezar, tampoco podía hablar con Dios en forma coloquial, descreía de todo, para pedir por su alma solitaria.
La operación fue un éxito, médicos y pacientes aparecían en todas las portadas de los diarios, debían dar a conocer al mundo los avances científicos.
Todo fue efímero, intentó recuperar sus afectos, no logró su objetivo, durante ese año de tortura los había perdido, tampoco le creían sus seres más cercanos.
Vivir en ese mundo irreal lo había transformado en un ser solitario.
Tal vez si hubiera pedido ayuda, si hubiera mostrado tan solo un rasgo de cordura, de amor, hoy no estaría muerto.
El cirujano plástico le había prometido que en un año tendría su cara totalmente reconstruida, para ello debería someterse a una serie de operaciones.
Recientemente había llegado de un país europeo un producto que reemplazaba la piel humana con éxito.
Así comenzó el calvario de este hombre, durante el día debía usar una máscara de látex, que ayudaría a sostener las cicatrices, sus ojos inquietos observaban todo.
Durante ese año, se alejó de los pocos afectos que tenía, no quería ver ni siquiera a sus seres más cercanos.
Él, que había sido un hombre exitoso, ahora permanecía por propia voluntad en la más absoluta soledad.
Desde la ventana de su casa miraba los cerros, el estío había producido un estallido de flores y colores.
Las vería de lejos, adivinando su fragancia.
A los pocos amigos que le quedaban les dijo que emprendería un viaje, ignoraba la fecha de regreso, aún así se mantendría en contacto con ellos a través de la red.
No podría sentir los brazos de su amada cuando lo aprisionaban en un abrazo interminable, tendría que desistir de sus besos hasta que la ciencia hiciera lo suyo.
En ese estado cercano a la locura, siguió participando de muchos espacios, para que no lo descubrieran utilizó otros apodos.
Cuando presentía que habían descubierto al autor de los artículos, volvía a mutar, adoptaba nombres de mujer, la escritura lo delataba.
Al final de la primavera se llevaría a cabo la última intervención quirúrgica.
Preparado para ingresar al quirófano, observaba los pájaros que tímidamente le hacían llegar sus gorjeos, parecían los susurros de los ángeles que jamás lo habían abandonado.
No sabía rezar, tampoco podía hablar con Dios en forma coloquial, descreía de todo, para pedir por su alma solitaria.
La operación fue un éxito, médicos y pacientes aparecían en todas las portadas de los diarios, debían dar a conocer al mundo los avances científicos.
Todo fue efímero, intentó recuperar sus afectos, no logró su objetivo, durante ese año de tortura los había perdido, tampoco le creían sus seres más cercanos.
Vivir en ese mundo irreal lo había transformado en un ser solitario.
Tal vez si hubiera pedido ayuda, si hubiera mostrado tan solo un rasgo de cordura, de amor, hoy no estaría muerto.
Thursday, January 24, 2008
CERCANO A LAS ESTRELLAS
Estaba a cargo del telescopio Hubble, su trabajo le permitía estar en contacto casi permanente con otras galaxias.
Como todos los días había desayunado en familia, cada día sentía más amor por su mujer, los años no habían extinguido la pasión, habían dado lugar a otros sentimientos como la ternura, el compañerismo que siempre alimentaban la llama del amor.
Apuró a sus hijos, de pasada los dejaría en el jardín de infantes, besó a su esposa.
Los niños jugaban en el asiento trasero del vehículo, a unas cuadras se levantaba el edificio de la escuela, pese al frío reinante algunos árboles conservaban su follaje, la nevada nocturna dejó su marca, parecían vestidos con pompones de algodón.
Ahora manejaba rumbo al observatorio, lo hacía con prudencia lentamente copos de nieve se depositaban en la luneta del auto.
Ese día sería diferente para Él.
Saludó a los empleados de vigilancia, en el primer piso estaba la oficina que le habían destinado, los vidrios que la rodeaban dejan entrar los rayos de sol.
Encendió la computadora, leyó los correos.
Era hora de comenzar a observar el espacio.
Había bautizado a cada constelación con el nombre de sus seres más amados.
En un punto indefinido del universo, una masa gaseosa de suaves colores se presenta magnificente ante su vista.
Posicionó el telescopio para no perderla, realizó unas anotaciones en un cuaderno.
Con su silla giratoria se acercó al lugar de observación.
Cientos de estrellas titilaban en el universo, en el centro de la escena se encontraba aquello que posteriormente los astrónomos designarían como “El ojo de Dios”.
Viajó con el pensamiento, atravesó miles de años luz, como única compañía tenía a los planetas pendiendo del cielo, su objetivo era llegar a esa galaxia lejana.
Sentía su cuerpo relajado, Él ahora era parte del espacio celestial.
Sentado en una estrella podría observar mejor, no había vestigios de vida.
El ojo de Dios era imponente, todos los colores estaban representados en él.
En ese mundo especial, no encontraría las ocurrencias cotidianas de la tierra, nadie sería abanderado de la sangre de inocentes que dejaban las guerras, en soledad ,todo era paz.
Ansiaba seguir viviendo ese sueño, el sonido del teléfono lo sacó de ese espacio irreal.
La voz encantadora de su mujer dulcemente le pedía que regresara temprano.
Esa noche contaría a los suyos que los mundos paralelos existen cuando el ser humano se permite soñar.
Como todos los días había desayunado en familia, cada día sentía más amor por su mujer, los años no habían extinguido la pasión, habían dado lugar a otros sentimientos como la ternura, el compañerismo que siempre alimentaban la llama del amor.
Apuró a sus hijos, de pasada los dejaría en el jardín de infantes, besó a su esposa.
Los niños jugaban en el asiento trasero del vehículo, a unas cuadras se levantaba el edificio de la escuela, pese al frío reinante algunos árboles conservaban su follaje, la nevada nocturna dejó su marca, parecían vestidos con pompones de algodón.
Ahora manejaba rumbo al observatorio, lo hacía con prudencia lentamente copos de nieve se depositaban en la luneta del auto.
Ese día sería diferente para Él.
Saludó a los empleados de vigilancia, en el primer piso estaba la oficina que le habían destinado, los vidrios que la rodeaban dejan entrar los rayos de sol.
Encendió la computadora, leyó los correos.
Era hora de comenzar a observar el espacio.
Había bautizado a cada constelación con el nombre de sus seres más amados.
En un punto indefinido del universo, una masa gaseosa de suaves colores se presenta magnificente ante su vista.
Posicionó el telescopio para no perderla, realizó unas anotaciones en un cuaderno.
Con su silla giratoria se acercó al lugar de observación.
Cientos de estrellas titilaban en el universo, en el centro de la escena se encontraba aquello que posteriormente los astrónomos designarían como “El ojo de Dios”.
Viajó con el pensamiento, atravesó miles de años luz, como única compañía tenía a los planetas pendiendo del cielo, su objetivo era llegar a esa galaxia lejana.
Sentía su cuerpo relajado, Él ahora era parte del espacio celestial.
Sentado en una estrella podría observar mejor, no había vestigios de vida.
El ojo de Dios era imponente, todos los colores estaban representados en él.
En ese mundo especial, no encontraría las ocurrencias cotidianas de la tierra, nadie sería abanderado de la sangre de inocentes que dejaban las guerras, en soledad ,todo era paz.
Ansiaba seguir viviendo ese sueño, el sonido del teléfono lo sacó de ese espacio irreal.
La voz encantadora de su mujer dulcemente le pedía que regresara temprano.
Esa noche contaría a los suyos que los mundos paralelos existen cuando el ser humano se permite soñar.
Tuesday, January 22, 2008
CARNAVALES DE AMOR
Aún es temprano, las integrantes de la comparsa doran sus cuerpos a la orilla del río.
Cuando el sol se recueste sobre las arboledas del balneario, tomarán sus bolsos para partir al corsódromo.
Queda tiempo para un baño reparador, en los camarines esperan los maquillajes que las harán lucir más hermosas.
Marina está lista, comienza a vestirse, calza su diminuto bikini y la pollerita confeccionada con pedrería, rojo pasión, verde esmeralda, vestirán a la bella muchacha.
Hoy no se alisará el cabello, dejará sus rulos sueltos, con ayuda le colocan el espaldar, al menor movimiento, suaves, se mueven como el aleteo de un pájaro multicolor, por último el casco, cientos de piedras unidas entre si, coronarán su cabeza, parece una reina.
Los tamboriles indican el comienzo de la ceremonia, por su belleza y juventud este año encabezará la comparsa.
La música incita a bailar, ella mostrará su belleza ante millares de personas, sonreirá a todos.
En el palco, uno de los asistentes no puede dejar de admirarla, las piernas largas torneadas por un escultor, el movimiento de caderas es sensual, las piedras de la pequeña falda apenas tapan su bikini, el torso bronceado, apenas salpicado con purpurina dorada.
Detrás los bailarines muestran sus acrobacias, precederán a la carroza que lleva a la reina del carnaval anterior.
Nada es capaz de distraer a ese hombre solitario, tiene la mirada fija en Marina, por un instante ella se siente turbada, la mirada de Él la desnuda.
Sigue bailando, faltan pocas cuadras para terminar el desfile, en ningún momento pierde la sonrisa, esbelta pareciera estar poseída, incansable sigue bailando.
Por fin llega a su camarín, cree estar sola, sobre una silla deja el espaldar de plumas y piedras.
Desnuda se sumerge en el agua, quiere quitar los restos del maquillaje y descansar.
Una bata blanca contrasta con su cuerpo bronceado de diosa, suena el celular, solo escucha dos palabras “estoy aquí”.
Lo abraza, como quisiera haberlo hecho cuando estaban distanciados, el abrazo es interminable.
Él la invita a pasear por la costanera, le pide un minuto para cambiarse, no le da tiempo, están caminando hacia ese lugar soñado.
La noche y sus misterios serán cómplices de este encuentro amoroso.
Atrás quedaron los reproches que impuso la distancia.
En la orilla del río, esos cuerpos ardientes mostrarán una sola silueta.
La luna sonríe contenta, otra vez resurgió el amor.
Cuando el sol se recueste sobre las arboledas del balneario, tomarán sus bolsos para partir al corsódromo.
Queda tiempo para un baño reparador, en los camarines esperan los maquillajes que las harán lucir más hermosas.
Marina está lista, comienza a vestirse, calza su diminuto bikini y la pollerita confeccionada con pedrería, rojo pasión, verde esmeralda, vestirán a la bella muchacha.
Hoy no se alisará el cabello, dejará sus rulos sueltos, con ayuda le colocan el espaldar, al menor movimiento, suaves, se mueven como el aleteo de un pájaro multicolor, por último el casco, cientos de piedras unidas entre si, coronarán su cabeza, parece una reina.
Los tamboriles indican el comienzo de la ceremonia, por su belleza y juventud este año encabezará la comparsa.
La música incita a bailar, ella mostrará su belleza ante millares de personas, sonreirá a todos.
En el palco, uno de los asistentes no puede dejar de admirarla, las piernas largas torneadas por un escultor, el movimiento de caderas es sensual, las piedras de la pequeña falda apenas tapan su bikini, el torso bronceado, apenas salpicado con purpurina dorada.
Detrás los bailarines muestran sus acrobacias, precederán a la carroza que lleva a la reina del carnaval anterior.
Nada es capaz de distraer a ese hombre solitario, tiene la mirada fija en Marina, por un instante ella se siente turbada, la mirada de Él la desnuda.
Sigue bailando, faltan pocas cuadras para terminar el desfile, en ningún momento pierde la sonrisa, esbelta pareciera estar poseída, incansable sigue bailando.
Por fin llega a su camarín, cree estar sola, sobre una silla deja el espaldar de plumas y piedras.
Desnuda se sumerge en el agua, quiere quitar los restos del maquillaje y descansar.
Una bata blanca contrasta con su cuerpo bronceado de diosa, suena el celular, solo escucha dos palabras “estoy aquí”.
Lo abraza, como quisiera haberlo hecho cuando estaban distanciados, el abrazo es interminable.
Él la invita a pasear por la costanera, le pide un minuto para cambiarse, no le da tiempo, están caminando hacia ese lugar soñado.
La noche y sus misterios serán cómplices de este encuentro amoroso.
Atrás quedaron los reproches que impuso la distancia.
En la orilla del río, esos cuerpos ardientes mostrarán una sola silueta.
La luna sonríe contenta, otra vez resurgió el amor.
Monday, January 21, 2008
EL DOLOR DE UN PADRE
A la madrugada sonó el teléfono en la casa del anciano forense.
Se había producido un accidente de tránsito y todos los médicos habían sido convocados para prestar servicio.
Tomó su maletín, el ascensor tardaba, bajaría las escaleras para llegar al garage.
Rumbo al hospital, el ulular de las sirenas rompía el silencio de la noche, en Marcelo T de Alvear un semáforo detuvo su marcha.
En ese instante una ambulancia pedía paso, un escalofrío recorría su cuerpo.
Comenzó a llover, parecía que el cielo lloraba ante la magnitud de la tragedia.
En la puerta del nosocomio pintado alguna vez de color amarillo, como papeles caían las cáscaras de pintura vieja.
Entregó las llaves al playero, no podía perder tiempo estacionando la camioneta.
Caminó los pasillos como otras veces, sin presentir que encontraría tanta muerte en las temidas bolsas negras.
La enfermera le alcanzó el guardapolvo.
Su asistente le colocó el barbijo, los guantes.
En la camilla ,desfigurada estaba el cuerpo inerte de una jovencita, la cabellera suelta cual cascada caía de la mesa de acero.
Con una pinza comenzó a quitar los vidrios del rostro.
Los asistentes le preguntaron si se sentía bien, asintió con la cabeza, su cara pálida demostraba lo contrario, gotitas de transpiración como perlas se deslizaban por su frente.
En un momento se confundieron con las lágrimas del médico, observando a la joven reparó que llevaba unos aritos pequeños de esmeraldas y rubíes.
Rojo pasión, verde esmeralda, eran los pendientes que le había regalado a su hija.
Se había producido un accidente de tránsito y todos los médicos habían sido convocados para prestar servicio.
Tomó su maletín, el ascensor tardaba, bajaría las escaleras para llegar al garage.
Rumbo al hospital, el ulular de las sirenas rompía el silencio de la noche, en Marcelo T de Alvear un semáforo detuvo su marcha.
En ese instante una ambulancia pedía paso, un escalofrío recorría su cuerpo.
Comenzó a llover, parecía que el cielo lloraba ante la magnitud de la tragedia.
En la puerta del nosocomio pintado alguna vez de color amarillo, como papeles caían las cáscaras de pintura vieja.
Entregó las llaves al playero, no podía perder tiempo estacionando la camioneta.
Caminó los pasillos como otras veces, sin presentir que encontraría tanta muerte en las temidas bolsas negras.
La enfermera le alcanzó el guardapolvo.
Su asistente le colocó el barbijo, los guantes.
En la camilla ,desfigurada estaba el cuerpo inerte de una jovencita, la cabellera suelta cual cascada caía de la mesa de acero.
Con una pinza comenzó a quitar los vidrios del rostro.
Los asistentes le preguntaron si se sentía bien, asintió con la cabeza, su cara pálida demostraba lo contrario, gotitas de transpiración como perlas se deslizaban por su frente.
En un momento se confundieron con las lágrimas del médico, observando a la joven reparó que llevaba unos aritos pequeños de esmeraldas y rubíes.
Rojo pasión, verde esmeralda, eran los pendientes que le había regalado a su hija.
Friday, January 18, 2008
PASEO EN HELICÓPTERO
Me invitaron a pasear en helicóptero, jamás había vivido una experiencia así, desde el aire veríamos las bellezas que encierra mi patria.
El cielo despejado anunciaba que el viaje sería óptimo, salimos desde un aeropuerto privado, las aspas de la nave parecían querer ser parte del viento.
Mientras me acercaba a la pista, chequeaba que en mi mochila no faltara nada, estaba la filmadora y la máquina digital, sabía que ambas no alcanzarían para capturar tanta hermosura.
El piloto me ofreció una vincha con auriculares para atenuar el ruido, la rechacé, necesitaba sentir qué se siente al volar como los pájaros, en absoluta libertad.
Una hora de vuelo nos llevó a Corrientes, paisaje increíble, desde la altura se veía un brazo del río, el sol lo había tornado de otro color, las plantas de té junto a él conjugaban los colores rojo pasión, verde esmeralda.
Seguimos hacia el norte Purmamarca ofrecía el colorido de sus quebradas, seguramente inspiración de pintores que volcaban en la tela tan bellos paisajes.
Hicimos escala en la provincia de Salta, desde el aire la Cuesta del Obispo parecía dibujada por las manos del hombre.
Almorzamos en el aeropuerto, mientras esperábamos unas ricas empanadas descargué las fotos y cambié la cinta de la filmadora.
Nuevamente volando, nos dirigimos al sur, todo era asombro. Las vistas que no quedaban en las máquinas quedarían para siempre en mis retinas.
Neuquén desde el aire obseqiaba sus valles y montañas, plumerillos rojo pasión lo encendían.
Hicimos otra pequeña escala, la última para cargar combustible.
Nos faltaba poco más de una hora para llegar a mi lugar, ese que elegí como espacio de mi mundo.
Si, el cielo había transformado, el color de las aguas, rojo pasión, verde esmeralda en los techos, absorta observaba el espectáculo de la naturaleza, había sido pródiga con el territorio, flores silvestres crecían en los lugares menos imaginables.
Los pájaros dibujaban figuras en el firmamento, contenía las lágrimas que engendra la emoción.
Allí donde termina la isla, erguido estaba él, mi faro solitario y fiel.
Vestía anillos rojos y blancos, para recibir a los viajeros de otras latitudes, las olas traviesas salpicaban su estructura de hierro y madera, muchas veces subí las escaleras de caracol para sentirme más cerca del universo, imaginariamente podía tocar las estrellas.
Disfrutaba las historias que me contaba el cuidador, juntos veíamos desde la altura parejas que formaban una silueta cuando se fundían en un abrazo interminable.
La luz del faro recién encendida indicaba que debía regresar a casa.
Descargué las fotos para mostrarlas a mi amiga del alma, gracias a ella pude mirar desde el aire las imágenes más bellas, esas que aún la mano del hombre no ha dañado.
Busqué una etiqueta para identificar la cinta de la filmación, obnubilada por las sensaciones vividas no encontraba el nombre adecuado, opté por amalgamar los paisajes, con las manos temblorosas sinteticé la experiencia en cuatro palabras, rojo pasión, verde esmeralda.
El cielo despejado anunciaba que el viaje sería óptimo, salimos desde un aeropuerto privado, las aspas de la nave parecían querer ser parte del viento.
Mientras me acercaba a la pista, chequeaba que en mi mochila no faltara nada, estaba la filmadora y la máquina digital, sabía que ambas no alcanzarían para capturar tanta hermosura.
El piloto me ofreció una vincha con auriculares para atenuar el ruido, la rechacé, necesitaba sentir qué se siente al volar como los pájaros, en absoluta libertad.
Una hora de vuelo nos llevó a Corrientes, paisaje increíble, desde la altura se veía un brazo del río, el sol lo había tornado de otro color, las plantas de té junto a él conjugaban los colores rojo pasión, verde esmeralda.
Seguimos hacia el norte Purmamarca ofrecía el colorido de sus quebradas, seguramente inspiración de pintores que volcaban en la tela tan bellos paisajes.
Hicimos escala en la provincia de Salta, desde el aire la Cuesta del Obispo parecía dibujada por las manos del hombre.
Almorzamos en el aeropuerto, mientras esperábamos unas ricas empanadas descargué las fotos y cambié la cinta de la filmadora.
Nuevamente volando, nos dirigimos al sur, todo era asombro. Las vistas que no quedaban en las máquinas quedarían para siempre en mis retinas.
Neuquén desde el aire obseqiaba sus valles y montañas, plumerillos rojo pasión lo encendían.
Hicimos otra pequeña escala, la última para cargar combustible.
Nos faltaba poco más de una hora para llegar a mi lugar, ese que elegí como espacio de mi mundo.
Si, el cielo había transformado, el color de las aguas, rojo pasión, verde esmeralda en los techos, absorta observaba el espectáculo de la naturaleza, había sido pródiga con el territorio, flores silvestres crecían en los lugares menos imaginables.
Los pájaros dibujaban figuras en el firmamento, contenía las lágrimas que engendra la emoción.
Allí donde termina la isla, erguido estaba él, mi faro solitario y fiel.
Vestía anillos rojos y blancos, para recibir a los viajeros de otras latitudes, las olas traviesas salpicaban su estructura de hierro y madera, muchas veces subí las escaleras de caracol para sentirme más cerca del universo, imaginariamente podía tocar las estrellas.
Disfrutaba las historias que me contaba el cuidador, juntos veíamos desde la altura parejas que formaban una silueta cuando se fundían en un abrazo interminable.
La luz del faro recién encendida indicaba que debía regresar a casa.
Descargué las fotos para mostrarlas a mi amiga del alma, gracias a ella pude mirar desde el aire las imágenes más bellas, esas que aún la mano del hombre no ha dañado.
Busqué una etiqueta para identificar la cinta de la filmación, obnubilada por las sensaciones vividas no encontraba el nombre adecuado, opté por amalgamar los paisajes, con las manos temblorosas sinteticé la experiencia en cuatro palabras, rojo pasión, verde esmeralda.
CONTRASEÑA
Para Marcia hoy sería uno de los días más importantes de su vida, esperaba culminar esa historia que había comenzado un par de años antes con la muerte del abuelo Juan.
Única nieta, había heredado una considerable extensión de terrenos, cuando los fué a ver no llamaron su atención.
Eran lotes altos que en suave pendiente caían hacia un brazo del río.
Estaba confundida, no sabía que hacer con ellos.
También había roto una relación sentimental que solo le provocaba sufrimientos.
Por la tarde tendría que ir a las oficinas del abogado que leería el testamento.
Se había convertido en heredera de todos los bienes de Juan, un hombre de inmensa fortuna.
Terminado el acto de lectura, el profesional le entregó un sobre lacrado,debería abrirlo cuando llegara a su casa.
Mientras manejaba sentía la presencia del abuelo, pero debía calmar su ansiedad para enterarse del contenido del sobre cuando llegara a su casa.
Encendió el aire, ese día nublado, Buenos Aires obsequiaba un calor sofocante.
Por fin abrió el sobre, encontró un manuscrito de su abuelo, le decía que contaría con el dinero suficiente para construir un condominio de forma tal que todas las viviendas tuvieran acceso al río, para llevar a cabo su cometido debía reunirse con el Arquitecto Suárez, hombre de confianza del anciano fallecido.
También tenía que proceder a la construcción de una casa para uso de ella en forma permanente.
Marcia hiso una mueca demostrando desagrado, no entendía por qué tenía que dejar su departamento de la ciudad, tenía todo cerca, el lugar era seguro.
No se imaginaba viviendo en una zona casi rural.
Suárez contrató un ejército de obreros para llevar a cabo la última voluntad del anciano.
En pocos días se cumpliría el segundo aniversario de la muerte de Juan, la obra estaba concluida.
El barrio era hermoso, las viviendas de estilo colonial, eran espaciosas, en el parque del fondo ubicaron las piscinas, todos los frentes miraban al río, el césped llegaba hasta los amarraderos de las embarcaciones, a los lados los canteros de flores eran un estallido de aromas y colores.
La sorpresa no terminaría allí, en una loma estaba construida la casa que habitaría Marcia, era un chalet inteligente.
Considerando que viviría sola, Suárez había tomado todas las medidas de seguridad necesarias para proteger a su cliente.
La construcción observada desde lejos no difería de las otras, la puerta principal se abriría con tarjeta magnética, el lote estaba rodeado por cristales de blindex transparente, los sensores de voz colocados en el frente permitirían el acceso a la vivienda solo a quienes conocieran la contraseña “Rojo pasión, verde esmeralda”.
Pronunció las cuatro palabras y los cristales comenzaron a correrse suavemente.
Esa noche inauguraría su casa, el invitado sería el arquitecto.
Eligió para agasajarlo el jardín de invierno, charlaron animadamente, ella curiosa preguntó por qué había optado por esa contraseña, Suárez un hombre apuesto sonrió al explicarle que rojo por la pasión que ella le había despertado, verde esmeralda en honor a los ojazos de esa mujer que por la edad podría haber sido su hija y que amaba profundamente.
Salieron a caminar por la orilla del río, la brisa nocturna fue testigo del comienzo de otra historia.
Única nieta, había heredado una considerable extensión de terrenos, cuando los fué a ver no llamaron su atención.
Eran lotes altos que en suave pendiente caían hacia un brazo del río.
Estaba confundida, no sabía que hacer con ellos.
También había roto una relación sentimental que solo le provocaba sufrimientos.
Por la tarde tendría que ir a las oficinas del abogado que leería el testamento.
Se había convertido en heredera de todos los bienes de Juan, un hombre de inmensa fortuna.
Terminado el acto de lectura, el profesional le entregó un sobre lacrado,debería abrirlo cuando llegara a su casa.
Mientras manejaba sentía la presencia del abuelo, pero debía calmar su ansiedad para enterarse del contenido del sobre cuando llegara a su casa.
Encendió el aire, ese día nublado, Buenos Aires obsequiaba un calor sofocante.
Por fin abrió el sobre, encontró un manuscrito de su abuelo, le decía que contaría con el dinero suficiente para construir un condominio de forma tal que todas las viviendas tuvieran acceso al río, para llevar a cabo su cometido debía reunirse con el Arquitecto Suárez, hombre de confianza del anciano fallecido.
También tenía que proceder a la construcción de una casa para uso de ella en forma permanente.
Marcia hiso una mueca demostrando desagrado, no entendía por qué tenía que dejar su departamento de la ciudad, tenía todo cerca, el lugar era seguro.
No se imaginaba viviendo en una zona casi rural.
Suárez contrató un ejército de obreros para llevar a cabo la última voluntad del anciano.
En pocos días se cumpliría el segundo aniversario de la muerte de Juan, la obra estaba concluida.
El barrio era hermoso, las viviendas de estilo colonial, eran espaciosas, en el parque del fondo ubicaron las piscinas, todos los frentes miraban al río, el césped llegaba hasta los amarraderos de las embarcaciones, a los lados los canteros de flores eran un estallido de aromas y colores.
La sorpresa no terminaría allí, en una loma estaba construida la casa que habitaría Marcia, era un chalet inteligente.
Considerando que viviría sola, Suárez había tomado todas las medidas de seguridad necesarias para proteger a su cliente.
La construcción observada desde lejos no difería de las otras, la puerta principal se abriría con tarjeta magnética, el lote estaba rodeado por cristales de blindex transparente, los sensores de voz colocados en el frente permitirían el acceso a la vivienda solo a quienes conocieran la contraseña “Rojo pasión, verde esmeralda”.
Pronunció las cuatro palabras y los cristales comenzaron a correrse suavemente.
Esa noche inauguraría su casa, el invitado sería el arquitecto.
Eligió para agasajarlo el jardín de invierno, charlaron animadamente, ella curiosa preguntó por qué había optado por esa contraseña, Suárez un hombre apuesto sonrió al explicarle que rojo por la pasión que ella le había despertado, verde esmeralda en honor a los ojazos de esa mujer que por la edad podría haber sido su hija y que amaba profundamente.
Salieron a caminar por la orilla del río, la brisa nocturna fue testigo del comienzo de otra historia.
Thursday, January 17, 2008
LOS ÁNGELES Y EL FARO
A pesar de su temple que no conocía obstáculos ni barreras difíciles de sortear, se sentía abrumada.
Como todos los días caminaba por la playa desierta, el corazón se rendía ante tanta belleza, el mar inmenso dejaba su estela espumosa en la arena.
Ese tiempo que utilizaba para ella sola, le inyectaba vida.
Hacía tiempo, en sus caminatas, notaba otras presencias que la protegían sin pedir absolutamente nada.
Caminó hasta el faro, emplazado en el fin de la isla, ese sitio guardaba misterios e historias, en ese instante comprendió que eran ángeles que la acompañaban, los mismos que desplegaban amorosamente sus alas para cuidarla.
Cada uno tenía un nombre, un rostro que ella había imaginado, voces que parecían susurros la alentaban en forma constante, le bastaba observar sus miradas para encontrar la paz que creyó perdida.
El faro mostraba su silueta de anillos blancos y negros, se preparaba para vestirse de luces, como todos los días del año cuando haga su aparición la primera estrella, su haz de luz guiará todas las embarcaciones, las pequeñas y las otras lujosas, semejantes a ciudades flotantes, que en esta época visitan este lugar soñado, traerá a bordo otras culturas, idiomas inentendibles, que se aunarán en la exclamación que sale de esas almas cuando se encuentran con la belleza de la naturaleza .
Ella comparte sus historias con los ángeles que también acompañan al faro.
La emoción logra amalgamar risas y lágrimas.
La luna plateada le hace un guiño, indicándole el camino de regreso.
En su casa sonriente la espera su familia, besos de caramelo de sus hijos, el abrazo intenso de su amado.
Antes de entregarse al descanso, reunidos cerca de la chimenea tendrá una nueva historia para contarles.
Cuando todos estén durmiendo, se despedirá de los ángeles.
Sentirá otra vez la calidez de las alas protectoras de esos seres tan especiales.
Velarán su sueño, mañana entre todos, como orfebres diseñarán otras historias, para compartir siempre.
Apaga la luz sin olvidarse de dar las gracias.
Como todos los días caminaba por la playa desierta, el corazón se rendía ante tanta belleza, el mar inmenso dejaba su estela espumosa en la arena.
Ese tiempo que utilizaba para ella sola, le inyectaba vida.
Hacía tiempo, en sus caminatas, notaba otras presencias que la protegían sin pedir absolutamente nada.
Caminó hasta el faro, emplazado en el fin de la isla, ese sitio guardaba misterios e historias, en ese instante comprendió que eran ángeles que la acompañaban, los mismos que desplegaban amorosamente sus alas para cuidarla.
Cada uno tenía un nombre, un rostro que ella había imaginado, voces que parecían susurros la alentaban en forma constante, le bastaba observar sus miradas para encontrar la paz que creyó perdida.
El faro mostraba su silueta de anillos blancos y negros, se preparaba para vestirse de luces, como todos los días del año cuando haga su aparición la primera estrella, su haz de luz guiará todas las embarcaciones, las pequeñas y las otras lujosas, semejantes a ciudades flotantes, que en esta época visitan este lugar soñado, traerá a bordo otras culturas, idiomas inentendibles, que se aunarán en la exclamación que sale de esas almas cuando se encuentran con la belleza de la naturaleza .
Ella comparte sus historias con los ángeles que también acompañan al faro.
La emoción logra amalgamar risas y lágrimas.
La luna plateada le hace un guiño, indicándole el camino de regreso.
En su casa sonriente la espera su familia, besos de caramelo de sus hijos, el abrazo intenso de su amado.
Antes de entregarse al descanso, reunidos cerca de la chimenea tendrá una nueva historia para contarles.
Cuando todos estén durmiendo, se despedirá de los ángeles.
Sentirá otra vez la calidez de las alas protectoras de esos seres tan especiales.
Velarán su sueño, mañana entre todos, como orfebres diseñarán otras historias, para compartir siempre.
Apaga la luz sin olvidarse de dar las gracias.
Tuesday, January 15, 2008
MIS SUEÑOS
Las vacaciones terminaron, estoy nuevamente en casa, disfruto de la vista que me ofrece el lugar.
Los cerros bajos aún tienen en sus cimas nieve, el mar acaricia las roscas desgastándolas con su danza infinita.
Las gaviotas forman dibujos en el cielo, todas van al mismo lugar, el puerto, está a pocas cuadras de aquí.
Los pescadores luego de una larga jornada llegan a la banquina, bajan los cajones, en ellos traen el fruto del mar.
El instinto guía a las aves, allí conseguirán comida fresca para ellas y sus crías.
Busco un abrigo, me gusta ver a esos hombres de cara curtida por el sol abrazándose con su familia, esta vez el océano los devuelve a todos.
Me acerco a una barca pintada con colores estridentes, el dueño es simpático, sabe que colecciono caracoles, me hace una seña, hoy me ha traído uno especial, lo pone en mis manos y me dice :“Cuando estés sola, siéntate en la arena y escucharás una canción”
El caracol es hermoso tiene colores azules, violetas y rosados, pequeñas vetas doradas lo asemejan a una joya.
El viento mutó a brisa, juega con mis cabellos, el sol decide comenzar su sueño, no puedo dejar de admirar el cielo, parece la paleta de un pintor.
Al atardecer la playa está solitaria, es el momento de acercar el caracol a mi oído.
Cierro los ojos.
Suavemente comienzo a escuchar la música que me dijera el navegante.
Pasa loco de contento con su cargamento
para la ciudad, para la cuidad
lleva en su pensamiento todo un mundo
lleno de felicidad, de felicidad
piensa remediar su situación
del hogar que es toda su ilusión
y alegre, el jibarito va cantando así
diciendo así, bailando así por el camino:
"si yo vendo la carga, mi Dios querido
un traje a mi viejita voy a comprar"
Pasa la mañana entera sin que nadie quiera
su carga comprar, su carga comprar
todo, todo esta desierto, el pueblo está lleno
de necesidad, de necesidad
se oye ese lamento por doquier
en mi desdichada Borinquen
Y triste, el jibarito va llorando así
penando así, siguiendo así por el camino
"qué será de Borinquen mi Dios querido
qué será de mis hijos y de mi hogar"
Borinquen, la tierra del edén
la que al cantar, el gran Gothie
llamo la perla de los mares
y ahora que yo me encuentro con mis pesares
déjale que le cante yo también.
La letra me transporta a un sitio que no conozco, fascinada observo el follaje de los árboles, los mismos que rodean las casas de los habitantes del lugar.
Estoy transitando otro tiempo, los varones trabajan en el campo, las mujeres confeccionan ropa en la hilandería, los niños descalzos dejan la marca de sus juegos en la tierra.
Todo tiene una belleza sin igual.
El sol abraza la tierra a fecundar.
La canción tiene magia, en su letra trasunta algo de dolor, pero la música logró llevarme lejos de aquí.
La esperanza anida en mí, quiero estar allí, hoy fue un sueño, quizás el destino, mañana lo transforme en tangible realidad.
Los cerros bajos aún tienen en sus cimas nieve, el mar acaricia las roscas desgastándolas con su danza infinita.
Las gaviotas forman dibujos en el cielo, todas van al mismo lugar, el puerto, está a pocas cuadras de aquí.
Los pescadores luego de una larga jornada llegan a la banquina, bajan los cajones, en ellos traen el fruto del mar.
El instinto guía a las aves, allí conseguirán comida fresca para ellas y sus crías.
Busco un abrigo, me gusta ver a esos hombres de cara curtida por el sol abrazándose con su familia, esta vez el océano los devuelve a todos.
Me acerco a una barca pintada con colores estridentes, el dueño es simpático, sabe que colecciono caracoles, me hace una seña, hoy me ha traído uno especial, lo pone en mis manos y me dice :“Cuando estés sola, siéntate en la arena y escucharás una canción”
El caracol es hermoso tiene colores azules, violetas y rosados, pequeñas vetas doradas lo asemejan a una joya.
El viento mutó a brisa, juega con mis cabellos, el sol decide comenzar su sueño, no puedo dejar de admirar el cielo, parece la paleta de un pintor.
Al atardecer la playa está solitaria, es el momento de acercar el caracol a mi oído.
Cierro los ojos.
Suavemente comienzo a escuchar la música que me dijera el navegante.
Pasa loco de contento con su cargamento
para la ciudad, para la cuidad
lleva en su pensamiento todo un mundo
lleno de felicidad, de felicidad
piensa remediar su situación
del hogar que es toda su ilusión
y alegre, el jibarito va cantando así
diciendo así, bailando así por el camino:
"si yo vendo la carga, mi Dios querido
un traje a mi viejita voy a comprar"
Pasa la mañana entera sin que nadie quiera
su carga comprar, su carga comprar
todo, todo esta desierto, el pueblo está lleno
de necesidad, de necesidad
se oye ese lamento por doquier
en mi desdichada Borinquen
Y triste, el jibarito va llorando así
penando así, siguiendo así por el camino
"qué será de Borinquen mi Dios querido
qué será de mis hijos y de mi hogar"
Borinquen, la tierra del edén
la que al cantar, el gran Gothie
llamo la perla de los mares
y ahora que yo me encuentro con mis pesares
déjale que le cante yo también.
La letra me transporta a un sitio que no conozco, fascinada observo el follaje de los árboles, los mismos que rodean las casas de los habitantes del lugar.
Estoy transitando otro tiempo, los varones trabajan en el campo, las mujeres confeccionan ropa en la hilandería, los niños descalzos dejan la marca de sus juegos en la tierra.
Todo tiene una belleza sin igual.
El sol abraza la tierra a fecundar.
La canción tiene magia, en su letra trasunta algo de dolor, pero la música logró llevarme lejos de aquí.
La esperanza anida en mí, quiero estar allí, hoy fue un sueño, quizás el destino, mañana lo transforme en tangible realidad.
Monday, January 14, 2008
LA ISLA DEL ENCANTO
Es una isla cálida, hoy, una ciudad cosmopolita que nada tiene que envidiar a otras que están en el planeta.
Camino por sus calles acompañada por la música del lugar, dan ganas de bailar, cualquier sitio es adecuado para sentir en la piel los sones de los tamboriles y las letras de las canciones que llevan a soñar.
Por la mañana estuve en la playa de arenas blancas, el agua turquesa dejaba gotas saladas en mis piernas, un desconocido me regaló una flor amarilla como el sol, la prendí de mis cabellos y nos pusimos a conversar.
Mi nuevo amigo tiene la edad del tiempo, aún así, trabaja en a biblioteca.
Me fascinan las historias, todas tienen un atractivo especial y escucharlas con su acento las hace más bonitas.
Me cuenta todo lo que ha visto en su vida desde que está en la isla, ha visto todo, parejas que daban rienda suelta al amor cobijados por los destellos de la luna.
El amanecer los encontraba en la playa de aguas cristalinas, con un caracol escribían sus nombres en la arena, una ola traviesa danzaba hasta llevárselos al fondo del océano.
Esta tarde nos encontraremos en su lugar de trabajo, quiere mostrarme un video que filmara hace mucho tiempo.
Llego al hotel, mientras espero el almuerzo, admiro las flores que adornan la mesa.
Los ventiladores de techo giran sus aspas, parecen pájaros queriendo salir del lugar para volar en libertad.
La música ameniza el sitio.
Todo se conjuga para que pase uno de los días más felices de mi vida, esos que uno trata de enrejar en el corazón para tenerlos siempre.
Subo a mi habitación el aroma de las flores recién cortadas incita a soñar.
Consulto mi reloj, Juan me está esperando.
La biblioteca se emplaza en una edificación colonial, allí se encierran los recuerdos.
Juan prepara café, el humo que se desprende de la taza forma distintas siluetas, solo basta imaginarlas.
Ahora me muestra un video de antaño, en las suaves colinas que tienen todos los matices de verde, se observan puñados de casitas de techos rojos como la pasión, mujeres cerca de los morteros preparan las semillas que adobarán las comidas.
Hombres de torso desnudo llevan en sus hombros los frutos de los plátanos, algunos serán vendidos en el mercado, otros quedarán en las casas para transformarse en alimento.
Bajo la sombra de un árbol espera un caballo manso, agua fresca y cristalina saciará su sed hasta mañana, día de cosecha.
El video me muestra niños, en su mirada adivino la esperanza inocente que crece con ellos.
El crepúsculo llama a la reflexión, el cielo se tiñe de rosado y violeta, una alondra lleva alimento a su nido.
Me despido de mi amigo con un abrazo, quizás no volvamos a vernos, debo regresar a mi país que alguna vez fue el suyo.
Esta visita enriqueció mi espíritu, mi alma llevará siempre tallada, este magnífico recuerdo
Camino por sus calles acompañada por la música del lugar, dan ganas de bailar, cualquier sitio es adecuado para sentir en la piel los sones de los tamboriles y las letras de las canciones que llevan a soñar.
Por la mañana estuve en la playa de arenas blancas, el agua turquesa dejaba gotas saladas en mis piernas, un desconocido me regaló una flor amarilla como el sol, la prendí de mis cabellos y nos pusimos a conversar.
Mi nuevo amigo tiene la edad del tiempo, aún así, trabaja en a biblioteca.
Me fascinan las historias, todas tienen un atractivo especial y escucharlas con su acento las hace más bonitas.
Me cuenta todo lo que ha visto en su vida desde que está en la isla, ha visto todo, parejas que daban rienda suelta al amor cobijados por los destellos de la luna.
El amanecer los encontraba en la playa de aguas cristalinas, con un caracol escribían sus nombres en la arena, una ola traviesa danzaba hasta llevárselos al fondo del océano.
Esta tarde nos encontraremos en su lugar de trabajo, quiere mostrarme un video que filmara hace mucho tiempo.
Llego al hotel, mientras espero el almuerzo, admiro las flores que adornan la mesa.
Los ventiladores de techo giran sus aspas, parecen pájaros queriendo salir del lugar para volar en libertad.
La música ameniza el sitio.
Todo se conjuga para que pase uno de los días más felices de mi vida, esos que uno trata de enrejar en el corazón para tenerlos siempre.
Subo a mi habitación el aroma de las flores recién cortadas incita a soñar.
Consulto mi reloj, Juan me está esperando.
La biblioteca se emplaza en una edificación colonial, allí se encierran los recuerdos.
Juan prepara café, el humo que se desprende de la taza forma distintas siluetas, solo basta imaginarlas.
Ahora me muestra un video de antaño, en las suaves colinas que tienen todos los matices de verde, se observan puñados de casitas de techos rojos como la pasión, mujeres cerca de los morteros preparan las semillas que adobarán las comidas.
Hombres de torso desnudo llevan en sus hombros los frutos de los plátanos, algunos serán vendidos en el mercado, otros quedarán en las casas para transformarse en alimento.
Bajo la sombra de un árbol espera un caballo manso, agua fresca y cristalina saciará su sed hasta mañana, día de cosecha.
El video me muestra niños, en su mirada adivino la esperanza inocente que crece con ellos.
El crepúsculo llama a la reflexión, el cielo se tiñe de rosado y violeta, una alondra lleva alimento a su nido.
Me despido de mi amigo con un abrazo, quizás no volvamos a vernos, debo regresar a mi país que alguna vez fue el suyo.
Esta visita enriqueció mi espíritu, mi alma llevará siempre tallada, este magnífico recuerdo
Sunday, January 13, 2008
EXPERIENCIAS INOLVIDABLES
La tarde cae sobre el océano, horas antes pude jugar con los delfines, nadar , abrazada a sus aletas la libertad me hacía sentir uno más de ellos.
En la profundidad todo era transparente, podía ver mis piernas agitando el agua turquesa, tan bella que es imposible encontrar palabras para describirla, solo se siente.
En la habitación del hotel, la salsa invita a bailar.
Busco un vestido que resalte mi bronceado, dejo mi pelo suelto, una flor sujetará la rebeldía de mis cabellos.
La noche serena me encuentra en el famoso Malecón, el mar incansable, acaricia la costanera.
Quiero llevar en mis retinas todo lo que he visto en los últimos días, espejos de agua cristalinos, pájaros de alas multicolores.
Camino por la alameda, un hombre ofrece sus mercancías, collares, pulseras.
Es moreno, las manos habilidosas enhebran las cuentas como si fueran recuerdos o esperanza.
Me cuenta su vida en la Isla, sus ojos vivaces no demuestran la tragedia que significa vivir custodiado por ojos gigantes que aparecen a cualquier hora del día.
Sin embargo Él, es feliz en su tierra bendita, no desea nada más, pese a todo su mirada es vivaz, alimenta su alma creando collares que adornarán a las mujeres, pulseras que cantarán su canto triste en los brazos de quien las porte.
Cálido me ofrece un apretón de manos, prometo regresar algún día, no sé cuando, es todo tan bello que por allí no ha pasado el tiempo.
Estoy en el aeropuerto que me llevará a mi nido en otro lugar del planeta.
Siete u ocho horas de vuelo me separan de mi casa.
Veo a Buenos Aires desde el aire, su geografía cautiva a los viajeros, una azafata nos ayuda a bajar de ese pájaro de alas plateadas, al llegar todo es un caos, pasajeros que esperan viajar a sus destinos, vidrieras rotas, oficinas violentadas.
Mientras camino por el aeropuerto, recuerdo la tranquilidad de mis vacaciones.
Por primera vez extraño no vivir en paz como en los últimos días, mientras espero las maletas alguien intenta arrebatarme el collar, por suerte cae en mi escote.
Nadie logrará opacar mis sueños, el recuerdo de la gente que conocí.
Me espera otro aeropuerto para llegar a casa, matizo los minutos recordando una poesía que aprendí hace tiempo.
Cultivo una rosa blanca,
En julio como en enero,Para el amigo sincero
Que me da su mano franca.
Y para el cruel que me arranca
El corazón con que vivo
Cardo ni oruga cultivo,
Cultivo la rosa blanca.
Para ti que habitas ese lugar del Universo, va mi cuento.
Es difícil elegir el camino, soy como los pájaros que habitan en tu Isla, pero aquí no me han cortado las alas.
Espérame, en algún momento la vida nos volverá a reunir, para cantar y reír, en libertad.
Nos unen los versos del poeta, ten esperanza, nada dura para siempre.
En la profundidad todo era transparente, podía ver mis piernas agitando el agua turquesa, tan bella que es imposible encontrar palabras para describirla, solo se siente.
En la habitación del hotel, la salsa invita a bailar.
Busco un vestido que resalte mi bronceado, dejo mi pelo suelto, una flor sujetará la rebeldía de mis cabellos.
La noche serena me encuentra en el famoso Malecón, el mar incansable, acaricia la costanera.
Quiero llevar en mis retinas todo lo que he visto en los últimos días, espejos de agua cristalinos, pájaros de alas multicolores.
Camino por la alameda, un hombre ofrece sus mercancías, collares, pulseras.
Es moreno, las manos habilidosas enhebran las cuentas como si fueran recuerdos o esperanza.
Me cuenta su vida en la Isla, sus ojos vivaces no demuestran la tragedia que significa vivir custodiado por ojos gigantes que aparecen a cualquier hora del día.
Sin embargo Él, es feliz en su tierra bendita, no desea nada más, pese a todo su mirada es vivaz, alimenta su alma creando collares que adornarán a las mujeres, pulseras que cantarán su canto triste en los brazos de quien las porte.
Cálido me ofrece un apretón de manos, prometo regresar algún día, no sé cuando, es todo tan bello que por allí no ha pasado el tiempo.
Estoy en el aeropuerto que me llevará a mi nido en otro lugar del planeta.
Siete u ocho horas de vuelo me separan de mi casa.
Veo a Buenos Aires desde el aire, su geografía cautiva a los viajeros, una azafata nos ayuda a bajar de ese pájaro de alas plateadas, al llegar todo es un caos, pasajeros que esperan viajar a sus destinos, vidrieras rotas, oficinas violentadas.
Mientras camino por el aeropuerto, recuerdo la tranquilidad de mis vacaciones.
Por primera vez extraño no vivir en paz como en los últimos días, mientras espero las maletas alguien intenta arrebatarme el collar, por suerte cae en mi escote.
Nadie logrará opacar mis sueños, el recuerdo de la gente que conocí.
Me espera otro aeropuerto para llegar a casa, matizo los minutos recordando una poesía que aprendí hace tiempo.
Cultivo una rosa blanca,
En julio como en enero,Para el amigo sincero
Que me da su mano franca.
Y para el cruel que me arranca
El corazón con que vivo
Cardo ni oruga cultivo,
Cultivo la rosa blanca.
Para ti que habitas ese lugar del Universo, va mi cuento.
Es difícil elegir el camino, soy como los pájaros que habitan en tu Isla, pero aquí no me han cortado las alas.
Espérame, en algún momento la vida nos volverá a reunir, para cantar y reír, en libertad.
Nos unen los versos del poeta, ten esperanza, nada dura para siempre.
Friday, January 11, 2008
HECHIZOS DE AMOR
A pesar de su temple, la hechicera no pudo cumplir con el trabajo que le habían encomendado.
Mariel había recorrido un camino bordeado de bosques, para algunos infranqueables, para encontrar a la famosa mujer.
En el poblado de casitas bajas todos hablaban de ella.
Era una mujer misteriosa, poseía una belleza indescriptible, su cabellera negra como el azabache caía como un manto para acariciar su espalda, por toda vestimenta llevaba una túnica que alguna vez había sido blanca,
En sus cabellos prendía flores silvestres, así despejaba su cara, mezcla de ángel y demonio.
Sus ojos verdes, asemejaban las esmeraldas, esas que buscaban quienes estaban sedientos de poder, sin imaginar que tal vez encontraran la muerte buscando concretar una utopía.
Descalza se deslizaba como una gacela, le gustaba sentir las hojas secas que se partían a su paso.
Habitaba una choza, el techo de hojas de bambú, caía como alas intentando acariciar el suelo.
Una vertiente de agua cristalina rumoreaba en el fondo de la vivienda.
El crepúsculo invitaba a descansar en el agua tranquila.
El trino de los pájaros susurraba melodías.
El lugar era imponente.
Dentro de la choza, unos cuantos frascos de contenido incierto, cuencos dibujados esperaban esparcidos en el suelo.
En el centro un caldero de metal, lenguas de fuego llamaban a la magia.
La aventurera cruzó senderos sombríos para encontrarla.
Allí estaba ella, magnífica, esperándola.
Le contó sus pesares, la hechicera temblaba ante las palabras que pronunciaba la recién llegada.
La tarea era difícil, no sabía si el éxito podría coronar ese trabajo.
Sensual danzaba delante del fuego, pronunciaba extrañas palabras.
Terminada la ceremonia, le entregó a la visitante una gema, no debebería jamás desprenderse de ella para lograr su objetivo.
El amanecer la sorprendió en un paisaje desconocido, caminaba sin rumbo, tal como había sido su vida.
El sol asomaba, rayos dorados cubrían el azul del lago de aguas mansas.
Tranquila se sentó en la orilla, del bolsillo sacó la piedra, pidió por el amor de su vida, daría cualquier cosa por volver a sus brazos.
El silbido del viento anunciaba una tormenta, como saetas los relámpagos surcaban el espacio.
Las aguas se agitaron, con fuerza arrasaban todo, la vida se diluía, igual que los sueños.
Destellos de luna adornaban el cielo, ahora todo estaba en calma.
Cuenta la leyenda que la mujer fue arrastrada por la corriente, ahora descansaba en el fondo del lago.
Cuando la encontraron en sus manos inertes apretaba una piedra.
Ningún conjuro o hechizo alcanza cuando el amor ha partido de nuestro lado para siempre.
Mariel había recorrido un camino bordeado de bosques, para algunos infranqueables, para encontrar a la famosa mujer.
En el poblado de casitas bajas todos hablaban de ella.
Era una mujer misteriosa, poseía una belleza indescriptible, su cabellera negra como el azabache caía como un manto para acariciar su espalda, por toda vestimenta llevaba una túnica que alguna vez había sido blanca,
En sus cabellos prendía flores silvestres, así despejaba su cara, mezcla de ángel y demonio.
Sus ojos verdes, asemejaban las esmeraldas, esas que buscaban quienes estaban sedientos de poder, sin imaginar que tal vez encontraran la muerte buscando concretar una utopía.
Descalza se deslizaba como una gacela, le gustaba sentir las hojas secas que se partían a su paso.
Habitaba una choza, el techo de hojas de bambú, caía como alas intentando acariciar el suelo.
Una vertiente de agua cristalina rumoreaba en el fondo de la vivienda.
El crepúsculo invitaba a descansar en el agua tranquila.
El trino de los pájaros susurraba melodías.
El lugar era imponente.
Dentro de la choza, unos cuantos frascos de contenido incierto, cuencos dibujados esperaban esparcidos en el suelo.
En el centro un caldero de metal, lenguas de fuego llamaban a la magia.
La aventurera cruzó senderos sombríos para encontrarla.
Allí estaba ella, magnífica, esperándola.
Le contó sus pesares, la hechicera temblaba ante las palabras que pronunciaba la recién llegada.
La tarea era difícil, no sabía si el éxito podría coronar ese trabajo.
Sensual danzaba delante del fuego, pronunciaba extrañas palabras.
Terminada la ceremonia, le entregó a la visitante una gema, no debebería jamás desprenderse de ella para lograr su objetivo.
El amanecer la sorprendió en un paisaje desconocido, caminaba sin rumbo, tal como había sido su vida.
El sol asomaba, rayos dorados cubrían el azul del lago de aguas mansas.
Tranquila se sentó en la orilla, del bolsillo sacó la piedra, pidió por el amor de su vida, daría cualquier cosa por volver a sus brazos.
El silbido del viento anunciaba una tormenta, como saetas los relámpagos surcaban el espacio.
Las aguas se agitaron, con fuerza arrasaban todo, la vida se diluía, igual que los sueños.
Destellos de luna adornaban el cielo, ahora todo estaba en calma.
Cuenta la leyenda que la mujer fue arrastrada por la corriente, ahora descansaba en el fondo del lago.
Cuando la encontraron en sus manos inertes apretaba una piedra.
Ningún conjuro o hechizo alcanza cuando el amor ha partido de nuestro lado para siempre.
Tuesday, January 08, 2008
MI POETA*
El jardín es una estallido de flores, aromas de ensueño, colores infinitos.
Temprano, antes que el sol abrazara con fuerza, les di su bebida predilecta, agua.
Cuando el sol llegaba a la tierra las cubrí para protegerlas, cuando caiga la tarde y aparezcan las luciérnagas otra vez se vestirán de rocío para alegrarme la vista y perfumar mi alma.
Uno de mis poetas favoritos, Mario Benedetti, lucha contra su enfermedad, esa que lo llevó a vivir en otros lugares del planeta para evitar sus ataques de asma.
No quiero imaginarlo en una cama de hospital, rodeado de ángeles vestidos de blanco, invadido por tubos, llevado a la pérdida de conciencia, tratando de prolongar una vida que se apaga lentamente.
Aprendí el sentido del amor leyendo sus versos, el que se siente o aquel que partió en una búsqueda sin rumbo.
Él es un grande, supo transmitirme todas las sensaciones cuando en sus estrofas le cantaba al amor, el de la madre que cobija a sus hijos, el de los niños a sus padres, el amor entre hermanos.
Vibré con sus versos, me hiso sentir los besos que se alejaban, llevando en sus picos todos los sentimientos.
Supe ser princesa de sus versos, vestirme de ángel, para atrapar con mis alas el amor que alguna vez termina.
Él está enfermo, quizás no salga de ésta, con dolor leo sus versos, son un canto al amor, yo, una eterna enamorada que persigue utopías.
Llévame a tu lado, no me importa que sea un mundo de tinieblas.
Si estamos juntos veremos el atardecer , el cielo se vestirá de rosados y violetas, un gota de lluvia se confundirá con mis lágrimas.
Así te quiero, así aprendí a caminar los senderos del amor.
Cierro mi libro, guardo tus poesías, espérame, más allá de la muerte.
*Mario Benedetti, lucha por su vida, a Él le dedico estas letras.
Temprano, antes que el sol abrazara con fuerza, les di su bebida predilecta, agua.
Cuando el sol llegaba a la tierra las cubrí para protegerlas, cuando caiga la tarde y aparezcan las luciérnagas otra vez se vestirán de rocío para alegrarme la vista y perfumar mi alma.
Uno de mis poetas favoritos, Mario Benedetti, lucha contra su enfermedad, esa que lo llevó a vivir en otros lugares del planeta para evitar sus ataques de asma.
No quiero imaginarlo en una cama de hospital, rodeado de ángeles vestidos de blanco, invadido por tubos, llevado a la pérdida de conciencia, tratando de prolongar una vida que se apaga lentamente.
Aprendí el sentido del amor leyendo sus versos, el que se siente o aquel que partió en una búsqueda sin rumbo.
Él es un grande, supo transmitirme todas las sensaciones cuando en sus estrofas le cantaba al amor, el de la madre que cobija a sus hijos, el de los niños a sus padres, el amor entre hermanos.
Vibré con sus versos, me hiso sentir los besos que se alejaban, llevando en sus picos todos los sentimientos.
Supe ser princesa de sus versos, vestirme de ángel, para atrapar con mis alas el amor que alguna vez termina.
Él está enfermo, quizás no salga de ésta, con dolor leo sus versos, son un canto al amor, yo, una eterna enamorada que persigue utopías.
Llévame a tu lado, no me importa que sea un mundo de tinieblas.
Si estamos juntos veremos el atardecer , el cielo se vestirá de rosados y violetas, un gota de lluvia se confundirá con mis lágrimas.
Así te quiero, así aprendí a caminar los senderos del amor.
Cierro mi libro, guardo tus poesías, espérame, más allá de la muerte.
*Mario Benedetti, lucha por su vida, a Él le dedico estas letras.
Friday, January 04, 2008
GOCTA*
Está escondida en la selva peruana, la mano del hombre aún no ha llegado a vulnerarla.
Nos encontramos en medio de un paraje soñado, no más de trescientas familias viven en el lugar.
La vegetación abundante borra el sendero para llegar a ella.
Al llegar al primer poblado me encuentro con Candelario, él será mi guía para llegar a tanta belleza.
Antes, atravesamos ríos de aguas cristalinas que rumoreaban entre las piedras de mil colores.
Nos aguardaban varias horas de caminata, ajusté las correas de mi mochila, en ella guardaba la filmadora y unos cuadernos de apuntes, allí volcaría mi experiencia.
Candelario cortó una caña, con el cuchillo quitó la corteza, hasta transformarla en una vara color marfil, cortó un extremo, al probarla sentí el sabor dulce, en ese instante te recordé lejano cuando bebimos nuestro propio néctar.
La luna asomaba detrás de los cerros, descansaríamos en un caserío, al amanecer proseguiríamos nuestra aventura.
No extrañé la comodidad de mi casa, la naturaleza me brindaba todo.
Josefa preparó platos de arroz caliente, la noté preocupada, me contó que ellos vivían felices, no querían que los turistas lastimaran tanta belleza.
Pan recién amasado y un tazón de leche fue el desayuno más rico que probé en mi vida, me despedí con un abrazo.
Candelario con su machete despejaba el camino, encontramos flores silvestres que nos acompañaban con su fragancia, los pájaros aleteaban indicándonos el sendero virgen.
No sentía cansancio pese al ascenso.
Los cerros mostraban sus paredes rojizas desnudas, un hilo de agua anunciaba la majestuosidad de una de las cataratas más altas del mundo.
Detrás de la cortina de agua dos cormoranes jugaban, regalaban sus besos a quienes quisieran mirarlos, en soledad recordé los tuyos.
Caminamos un poco más y allí esplendorosa se presentaba ella.
Gocta desde la altura desparramaba millones de gotas de rocío, la cortina de agua dejaba ver los musgos, no terminaba de admirar tanta majestuosidad junta, ahora entendía la preocupación de Josefa.
El lugar merece conocerse, pero el hombre debe aprender a respetar la naturaleza.
Extasiada observaba tanta belleza, creí estar frente a Dios, Él adivinó mi pena, para paliarla me obsequió ese espectáculo.
No pude filmarla, llevo las imágenes en mi retina, pronto anidarán en mi corazón.
Candelario me indicó que el camino seguía, no quise perturbar el encanto.
Nunca hicimos cumbre.
*Gocta es una catarata no explorada enclavada en la selva peruana, los representantes del turismo desean abrir caminos fáciles para llegar a ella, quieren mostrar su belleza al mundo, esperemos no la dañen.
Nos encontramos en medio de un paraje soñado, no más de trescientas familias viven en el lugar.
La vegetación abundante borra el sendero para llegar a ella.
Al llegar al primer poblado me encuentro con Candelario, él será mi guía para llegar a tanta belleza.
Antes, atravesamos ríos de aguas cristalinas que rumoreaban entre las piedras de mil colores.
Nos aguardaban varias horas de caminata, ajusté las correas de mi mochila, en ella guardaba la filmadora y unos cuadernos de apuntes, allí volcaría mi experiencia.
Candelario cortó una caña, con el cuchillo quitó la corteza, hasta transformarla en una vara color marfil, cortó un extremo, al probarla sentí el sabor dulce, en ese instante te recordé lejano cuando bebimos nuestro propio néctar.
La luna asomaba detrás de los cerros, descansaríamos en un caserío, al amanecer proseguiríamos nuestra aventura.
No extrañé la comodidad de mi casa, la naturaleza me brindaba todo.
Josefa preparó platos de arroz caliente, la noté preocupada, me contó que ellos vivían felices, no querían que los turistas lastimaran tanta belleza.
Pan recién amasado y un tazón de leche fue el desayuno más rico que probé en mi vida, me despedí con un abrazo.
Candelario con su machete despejaba el camino, encontramos flores silvestres que nos acompañaban con su fragancia, los pájaros aleteaban indicándonos el sendero virgen.
No sentía cansancio pese al ascenso.
Los cerros mostraban sus paredes rojizas desnudas, un hilo de agua anunciaba la majestuosidad de una de las cataratas más altas del mundo.
Detrás de la cortina de agua dos cormoranes jugaban, regalaban sus besos a quienes quisieran mirarlos, en soledad recordé los tuyos.
Caminamos un poco más y allí esplendorosa se presentaba ella.
Gocta desde la altura desparramaba millones de gotas de rocío, la cortina de agua dejaba ver los musgos, no terminaba de admirar tanta majestuosidad junta, ahora entendía la preocupación de Josefa.
El lugar merece conocerse, pero el hombre debe aprender a respetar la naturaleza.
Extasiada observaba tanta belleza, creí estar frente a Dios, Él adivinó mi pena, para paliarla me obsequió ese espectáculo.
No pude filmarla, llevo las imágenes en mi retina, pronto anidarán en mi corazón.
Candelario me indicó que el camino seguía, no quise perturbar el encanto.
Nunca hicimos cumbre.
*Gocta es una catarata no explorada enclavada en la selva peruana, los representantes del turismo desean abrir caminos fáciles para llegar a ella, quieren mostrar su belleza al mundo, esperemos no la dañen.
Wednesday, January 02, 2008
CELINA Y LOS RECUERDOS
Todos a los veinte años éramos fabricantes de ilusiones, realizadores de utopías,arquitectos de sueños.
Vivíamos apurados, tratando de ganarle minutos, segundos a la vida.
Los que no habían tenido la oportunidad de continuar sus estudios, había comenzado el arduo camino del trabajo, pese a todo, los fines de semana nos encontrábamos en cualquier sitio para contarnos nuestros sueños.
Sentados en el césped de una plaza, formábamos un círculo, casi siempre nos acompañaba una guitarra para amenizar con la música esos momentos inolvidables.
Una cámara fotográfica era nuestra compañera inseparable, queríamos capturar los momentos que seguramente no se repetirían.
Hoy que ya pasé las ocho décadas, vuelvo a la plaza.
El paisaje está cambiado, el lugar que ocupaba la calesita hoy tiene una fuente de mármol, es enorme, la corona un ángel, es el guardián que cuida el alma de los que han partido, unas cabezas de león conforman los grifos, el agua culmina cristalina en una cascada, el olor a pasto recién cortado se mezcla con el aroma de las flores.
Cierro los ojos, los recuerdos se aglutinan en mi mente, no los quiero dejar escapar, son los que me ayudan a despertar cada día.
Hace calor, busco refugio en la sombra de un árbol, sus flores rosadas tienen una exquisita fragancia.
Los pájaros acompañan mi soledad con sus trinos.
Estoy soñando con aquella época lejana en el tiempo pero viva en mi corazón.
Vuelvo a escuchar la risa de mis amigos de entonces, sonreímos cuando Ernestina nos cuenta que le robaron el primer beso.
Recuerdo la llegada de los hijos de mis amigos, también cuando sola emprendí un largo viaje, estaban todos despidiéndome en el aeropuerto.
Conocí lugares de belleza singular, otras culturas, pero el amor siempre fue esquivo, quizás porque fuera demasiado exigente me olvidé de vivir.
Hoy regresé a la plaza, tenía la idea de encontrarlos, con más años, más vivencias.
Mientras atesoraba los recuerdos, un dolor profundo como una daga atravesó mi pecho.
Me recosté en el banco de la plaza, no advertí que un anciano de barbas blancas me tomaba la mano, me pedía que estuviera tranquila, solo bastaba mirarlo a los ojos para encontrar paz.
¿Lo conocía?.
Sus movimientos me resultaban familiares, la memoria no me ayudaba.
Lejana se escuchaba el ulular de una sirena, me subieron a una camilla, el desconocido permaneció a mi lado, sus manos tibias intentaban darme fuerzas, acariciaba mi rostro, en un momento pronunció mi nombre, suavemente depositó un beso en mis labios, al oído me susurraba, Celina, no te vayas, ahora que te encontré te exijo que sigas viviendo para mí.
Sus brazos rodearon mi cuerpo tieso, su aliento acompañó mi último suspiro.
Vivíamos apurados, tratando de ganarle minutos, segundos a la vida.
Los que no habían tenido la oportunidad de continuar sus estudios, había comenzado el arduo camino del trabajo, pese a todo, los fines de semana nos encontrábamos en cualquier sitio para contarnos nuestros sueños.
Sentados en el césped de una plaza, formábamos un círculo, casi siempre nos acompañaba una guitarra para amenizar con la música esos momentos inolvidables.
Una cámara fotográfica era nuestra compañera inseparable, queríamos capturar los momentos que seguramente no se repetirían.
Hoy que ya pasé las ocho décadas, vuelvo a la plaza.
El paisaje está cambiado, el lugar que ocupaba la calesita hoy tiene una fuente de mármol, es enorme, la corona un ángel, es el guardián que cuida el alma de los que han partido, unas cabezas de león conforman los grifos, el agua culmina cristalina en una cascada, el olor a pasto recién cortado se mezcla con el aroma de las flores.
Cierro los ojos, los recuerdos se aglutinan en mi mente, no los quiero dejar escapar, son los que me ayudan a despertar cada día.
Hace calor, busco refugio en la sombra de un árbol, sus flores rosadas tienen una exquisita fragancia.
Los pájaros acompañan mi soledad con sus trinos.
Estoy soñando con aquella época lejana en el tiempo pero viva en mi corazón.
Vuelvo a escuchar la risa de mis amigos de entonces, sonreímos cuando Ernestina nos cuenta que le robaron el primer beso.
Recuerdo la llegada de los hijos de mis amigos, también cuando sola emprendí un largo viaje, estaban todos despidiéndome en el aeropuerto.
Conocí lugares de belleza singular, otras culturas, pero el amor siempre fue esquivo, quizás porque fuera demasiado exigente me olvidé de vivir.
Hoy regresé a la plaza, tenía la idea de encontrarlos, con más años, más vivencias.
Mientras atesoraba los recuerdos, un dolor profundo como una daga atravesó mi pecho.
Me recosté en el banco de la plaza, no advertí que un anciano de barbas blancas me tomaba la mano, me pedía que estuviera tranquila, solo bastaba mirarlo a los ojos para encontrar paz.
¿Lo conocía?.
Sus movimientos me resultaban familiares, la memoria no me ayudaba.
Lejana se escuchaba el ulular de una sirena, me subieron a una camilla, el desconocido permaneció a mi lado, sus manos tibias intentaban darme fuerzas, acariciaba mi rostro, en un momento pronunció mi nombre, suavemente depositó un beso en mis labios, al oído me susurraba, Celina, no te vayas, ahora que te encontré te exijo que sigas viviendo para mí.
Sus brazos rodearon mi cuerpo tieso, su aliento acompañó mi último suspiro.
Thursday, December 27, 2007
TRIBUTO A PILAR*
TRIBUTO A PILAR*
Recién recibida, cambió la comodidad de su casa para ayudar.
Hace horas que fue secuestrada en Somalía, una región que carece de gobierno desde hace una década.
Vi su imágen en los medios de comunicación, su mirada destila ternura, sus ojos profundos parecen dos esmeraldas queriendo iluminar el camino.
El shador oculta su cabellera castaña, sin embargo no puede esconder la ternura de sus manos, esas que cual pájaros se deslizan sobre los pequeños que mansamente esperan la muerte.
Inocentes a los que la vida le mostró la cara más amarga, guerra y destrucción cuando ellos recién inician el camino de la vida.
Huérfanos de padres y amor, en las manos de la mujer blanca encontraban la caricia de un abrazo, el aliento de sus palabras, aún cuando aquellas fueran pronunciados en idiomas foráneos, para el amor no existen las barreras del idioma que imponen los hombres egoístas a los que no les importa el destino de los otros.
Vi cuerpitos morenos, sus torsos desnudos dejaban ver sus costillas.
¿Por qué el ser humano se puede transformar en un monstruo?
¿Acaso no fueron paridos con dolor por una madre?
Qué frágil es la memoria cuando prevalecen los intereses.
Pilar es una joven que recién comienza a vivir, sin embargo decidió ayudar a los que menos tienen.
¿Quién puede erigirse en dueño de la vida de terceros?
¿Qué culpa tienen esos angelitos que no pidieron venir al mundo?
¿Qué pecado cometió Pilar para ser privada de la libertad?
Miro por la ventana, el mar encrespado acaricia las rocas, como una saeta un relámpago surca el firmamento.
Escucho el grito de un trueno, me estremece su bravura.
En mi sueño creo ver una paloma, símbolo de la paz que se ha perdido.
Busco en el cajón de mi escritorio, no sé rezar, encuentro un rosario, cada cuenta me lleva a pedir por ella en idioma coloquial .
Sé que un ser supremo me escuchará, puede tener cualquier nombre, puede estar en cualquier lugar, a Él elevo mi oración.
Busco una utopía, anhelo que Pilar y la médica que la acompaña sean rescatadas, sanas y salvas, de esa forma podrán seguir ayudando sin pedir nada a cambio.Sueño con un mañana diferente, donde los niños no estén nunca más solos, los veo jugando, percibo las caricias de padres que el horror no habrá alejado de sus hijos.
Espero que este año que termina en pocos días nos traiga ventura a todos, que sea capaz de borrar los resentimientos.
No me despierten quiero seguir en el mundo donde los sueños se cristalizan.
* Este cuento es un pequeño homenaje para la enfermera argentina y la médica española que fueron secuestradas en Somalía.
Recién recibida, cambió la comodidad de su casa para ayudar.
Hace horas que fue secuestrada en Somalía, una región que carece de gobierno desde hace una década.
Vi su imágen en los medios de comunicación, su mirada destila ternura, sus ojos profundos parecen dos esmeraldas queriendo iluminar el camino.
El shador oculta su cabellera castaña, sin embargo no puede esconder la ternura de sus manos, esas que cual pájaros se deslizan sobre los pequeños que mansamente esperan la muerte.
Inocentes a los que la vida le mostró la cara más amarga, guerra y destrucción cuando ellos recién inician el camino de la vida.
Huérfanos de padres y amor, en las manos de la mujer blanca encontraban la caricia de un abrazo, el aliento de sus palabras, aún cuando aquellas fueran pronunciados en idiomas foráneos, para el amor no existen las barreras del idioma que imponen los hombres egoístas a los que no les importa el destino de los otros.
Vi cuerpitos morenos, sus torsos desnudos dejaban ver sus costillas.
¿Por qué el ser humano se puede transformar en un monstruo?
¿Acaso no fueron paridos con dolor por una madre?
Qué frágil es la memoria cuando prevalecen los intereses.
Pilar es una joven que recién comienza a vivir, sin embargo decidió ayudar a los que menos tienen.
¿Quién puede erigirse en dueño de la vida de terceros?
¿Qué culpa tienen esos angelitos que no pidieron venir al mundo?
¿Qué pecado cometió Pilar para ser privada de la libertad?
Miro por la ventana, el mar encrespado acaricia las rocas, como una saeta un relámpago surca el firmamento.
Escucho el grito de un trueno, me estremece su bravura.
En mi sueño creo ver una paloma, símbolo de la paz que se ha perdido.
Busco en el cajón de mi escritorio, no sé rezar, encuentro un rosario, cada cuenta me lleva a pedir por ella en idioma coloquial .
Sé que un ser supremo me escuchará, puede tener cualquier nombre, puede estar en cualquier lugar, a Él elevo mi oración.
Busco una utopía, anhelo que Pilar y la médica que la acompaña sean rescatadas, sanas y salvas, de esa forma podrán seguir ayudando sin pedir nada a cambio.Sueño con un mañana diferente, donde los niños no estén nunca más solos, los veo jugando, percibo las caricias de padres que el horror no habrá alejado de sus hijos.
Espero que este año que termina en pocos días nos traiga ventura a todos, que sea capaz de borrar los resentimientos.
No me despierten quiero seguir en el mundo donde los sueños se cristalizan.
* Este cuento es un pequeño homenaje para la enfermera argentina y la médica española que fueron secuestradas en Somalía.
Friday, December 21, 2007
EL SOLITARIO
Con esa forma de ser jamás consiguió tener a su lado verdaderos amigos.
Su forma de vida errante lo llevó a conocer todos los lugares del planeta.
Gozaba de su prestigio y de los amores efímeros.
Una navidad lo sorprendió en pleno vuelo, acompañado de seres anónimos que como Él vagaban por el mundo en la más absoluta soledad.
La azafata anunciaba una escala, tendrían dos horas para que la nave se reabasteciera y dar la posibilidad a que otros pasajeros la abordaran.
Habían pasado pocos minutos de la medianoche, en todas las casas se brindaba por la noche buena.
Mientras esperaba en un salón del aeropuerto su mirada se detuvo en un arbolito de navidad, esferas de colores lo adornaban, cintas doradas ornamentaban sus ramas, coronaba el árbol un ángel.
Mientras bebía una copa de champaña decidió hacer un balance de su vida, desde el árbol el angelito lo miraba, parecía que había tomado vida.
Recordaba haber estado acompañado de mujeres hermosas, sonreía cuando las imágenes le devolvían siluetas confundidas en un sola, amándose
Su boca repartió infinitos besos, en esa fecha especial no tenía con quien brindar.
No le importaba que su cuenta bancaria hubiera crecido en forma continua, comparado con la soledad que sentía, no tenía nada.
Los hoteles lujosos que lo albergaban se diluían en su mente atrapada por el poder, allí comprendió que lo material no sirve si no es acompañado por los regalos del alma.
Tomó su portafolio como otras veces, caminaba lentamente hacia la pista, allí lo esperaba el pájaro de alas plateadas.
Quería olvidar todo o nada.
No percibió que se acercaba la camioneta que transportaba los equipajes, un ruido seco terminó con su vida.
El ulular de las sirenas rompía el silencio de una noche estrellada, nada pudieron hacer, el hombre solo, exhalaba su último suspiro.
El solitario, hoy no está solo, duerme eternamente, acunado por las alas de los ángeles.
Su forma de vida errante lo llevó a conocer todos los lugares del planeta.
Gozaba de su prestigio y de los amores efímeros.
Una navidad lo sorprendió en pleno vuelo, acompañado de seres anónimos que como Él vagaban por el mundo en la más absoluta soledad.
La azafata anunciaba una escala, tendrían dos horas para que la nave se reabasteciera y dar la posibilidad a que otros pasajeros la abordaran.
Habían pasado pocos minutos de la medianoche, en todas las casas se brindaba por la noche buena.
Mientras esperaba en un salón del aeropuerto su mirada se detuvo en un arbolito de navidad, esferas de colores lo adornaban, cintas doradas ornamentaban sus ramas, coronaba el árbol un ángel.
Mientras bebía una copa de champaña decidió hacer un balance de su vida, desde el árbol el angelito lo miraba, parecía que había tomado vida.
Recordaba haber estado acompañado de mujeres hermosas, sonreía cuando las imágenes le devolvían siluetas confundidas en un sola, amándose
Su boca repartió infinitos besos, en esa fecha especial no tenía con quien brindar.
No le importaba que su cuenta bancaria hubiera crecido en forma continua, comparado con la soledad que sentía, no tenía nada.
Los hoteles lujosos que lo albergaban se diluían en su mente atrapada por el poder, allí comprendió que lo material no sirve si no es acompañado por los regalos del alma.
Tomó su portafolio como otras veces, caminaba lentamente hacia la pista, allí lo esperaba el pájaro de alas plateadas.
Quería olvidar todo o nada.
No percibió que se acercaba la camioneta que transportaba los equipajes, un ruido seco terminó con su vida.
El ulular de las sirenas rompía el silencio de una noche estrellada, nada pudieron hacer, el hombre solo, exhalaba su último suspiro.
El solitario, hoy no está solo, duerme eternamente, acunado por las alas de los ángeles.
Wednesday, December 19, 2007
EL RINCÓN DE LOS POETAS
Me llaman con diferentes nombres, según los diversos lugares del planeta, muchos dicen que nací en las heladas tierras de Finlandia.
Vi la luz por primera vez en Anatolia, territorio que hoy ocupa Turquía, lugar habitado por bellas mujeres que ocultan sus rostros detrás de un shador que solo deja ver su cálida mirada.
Poco importa el lugar , tampoco me molesta que me llamen Santa Claus, San Nicolás o simplemente Papá Noel.
Esta noche saldré de viaje, ahora estoy en un lugar del mundo que no puedo develar su nombre, mi cabaña de madera es pequeña, pero cómoda, esta rodeada de valles y picos nevados.
No tiene cerco, solo la embellecen pinos de diferentes tamaños.
Tengo un escritorio, cerca de la ventana está la chimenea, yo mismo me ocupo que no se apaguen los leños, mi trineo tiene la apariencia de todos, está tirado por renos, pero es moderno ya que me permite en veinticuatro horas viajar a todos los rincones del mundo para llevar alegría.
Esta noche debo partir, pero antes contestaré todas las cartas que me mandaron aquellos que creen, quiero compartir con Ustedes, una de ellas, viene de un lugar muy lejano y dice:
Querido Papá Noel:
Somos un grupo de amigos quienes te escriben estas líneas.
Hace dos años, tal vez un poco más encontramos una casa encantada, para que la identifiques te decimos que se llama “EL rincón de los poetas”, te será fácil ubicarla, para llegar al salón principal hay una chimenea, por allí podrás deslizarte , verás que hay una mesa de roble muy extensa, sobre ellas encontrarás muchas computadoras con sus teclados.
En ese sitio todos vuelcan sus sueños, dejan pedacitos de sus vidas.
Para serte sincero no encontrarás seres humanos, casi todos se han ido a festejar estas fechas con sus familiares, quedan unos pocos, desatando pasiones y otras cosas que no te vamos a decir, ya que sabemos que tenés poco tiempo y sos inteligente.
No te pedimos mucho, queremos que al costado de cada computadora dejes una pequeña jaula, en su interior debe haber una paloma, sabés que es el símbolo de la paz.
Es la única forma de hacer regresar a los que se han ido buscando tranquilidad, lejos de las ofensas, alejados de los que ignoran conjugar el verbo compartir, intentando ignorar a los duendes inquietos que sobrevuelan el espacio.
Sobre la mesa encontrarás una jarra con chocolate caliente eso te dará energía para seguir repartiendo sueños.
Esperamos que puedas cumplir nuestro pedido, te saludamos con afecto sincero, somos los escritores de un foro de cuentos.
Así Papá Noel, comienza su viaje, tratando de cristalizar las utopías.
Vi la luz por primera vez en Anatolia, territorio que hoy ocupa Turquía, lugar habitado por bellas mujeres que ocultan sus rostros detrás de un shador que solo deja ver su cálida mirada.
Poco importa el lugar , tampoco me molesta que me llamen Santa Claus, San Nicolás o simplemente Papá Noel.
Esta noche saldré de viaje, ahora estoy en un lugar del mundo que no puedo develar su nombre, mi cabaña de madera es pequeña, pero cómoda, esta rodeada de valles y picos nevados.
No tiene cerco, solo la embellecen pinos de diferentes tamaños.
Tengo un escritorio, cerca de la ventana está la chimenea, yo mismo me ocupo que no se apaguen los leños, mi trineo tiene la apariencia de todos, está tirado por renos, pero es moderno ya que me permite en veinticuatro horas viajar a todos los rincones del mundo para llevar alegría.
Esta noche debo partir, pero antes contestaré todas las cartas que me mandaron aquellos que creen, quiero compartir con Ustedes, una de ellas, viene de un lugar muy lejano y dice:
Querido Papá Noel:
Somos un grupo de amigos quienes te escriben estas líneas.
Hace dos años, tal vez un poco más encontramos una casa encantada, para que la identifiques te decimos que se llama “EL rincón de los poetas”, te será fácil ubicarla, para llegar al salón principal hay una chimenea, por allí podrás deslizarte , verás que hay una mesa de roble muy extensa, sobre ellas encontrarás muchas computadoras con sus teclados.
En ese sitio todos vuelcan sus sueños, dejan pedacitos de sus vidas.
Para serte sincero no encontrarás seres humanos, casi todos se han ido a festejar estas fechas con sus familiares, quedan unos pocos, desatando pasiones y otras cosas que no te vamos a decir, ya que sabemos que tenés poco tiempo y sos inteligente.
No te pedimos mucho, queremos que al costado de cada computadora dejes una pequeña jaula, en su interior debe haber una paloma, sabés que es el símbolo de la paz.
Es la única forma de hacer regresar a los que se han ido buscando tranquilidad, lejos de las ofensas, alejados de los que ignoran conjugar el verbo compartir, intentando ignorar a los duendes inquietos que sobrevuelan el espacio.
Sobre la mesa encontrarás una jarra con chocolate caliente eso te dará energía para seguir repartiendo sueños.
Esperamos que puedas cumplir nuestro pedido, te saludamos con afecto sincero, somos los escritores de un foro de cuentos.
Así Papá Noel, comienza su viaje, tratando de cristalizar las utopías.
Tuesday, December 18, 2007
EL CALDÉN
Estoy cerca de una pista de nieve, aún se conserva debido al frío que pese al estío soportamos en la ciudad más austral del mundo.
Veo los perros siberianos sometidos a la tarea de llevar a los turistas a pasear en trineo.
Sin saber cómo, uno se desata de la jauría para recostarse cerca de un caldén, cava en la tierra para conseguir saciar su sed.
Fotografío la escena, guardo en mi retina la imágen del perro cansado y la belleza del árbol, ese que en invierno deja que la nieve se deslice como pájaros en sus ramas.
Me gusta soñar, aún cuando estoy despierta.
Los rayos del sol intentan sin éxito derretir la nieve, observo la naturaleza extasiada, Dios ha sido pródigo con éste lugar.
Los picos de los cerros intentan acariciar el cielo.
Busco en mi mochila un block de hojas, intento dibujar la escena con mis limitaciones como dibujante.
En el papel plasmo todo lo que veo, flores silvestres de mil colores que crecen a los pies de la montaña.
La brisa despejó el cielo de nubes, ahora tiene los colores del océano.
La imaginación me lleva a transportar el caldén a otro sitio.
Encuentro un hogar de niños abandonados a su propia suerte.
Lo adorno con esferas de mil colores, busco cintas doradas para ornamentarlo.
Por primera vez esos pequeños conocerán el sentido de la navidad.
El bosque me brinda frutas, las acomodo en una canasta de mimbre, de mi casa saqué dulces para agasajarlos.
Tiendo un mantel blanco que bordara mi abuela.
Mi alma se regocija con la sonrisa de los niños, veo sus bocas manchadas de chocolate, los abrazo a todos, por primera vez no están solos.
Formamos una ronda, para cantar canciones navideñas, repartimos abrazos y besos manchados de caramelo.
Ahora mi sueño se diluye, estoy sola.
El caldén imaginario quiso vestirse de fiesta para arrancar una sonrisa a esos pequeños.
Un ruiseñor solitario le canta al viento, el mismo que me hiso despertar de mi sueño.
Lloro lágrimas de hielo, los niños siguen estando solos buscando el calor de una caricia, ellos acompañan mi llanto solitario, extiendo mis brazos, como alas imaginarias para cubrirlos con mi abrazo.
No permitas que en esta fecha un niño, un hombre o un anciano lloren de tristeza.
Olvida los sinsabores que nos depara la vida al despertar cada día, por una vez en el año te pido que te animes a compartir tus sentimientos, con aquellos que están solos por designios del destino.
Deja de lado tus enojos, la vida es corta, da las gracias todos los días, por despertar a un nuevo día.
Veo los perros siberianos sometidos a la tarea de llevar a los turistas a pasear en trineo.
Sin saber cómo, uno se desata de la jauría para recostarse cerca de un caldén, cava en la tierra para conseguir saciar su sed.
Fotografío la escena, guardo en mi retina la imágen del perro cansado y la belleza del árbol, ese que en invierno deja que la nieve se deslice como pájaros en sus ramas.
Me gusta soñar, aún cuando estoy despierta.
Los rayos del sol intentan sin éxito derretir la nieve, observo la naturaleza extasiada, Dios ha sido pródigo con éste lugar.
Los picos de los cerros intentan acariciar el cielo.
Busco en mi mochila un block de hojas, intento dibujar la escena con mis limitaciones como dibujante.
En el papel plasmo todo lo que veo, flores silvestres de mil colores que crecen a los pies de la montaña.
La brisa despejó el cielo de nubes, ahora tiene los colores del océano.
La imaginación me lleva a transportar el caldén a otro sitio.
Encuentro un hogar de niños abandonados a su propia suerte.
Lo adorno con esferas de mil colores, busco cintas doradas para ornamentarlo.
Por primera vez esos pequeños conocerán el sentido de la navidad.
El bosque me brinda frutas, las acomodo en una canasta de mimbre, de mi casa saqué dulces para agasajarlos.
Tiendo un mantel blanco que bordara mi abuela.
Mi alma se regocija con la sonrisa de los niños, veo sus bocas manchadas de chocolate, los abrazo a todos, por primera vez no están solos.
Formamos una ronda, para cantar canciones navideñas, repartimos abrazos y besos manchados de caramelo.
Ahora mi sueño se diluye, estoy sola.
El caldén imaginario quiso vestirse de fiesta para arrancar una sonrisa a esos pequeños.
Un ruiseñor solitario le canta al viento, el mismo que me hiso despertar de mi sueño.
Lloro lágrimas de hielo, los niños siguen estando solos buscando el calor de una caricia, ellos acompañan mi llanto solitario, extiendo mis brazos, como alas imaginarias para cubrirlos con mi abrazo.
No permitas que en esta fecha un niño, un hombre o un anciano lloren de tristeza.
Olvida los sinsabores que nos depara la vida al despertar cada día, por una vez en el año te pido que te animes a compartir tus sentimientos, con aquellos que están solos por designios del destino.
Deja de lado tus enojos, la vida es corta, da las gracias todos los días, por despertar a un nuevo día.
Friday, December 14, 2007
LA HERENCIA
Claude había dejado Francia por problemas políticos, dejó a sus hermanos la casa de la campiña francesa a fines del año mil ochocientos.
Muchos huían por la misma causa, otros murieron defendiendo sus ideales.
Claude abordó una embarcación que lo llevaría a otras latitudes del planeta, en su equipaje llevaba lo indispensable, agregó algo de dinero para vivir los primeros meses, su madre que era la única que sabía , su destino le regaló un diccionario de palabras castellanas.
En el bolsillo de la maleta aprisionó los recuerdos.
El viaje duraría más de un mes, en ese tiempo podría aprender algo del nuevo idioma de la tierra elegida.
Los días a bordo eran infinitos, le gustaba levantarse al amanecer , para admirar cuando el sol salía de las aguas transformando los rosas del firmamento con sus destellos de oro.
Las noches eran oscuras, el océano mostraba su oscuridad y bravura.
Habían transcurrido varios días, el barco haría su primera escala en una isla, allí conoció a Lara que viajaría junto a sus padres al norte de Argentina.
Cuando la vio su corazón dio un vuelco, surgió el amor, solo tenían un obstáculo, el se establecería en lo que hoy conocemos como Villa la Angostura.
Antes de llegar a la nueva tierra decidieron casarse.El capitán de la nave celebró la ceremonia, eligieron como testigos a parte de la tripulación.
Poco tiempo después de llegar a tierra, construyeron su nido de amor, una casa amplia y sencilla, cercana a un lago.
Las cenizas volcánicas ayudaban a crecer las rosas que adornaban el jardín de la casa, allí veían crecer a sus hijos, una tarde decidieron dejarla como herencia a sus vástagos, conocieron a sus nietos, cada nacimiento era una confirmación del amor que ellos se prodigaban.
La casa se ampliaba cuando llegaba un nuevo integrante a la familia.Hoy nació Marcia, una niña de rulitos dorados, tiene los colores del mar en sus ojos, descansa en un moisés,su madre preparó el cuarto de esta niñita que inicia la quinta generación de mujeres nacidas en ese paraje de ensueño.
Las cortinas almidonadas son las mismas que bordó su abuela cuando vino a la vida su madre.
Cuando esta bebita sea más grande, conocerá que es la quinta generación de mujeres nacidas en esta orilla del mundo.
Duerme tranquila, en unos años recibirá la herencia de amor que comenzó hace más de un siglo,lejana en el tiempo.
Muchos huían por la misma causa, otros murieron defendiendo sus ideales.
Claude abordó una embarcación que lo llevaría a otras latitudes del planeta, en su equipaje llevaba lo indispensable, agregó algo de dinero para vivir los primeros meses, su madre que era la única que sabía , su destino le regaló un diccionario de palabras castellanas.
En el bolsillo de la maleta aprisionó los recuerdos.
El viaje duraría más de un mes, en ese tiempo podría aprender algo del nuevo idioma de la tierra elegida.
Los días a bordo eran infinitos, le gustaba levantarse al amanecer , para admirar cuando el sol salía de las aguas transformando los rosas del firmamento con sus destellos de oro.
Las noches eran oscuras, el océano mostraba su oscuridad y bravura.
Habían transcurrido varios días, el barco haría su primera escala en una isla, allí conoció a Lara que viajaría junto a sus padres al norte de Argentina.
Cuando la vio su corazón dio un vuelco, surgió el amor, solo tenían un obstáculo, el se establecería en lo que hoy conocemos como Villa la Angostura.
Antes de llegar a la nueva tierra decidieron casarse.El capitán de la nave celebró la ceremonia, eligieron como testigos a parte de la tripulación.
Poco tiempo después de llegar a tierra, construyeron su nido de amor, una casa amplia y sencilla, cercana a un lago.
Las cenizas volcánicas ayudaban a crecer las rosas que adornaban el jardín de la casa, allí veían crecer a sus hijos, una tarde decidieron dejarla como herencia a sus vástagos, conocieron a sus nietos, cada nacimiento era una confirmación del amor que ellos se prodigaban.
La casa se ampliaba cuando llegaba un nuevo integrante a la familia.Hoy nació Marcia, una niña de rulitos dorados, tiene los colores del mar en sus ojos, descansa en un moisés,su madre preparó el cuarto de esta niñita que inicia la quinta generación de mujeres nacidas en ese paraje de ensueño.
Las cortinas almidonadas son las mismas que bordó su abuela cuando vino a la vida su madre.
Cuando esta bebita sea más grande, conocerá que es la quinta generación de mujeres nacidas en esta orilla del mundo.
Duerme tranquila, en unos años recibirá la herencia de amor que comenzó hace más de un siglo,lejana en el tiempo.
Tuesday, December 11, 2007
ENCUENTROS
No quiero perturbar tu descanso, te busco en el canto del río entre las piedras, en el fondo veo tu imágen amada.
Tal vez estás más cerca de lo que pienso, sos el perfume de las flores que me regalan belleza todas las mañanas.
Quizás estés en la cima de la montaña, allí donde permanece la nieve, imagino tu figura en los picos que intentan alcanzar el cielo.
Te veo en los colores rosados del amanecer.
Sos el gigante que se esconde en los bosques para disfrutar de la compañía de gnomos y duendes, en ese instante brotará tu risa dejando salir el niño que llevas dentro de tu ser.
También puedes ser el tronco del árbol añoso que brinda sin reparos sombra al caminante cuando se cansa de recorrer todos los senderos, ése que en sus ramas deja que se cuelguen los nidos de las aves, ofreciendo sus brazos marrones para que en ellos se posen flores silvestres.
Te he tenido cerca, tanto que pude sentir tu aliento tibio rozando mi cuello, tus abrazos rodearon con fuerza mi cuerpo, hasta lograr que fuera solo una silueta que se recortaba en la inmensidad de los pensamientos.
Huelo tu perfume, mezclado con el aroma a tabaco, el mismo que una y otra vez me hacía volver a tus brazos.
Intento olvidarte, me alejo, tanto que ahora estoy en un bosque que caminamos juntos, las copas de los árboles se unen formando un arco.
Hace frío, las especies arbóreas se unen, impiden que los rayos de sol entibien mi cuerpo.
Sigo caminando.
En la corteza de un pino tallaste nuestros nombres, esa tarde reía, era la primera vez que bebía el néctar de tus besos.
Sonrío a los recuerdos, parecíamos dos estudiantes. Cortaste una flor que se enredó en mis cabellos.
Nuestros encuentros eran mágicos, tu voz grave recitaba citas famosas, arrullaban mi alma.
Los pájaros aleteaban alrededor nuestro, sus trinos llamaban al amor.
El suelo estaba tapizado de hojas doradas y crujientes, se rompían a nuestro paso.
El bosque termina para que aparezca majestuoso un lago de aguas azules como tu amorosa mirada, una mariposa revolotea enamorando a una flor, la tomo en mis manos, trémula tiembla, en sus alas tiene todos los colores del universo, la dejo libre, quizás ella pueda encontrarte para siempre.
Quiero darle fuerzas para que por fin se repitan eternos, nuestros encuentros, extiendo mis manos para ayudarla, busco tus caricias, se diluyen en la nada.
Aún cuando el tiempo pase te estaré esperando, en el lugar que se esconde el sol nuestras almas se unirán más allá de todos los tiempos.
Tal vez estás más cerca de lo que pienso, sos el perfume de las flores que me regalan belleza todas las mañanas.
Quizás estés en la cima de la montaña, allí donde permanece la nieve, imagino tu figura en los picos que intentan alcanzar el cielo.
Te veo en los colores rosados del amanecer.
Sos el gigante que se esconde en los bosques para disfrutar de la compañía de gnomos y duendes, en ese instante brotará tu risa dejando salir el niño que llevas dentro de tu ser.
También puedes ser el tronco del árbol añoso que brinda sin reparos sombra al caminante cuando se cansa de recorrer todos los senderos, ése que en sus ramas deja que se cuelguen los nidos de las aves, ofreciendo sus brazos marrones para que en ellos se posen flores silvestres.
Te he tenido cerca, tanto que pude sentir tu aliento tibio rozando mi cuello, tus abrazos rodearon con fuerza mi cuerpo, hasta lograr que fuera solo una silueta que se recortaba en la inmensidad de los pensamientos.
Huelo tu perfume, mezclado con el aroma a tabaco, el mismo que una y otra vez me hacía volver a tus brazos.
Intento olvidarte, me alejo, tanto que ahora estoy en un bosque que caminamos juntos, las copas de los árboles se unen formando un arco.
Hace frío, las especies arbóreas se unen, impiden que los rayos de sol entibien mi cuerpo.
Sigo caminando.
En la corteza de un pino tallaste nuestros nombres, esa tarde reía, era la primera vez que bebía el néctar de tus besos.
Sonrío a los recuerdos, parecíamos dos estudiantes. Cortaste una flor que se enredó en mis cabellos.
Nuestros encuentros eran mágicos, tu voz grave recitaba citas famosas, arrullaban mi alma.
Los pájaros aleteaban alrededor nuestro, sus trinos llamaban al amor.
El suelo estaba tapizado de hojas doradas y crujientes, se rompían a nuestro paso.
El bosque termina para que aparezca majestuoso un lago de aguas azules como tu amorosa mirada, una mariposa revolotea enamorando a una flor, la tomo en mis manos, trémula tiembla, en sus alas tiene todos los colores del universo, la dejo libre, quizás ella pueda encontrarte para siempre.
Quiero darle fuerzas para que por fin se repitan eternos, nuestros encuentros, extiendo mis manos para ayudarla, busco tus caricias, se diluyen en la nada.
Aún cuando el tiempo pase te estaré esperando, en el lugar que se esconde el sol nuestras almas se unirán más allá de todos los tiempos.
Saturday, December 08, 2007
EL CUADRO
Édouard Manet pinta los colores del cielo sobre la tela, agrega flores amarillas, rosadas, púrpuras, para enriquecerla.
Hoy me ha citado a su estudio, debo posar para otro de sus cuadros.
Elijo un vestido verde, ese que hace tiempo usé en una fiesta, es largo, en el escote tiene pequeños bordados.
Me deja la espalda descubierta, tímida a las caricias, aún así las llama.
Veo al maestro en los jardines de su casa, el aroma a flores languidece en la tarde.
Una estrella asoma temprana, los pinceles como pájaros dejan su marca en la tela, los matices se amalgaman.
Un destello de luna se refleja en el agua de la fuente, ángeles de cemento nos vigilan, en ese paisaje las alas se juntan, igual que las ilusiones.
Se encienden las luces del parque, cae la noche y sus misterios.
El canto de los grillos noctámbulos acompaña la escena.
Édouard sigue creando, tararea una canción de amor.
Amanece, los pétalos de las flores visten gotas de rocío.
El sol se despierta temprano, deja los pinceles al costado del cuadro.
Lentamente se acerca, siento sus manos acariciando mis hombros, su boca busca mi cuello, la mía encontrando sus besos.
El maestro descansa, lo miro extasiada, hoy nacerá otro cuadro.
Hoy me ha citado a su estudio, debo posar para otro de sus cuadros.
Elijo un vestido verde, ese que hace tiempo usé en una fiesta, es largo, en el escote tiene pequeños bordados.
Me deja la espalda descubierta, tímida a las caricias, aún así las llama.
Veo al maestro en los jardines de su casa, el aroma a flores languidece en la tarde.
Una estrella asoma temprana, los pinceles como pájaros dejan su marca en la tela, los matices se amalgaman.
Un destello de luna se refleja en el agua de la fuente, ángeles de cemento nos vigilan, en ese paisaje las alas se juntan, igual que las ilusiones.
Se encienden las luces del parque, cae la noche y sus misterios.
El canto de los grillos noctámbulos acompaña la escena.
Édouard sigue creando, tararea una canción de amor.
Amanece, los pétalos de las flores visten gotas de rocío.
El sol se despierta temprano, deja los pinceles al costado del cuadro.
Lentamente se acerca, siento sus manos acariciando mis hombros, su boca busca mi cuello, la mía encontrando sus besos.
El maestro descansa, lo miro extasiada, hoy nacerá otro cuadro.
Thursday, December 06, 2007
DÉSIRÉE
Madre:
Quiero que sepas que hoy ha llegado un carruaje a las puertas de mi casa en Marsella, de él bajó un señor con una vistosa librea, traía en sus manos una hermosa canasta de tulipanes recién cortados, si los vieras te asombrarían los colores.
El obsequio contenía cintas blancas y rosadas, escondían una tarjeta y un anillo de brillantes, era el regalo con el que Napoleón, me ofrecía su amor, en el anillo hay grabada una fecha, veintiuno de abril, falta muy poco, la primavera nos regalará todas sus fragancias perpetuadas en los pétalos delicados de las flores.
Mamá, sé que recién he pasado el umbral de la adolescencia, también recuerdo que me dijiste que tuviera cuidado ya que él está comprometido con Josefina.
Ese compromiso fue celebrado por conveniencia, ha tenido sus frutos, también conozco la historia del hijo extra matrimonial de la pareja.
Dispone para mi de un palacio cercano a su residencia, emplazado en una colina, rodeado de flores, puertas talladas de madera, me imagino los almendros recién florecidos, lo amo pero no quiero convertirme en la otra.
Nuestras familias se conocen de antaño, yo era una niña cuando el hablaba de las virtudes de ser el hombre más importante en la historia de Francia.
Madre a mi no me atraen las riquezas, solo quiero compartir mi vida con un hombre, no me importaría que fuera en una casa pequeñita de la campiña francesa, allí cuidaría mis flores, lo esperaría con el amor sincero que me embarga.
Napoleón me ofrece una vida fastuosa, pero en ella tendrán cabida las sombras.
No quiero ser la tercera en discordia, siempre soñé llegar a casarme con un hombre probo, pero por sobre todas las cosas tener un amor que trascendiera por los sentimientos.
Quisiera entrar a la iglesia del brazo de mi padre, ser quien adornara con flores los bancos y altares de aquella capilla que conocimos hace tiempo, usar mi traje, confeccionado con las ricas sedas que comercia mi padre, intercambiar promesar de amor y que Dios otorgara bendiciones a nuestros sentimientos prolongando la vida en los hijos.
Estoy confundida, solo sé que lo amo con todas mis fuerzas, pero entiendo que no puedo compartir el amor de tan gallardo caballero.
Iré al convento, hablaré con el sacerdote, para luego enviarle a Napoleón mi decisión.
Josefina es una mujer de fuerte carácter, no quiero dañarlos, prefiero renunciar al amor para siempre,soy débil, quizás no pueda perdonarlo nunca, tal vez las lágrimas me acompañen eternamente, he perdido mis esperanzas, se diluyen en el tiempo.
Te quiere tu hija
Désirée
Quiero que sepas que hoy ha llegado un carruaje a las puertas de mi casa en Marsella, de él bajó un señor con una vistosa librea, traía en sus manos una hermosa canasta de tulipanes recién cortados, si los vieras te asombrarían los colores.
El obsequio contenía cintas blancas y rosadas, escondían una tarjeta y un anillo de brillantes, era el regalo con el que Napoleón, me ofrecía su amor, en el anillo hay grabada una fecha, veintiuno de abril, falta muy poco, la primavera nos regalará todas sus fragancias perpetuadas en los pétalos delicados de las flores.
Mamá, sé que recién he pasado el umbral de la adolescencia, también recuerdo que me dijiste que tuviera cuidado ya que él está comprometido con Josefina.
Ese compromiso fue celebrado por conveniencia, ha tenido sus frutos, también conozco la historia del hijo extra matrimonial de la pareja.
Dispone para mi de un palacio cercano a su residencia, emplazado en una colina, rodeado de flores, puertas talladas de madera, me imagino los almendros recién florecidos, lo amo pero no quiero convertirme en la otra.
Nuestras familias se conocen de antaño, yo era una niña cuando el hablaba de las virtudes de ser el hombre más importante en la historia de Francia.
Madre a mi no me atraen las riquezas, solo quiero compartir mi vida con un hombre, no me importaría que fuera en una casa pequeñita de la campiña francesa, allí cuidaría mis flores, lo esperaría con el amor sincero que me embarga.
Napoleón me ofrece una vida fastuosa, pero en ella tendrán cabida las sombras.
No quiero ser la tercera en discordia, siempre soñé llegar a casarme con un hombre probo, pero por sobre todas las cosas tener un amor que trascendiera por los sentimientos.
Quisiera entrar a la iglesia del brazo de mi padre, ser quien adornara con flores los bancos y altares de aquella capilla que conocimos hace tiempo, usar mi traje, confeccionado con las ricas sedas que comercia mi padre, intercambiar promesar de amor y que Dios otorgara bendiciones a nuestros sentimientos prolongando la vida en los hijos.
Estoy confundida, solo sé que lo amo con todas mis fuerzas, pero entiendo que no puedo compartir el amor de tan gallardo caballero.
Iré al convento, hablaré con el sacerdote, para luego enviarle a Napoleón mi decisión.
Josefina es una mujer de fuerte carácter, no quiero dañarlos, prefiero renunciar al amor para siempre,soy débil, quizás no pueda perdonarlo nunca, tal vez las lágrimas me acompañen eternamente, he perdido mis esperanzas, se diluyen en el tiempo.
Te quiere tu hija
Désirée
UTOPÍA
Cuando terminó el verano, muchas personas optaron por migrar a otros paisajes.
Se resistían a compartir sus sensaciones en un sitio que otrora fuera poblado por seres virtuales unidos en el mágico ejercicio de contar historias.
Era un sitio encantado, todos tenían algo que relatar,en la casa de los sueños que se cumplían.
Eran muchos, compartían risas, utopías que llegaban a cristalizarse.
Eran artífices del destino, propio o ajeno.
Muchas veces dejamos escapar una lágrima, leyendo cuentos que nos movilizaban.
La risa de un niño, el llanto de una madre, la soledad de un amigo, todo servía para llamar a las musas, ellas venían ante el menor vestigio de imaginación para ayudarnos a enhebrar un cuento.
Cada episodio nos llevaba a sentir todas las emociones.
El sol regalaba sus rayos dorados a quien supiera verlo, las flores su fragancia a quien pudiera sentirla.
No importaba si el otoño le daba un color ocre a las hojas de los árboles para luego dejar un colchón crujiente en el suelo.
La nieve brindaba unos de los espectáculos más maravillosos de la naturaleza, allí conocimos otras imágenes, todo servía para terminar de pintar un cuadro de letras.
Cuando la convivencia fue alterada por las tormentas, que a su paso creían arrasar con todo, esa madre que curiosamente se llamaba foro dio a luz otros hijos, orgullosa, aún cuando se quedara sola, era feliz viéndolos crecer día a día, palabra por palabra formaron otros espacios.
Esa madre, como todas las mamás esperaba el regreso de sus amados hijos, algunos volvían a visitarla, ella sonreía, extendía sus brazos cual alas imaginarias para contenerlos .
Sin embargo las tormentas se sucedían una tras otra, no tenían razón de ser, nada fundamentaba su furia.
Muchos hijos decidieron no volver nunca más a visitar a su madre, la miraban de lejos, ella luchaba como una leona cuando ve en peligro a sus crías.
Esperó paciente, sabiendo que el regreso jamás se produciría, entonces decidió formar un panal en su corazón, en cada celda estaría el recuerdo de cada uno de sus hijos, de esa forma cuando la embargara la tristeza los acariciaría amorosamente, pronunciaría cada nombre con una voz dulce y cristalina, sabía que el fruto de sus entrañas, lograría escucharla.
Sola,resistía cada embate del tiempo, sabía que en algún lugar estarían ellos.
En el tiempo transcurrido nacieron otros frutos, pero la añoranza jamás podría borrarse.
Hoy transitamos el último mes del año, esa madre se levantó con una sonrisa, en su alma colgó una palabra: Utopía, quizás entre todos podamos arrancarle una sonrisa, valorando el espacio que nos dio, dejando de lado las miserias humanas, el egoísmo, la afrenta gratuita, eso que entierra los valores, la sin razón, el insulto, todo aquello que convierte en cenizas el alma.
Ella espera, yo también.
Se resistían a compartir sus sensaciones en un sitio que otrora fuera poblado por seres virtuales unidos en el mágico ejercicio de contar historias.
Era un sitio encantado, todos tenían algo que relatar,en la casa de los sueños que se cumplían.
Eran muchos, compartían risas, utopías que llegaban a cristalizarse.
Eran artífices del destino, propio o ajeno.
Muchas veces dejamos escapar una lágrima, leyendo cuentos que nos movilizaban.
La risa de un niño, el llanto de una madre, la soledad de un amigo, todo servía para llamar a las musas, ellas venían ante el menor vestigio de imaginación para ayudarnos a enhebrar un cuento.
Cada episodio nos llevaba a sentir todas las emociones.
El sol regalaba sus rayos dorados a quien supiera verlo, las flores su fragancia a quien pudiera sentirla.
No importaba si el otoño le daba un color ocre a las hojas de los árboles para luego dejar un colchón crujiente en el suelo.
La nieve brindaba unos de los espectáculos más maravillosos de la naturaleza, allí conocimos otras imágenes, todo servía para terminar de pintar un cuadro de letras.
Cuando la convivencia fue alterada por las tormentas, que a su paso creían arrasar con todo, esa madre que curiosamente se llamaba foro dio a luz otros hijos, orgullosa, aún cuando se quedara sola, era feliz viéndolos crecer día a día, palabra por palabra formaron otros espacios.
Esa madre, como todas las mamás esperaba el regreso de sus amados hijos, algunos volvían a visitarla, ella sonreía, extendía sus brazos cual alas imaginarias para contenerlos .
Sin embargo las tormentas se sucedían una tras otra, no tenían razón de ser, nada fundamentaba su furia.
Muchos hijos decidieron no volver nunca más a visitar a su madre, la miraban de lejos, ella luchaba como una leona cuando ve en peligro a sus crías.
Esperó paciente, sabiendo que el regreso jamás se produciría, entonces decidió formar un panal en su corazón, en cada celda estaría el recuerdo de cada uno de sus hijos, de esa forma cuando la embargara la tristeza los acariciaría amorosamente, pronunciaría cada nombre con una voz dulce y cristalina, sabía que el fruto de sus entrañas, lograría escucharla.
Sola,resistía cada embate del tiempo, sabía que en algún lugar estarían ellos.
En el tiempo transcurrido nacieron otros frutos, pero la añoranza jamás podría borrarse.
Hoy transitamos el último mes del año, esa madre se levantó con una sonrisa, en su alma colgó una palabra: Utopía, quizás entre todos podamos arrancarle una sonrisa, valorando el espacio que nos dio, dejando de lado las miserias humanas, el egoísmo, la afrenta gratuita, eso que entierra los valores, la sin razón, el insulto, todo aquello que convierte en cenizas el alma.
Ella espera, yo también.
Wednesday, December 05, 2007
ACARICIANDO SUEÑOS
Navega por todos los mares, el Capitán arenga a la tripulación, los fiordos se recortan abrazando el agua, la vegetación y la neblina le dan un aspecto fantasmagórico.
Las bodegas tienen víveres para quince días, tiempo que durará el viaje hasta una isla que parece un punto perdido en el mar.
Nadie conoce el destino final de la travesía, solo le han informado que luego de permanecer en la isla, el experimentado Capitán viajará solo en su goleta.
Las velas se izan, el mar tranquilo tiñe todo de azul hasta confundirse con el
cielo.
El aullido de una sirena indica el momento de la partida, varios pañuelos blancos se agitan como si fueran a convertirse en pájaros, la brisa hace que el perfume inunde la embarcación, acompañará las historias de vida de cada marinero.
Las gaviotas aletean sobre la estela espumosa que deja la nave, les señala el camino, a pocas millas regresaran a posarse en la playa.
Los días transcurren tranquilos, a veces el silbido del viento es el preludio de una tormenta, como saetas los relámpagos surcan el firmamento, la voz ronca de los truenos corta el silencio.
Los grumetes sujetan las velas, allá en lo alto sus siluetas se asemejan a las aves nocturnas, esa noche la luna juega a las escondidas, se rehúsa a mostrar su cara plateada, no quiere regalar sus mágicos destellos.
El Capitán permanece en silencio, enciende un habano, las volutas de humo forman dibujos diversos, mañana llegarán al primer destino.
Amanece, el sol emerge de las aguas, su fuerza tiñe de naranjas y rosados el cielo límpido.
A pocas millas encuentran la isla, allí la tripulación se entera que permanecerá en ese lugar de indescriptible belleza unos pocos días.
El tiempo cálido los recibe, mariposas de mil colores aletean sobre las flores.
El Capitán se despide, debe continuar el viaje en la más absoluta soledad.
El timón de madera lustrosa será su única compañía.
La goleta suavemente se desliza por el agua, en su derrotero encontrará noches tranquilas, otras serán turbulentas.
Nada asusta al hombre, disfruta cada instante del viaje, no siente el cansancio, sabe que cuando el ancla deje su huella en la arena, Él estará acariciando sus sueños.
Las bodegas tienen víveres para quince días, tiempo que durará el viaje hasta una isla que parece un punto perdido en el mar.
Nadie conoce el destino final de la travesía, solo le han informado que luego de permanecer en la isla, el experimentado Capitán viajará solo en su goleta.
Las velas se izan, el mar tranquilo tiñe todo de azul hasta confundirse con el
cielo.
El aullido de una sirena indica el momento de la partida, varios pañuelos blancos se agitan como si fueran a convertirse en pájaros, la brisa hace que el perfume inunde la embarcación, acompañará las historias de vida de cada marinero.
Las gaviotas aletean sobre la estela espumosa que deja la nave, les señala el camino, a pocas millas regresaran a posarse en la playa.
Los días transcurren tranquilos, a veces el silbido del viento es el preludio de una tormenta, como saetas los relámpagos surcan el firmamento, la voz ronca de los truenos corta el silencio.
Los grumetes sujetan las velas, allá en lo alto sus siluetas se asemejan a las aves nocturnas, esa noche la luna juega a las escondidas, se rehúsa a mostrar su cara plateada, no quiere regalar sus mágicos destellos.
El Capitán permanece en silencio, enciende un habano, las volutas de humo forman dibujos diversos, mañana llegarán al primer destino.
Amanece, el sol emerge de las aguas, su fuerza tiñe de naranjas y rosados el cielo límpido.
A pocas millas encuentran la isla, allí la tripulación se entera que permanecerá en ese lugar de indescriptible belleza unos pocos días.
El tiempo cálido los recibe, mariposas de mil colores aletean sobre las flores.
El Capitán se despide, debe continuar el viaje en la más absoluta soledad.
El timón de madera lustrosa será su única compañía.
La goleta suavemente se desliza por el agua, en su derrotero encontrará noches tranquilas, otras serán turbulentas.
Nada asusta al hombre, disfruta cada instante del viaje, no siente el cansancio, sabe que cuando el ancla deje su huella en la arena, Él estará acariciando sus sueños.
Tuesday, December 04, 2007
ELLA CREÍA
Cuando no hubo más verano, la tierra se transformó en una mueca de dolor.
Las golondrinas migrarían a otros sitios más cálidos con el propósito de ver crecer a sus crías.
El cielo azul como el océano, se tornó gris, las nubes chocaban en el firmamento para producir lluvias que enlodarían todos los espacios, anegarían el suelo.
Los rubios girasoles mutaron a un color indefinido, ese que otorga la soledad.
Las campanas de las iglesias cambiaron su tañido, solo se oía el silbido del viento, sus manos invisibles arrancaban las hojas de los árboles hasta mostrarlos desnudos.
Los jardines perdieron sus flores, pétalos amarronados cubrían el suelo, el agua impiadosa se encargaría de quitarles la última gota de perfume.
Sin embargo, ella creía.
Ráfagas de viento se llevaban las cintas de su sombrero, para terminar depositándolo en el filo de una roca.
Las olas danzaban freneticamente, no había vestigios de vida, distintas especies de peces se alejaban de la playa.
Sin embargo ella creía.
Miraba el horizonte, necesitaba ver los rayos del sol como antes, cuando se sentía amada, correspondía a esos sentimientos hasta que los abrazos dolieran en su cuerpo, en el preciso instante que el amor renacía.
Nada de eso ocurriría.
La fuerza del mar embravecido la alejó de la costa.
Lentamente el agua cubría su grácil silueta hasta dejarla desnuda, encontró en su último viaje un arrecife de corales, allí las aguas estaban mansas , se dejó llevar a las profundidades infínitas del océano.
En su camino acuático todo estaba quieto, la luz se apagaba, un mundo negro la recibía, con el último aliento ella creía.
Un haz de luz la atrajo, flotando permaneció allí para seguir creyendo.
Las golondrinas migrarían a otros sitios más cálidos con el propósito de ver crecer a sus crías.
El cielo azul como el océano, se tornó gris, las nubes chocaban en el firmamento para producir lluvias que enlodarían todos los espacios, anegarían el suelo.
Los rubios girasoles mutaron a un color indefinido, ese que otorga la soledad.
Las campanas de las iglesias cambiaron su tañido, solo se oía el silbido del viento, sus manos invisibles arrancaban las hojas de los árboles hasta mostrarlos desnudos.
Los jardines perdieron sus flores, pétalos amarronados cubrían el suelo, el agua impiadosa se encargaría de quitarles la última gota de perfume.
Sin embargo, ella creía.
Ráfagas de viento se llevaban las cintas de su sombrero, para terminar depositándolo en el filo de una roca.
Las olas danzaban freneticamente, no había vestigios de vida, distintas especies de peces se alejaban de la playa.
Sin embargo ella creía.
Miraba el horizonte, necesitaba ver los rayos del sol como antes, cuando se sentía amada, correspondía a esos sentimientos hasta que los abrazos dolieran en su cuerpo, en el preciso instante que el amor renacía.
Nada de eso ocurriría.
La fuerza del mar embravecido la alejó de la costa.
Lentamente el agua cubría su grácil silueta hasta dejarla desnuda, encontró en su último viaje un arrecife de corales, allí las aguas estaban mansas , se dejó llevar a las profundidades infínitas del océano.
En su camino acuático todo estaba quieto, la luz se apagaba, un mundo negro la recibía, con el último aliento ella creía.
Un haz de luz la atrajo, flotando permaneció allí para seguir creyendo.
Sunday, December 02, 2007
ÁNGELES DESNUDOS
Cuando terminó el verano los ángeles quedaron desnudos, estos príncipes que conforman las huestes celestiales migrarían a otros sitios para recuperar la belleza de sus alas.
Muy pocos quedarían en la tierra, para saber quienes partirían se formó un concilio, eligieron para reunirse un casa en la ladera de la montaña, el aroma a rosas recién cortadas inundaba el lugar.
La mañana aún estaba soleada, el tiempo tibio invitaba a reunirse a la orilla de un río cristalino, las aguas cantaban entre las piedras.
Entre todos decidieron que lugares ocuparían, algunos adornarían cual estatuas los jardines de las iglesias, otros quedarían plasmados en los vitreaux de las mismas.
Los de color gris estarían en los mausoleos vigilando el sueño eterno de los que habían partido.
Una vez que todo estuvo organizado, partieron en diferentes direcciones.
En su camino a las puertas del cielo se dieron cuenta que el más pequeño no viajaba con ellos, desde ese lugar del universo lo dotaron de poderes especiales.
Pese al frío Haniel no perdería las plumas de sus alas, su misión sería cuidar a un niño que el destino y las guerras habían dejado solo.
Cuando encontró al pequeño Manuel, éste intentaba arreglar con sus manitos lo poco que había quedado de su casa.
Imperceptible Haniel observaba el trabajo del chico, trataba de despejar las piedras amontonadas en la puerta , su carita tenía muecas de dolor, allí el ángel decidió ayudarlo sin que lo vieran.
Por primera vez Manuel sonreía, no entendía de dónde salían sus fuerzas, en un rato había acomodado los escombros formando un camino, con la ayuda del ángel la casa era otra vez habitable.
La cama de Manuel estaba intacta, al salir la primera estrella decidió acostarse, el ángel lo cubrió con sus alas para darle calor.
El niño dormía profundamente, con la tranquilidad de quien se sabe acompañado, en sueños sintió la voz de su madre, con una sonrisa en los labios le decía cuánto lo amaba, aún cuando no la viera, siempre lo acompañaría, le pidió que no tuviera miedo, siempre estaría para protegerlo, rodeó el cuerpo de su hijo con un abrazo, le daría calor y fuerzas para enfrentarse a la vida.
Manuel ya es un hombre, conformó una linda familia, con Laura esperan el primer hijo, están eligiendo nombres, el médico les anunció la llegada de un varoncito.
Hoy nació Haniel, fruto de dos seres que se aman inmensamente, es un niño elegido, los padres miran la belleza angelical del recién nacido.
Manuel mira los ojos de su hijo, en ellos observa la mirada serena del ángel que lo acompañó durante toda su vida.
El pequeño descansa en su cuna, mueve las piernitas, logra quitar la sábana que lo tapa, sus papás lo miran con amor, Laura al ver al pequeño le dice a su marido, Haniel, parece un ángel desnudo.
Muy pocos quedarían en la tierra, para saber quienes partirían se formó un concilio, eligieron para reunirse un casa en la ladera de la montaña, el aroma a rosas recién cortadas inundaba el lugar.
La mañana aún estaba soleada, el tiempo tibio invitaba a reunirse a la orilla de un río cristalino, las aguas cantaban entre las piedras.
Entre todos decidieron que lugares ocuparían, algunos adornarían cual estatuas los jardines de las iglesias, otros quedarían plasmados en los vitreaux de las mismas.
Los de color gris estarían en los mausoleos vigilando el sueño eterno de los que habían partido.
Una vez que todo estuvo organizado, partieron en diferentes direcciones.
En su camino a las puertas del cielo se dieron cuenta que el más pequeño no viajaba con ellos, desde ese lugar del universo lo dotaron de poderes especiales.
Pese al frío Haniel no perdería las plumas de sus alas, su misión sería cuidar a un niño que el destino y las guerras habían dejado solo.
Cuando encontró al pequeño Manuel, éste intentaba arreglar con sus manitos lo poco que había quedado de su casa.
Imperceptible Haniel observaba el trabajo del chico, trataba de despejar las piedras amontonadas en la puerta , su carita tenía muecas de dolor, allí el ángel decidió ayudarlo sin que lo vieran.
Por primera vez Manuel sonreía, no entendía de dónde salían sus fuerzas, en un rato había acomodado los escombros formando un camino, con la ayuda del ángel la casa era otra vez habitable.
La cama de Manuel estaba intacta, al salir la primera estrella decidió acostarse, el ángel lo cubrió con sus alas para darle calor.
El niño dormía profundamente, con la tranquilidad de quien se sabe acompañado, en sueños sintió la voz de su madre, con una sonrisa en los labios le decía cuánto lo amaba, aún cuando no la viera, siempre lo acompañaría, le pidió que no tuviera miedo, siempre estaría para protegerlo, rodeó el cuerpo de su hijo con un abrazo, le daría calor y fuerzas para enfrentarse a la vida.
Manuel ya es un hombre, conformó una linda familia, con Laura esperan el primer hijo, están eligiendo nombres, el médico les anunció la llegada de un varoncito.
Hoy nació Haniel, fruto de dos seres que se aman inmensamente, es un niño elegido, los padres miran la belleza angelical del recién nacido.
Manuel mira los ojos de su hijo, en ellos observa la mirada serena del ángel que lo acompañó durante toda su vida.
El pequeño descansa en su cuna, mueve las piernitas, logra quitar la sábana que lo tapa, sus papás lo miran con amor, Laura al ver al pequeño le dice a su marido, Haniel, parece un ángel desnudo.
Friday, November 30, 2007
LA ESTATUA DE HIELO
Cuando terminó el verano se congelaron las palabras, le costaba entender que jamás escucharía un deseado te amo, se perderían los besos que no habían dado.
Las doradas arenas de la playa mutaron a fría escarcha, el viento silbaba llamando a la tormenta.
Relámpagos violáceos atravesaban como saetas el firmamento.
A partir de ese día, separados, comenzarían a transitar los caminos donde la vida descuenta cada minuto.
Quiso aferrarse a los recuerdos, sin embargo el hielo formaba celdas heladas que los alejaban.
Interpusieron más distancia a la distancia, ella necesitaba nutrirse con los rayos del sol para despertar cada día, sentir el murmullo de los pájaros, con ellos unirse a la melodía.
Acunados por las estrellas, entregarse al sueño.
Protegidos por alas imaginarias, amanecer abrazados, seguir soñando, hilvanar los segundos para anticipar apasionados encuentros.
Vivir sin sombras, disfrutar cada instante como si fuera el último.
Nada de eso ocurriría, detrás del hielo la figura amada se desvanecía.
Intentó desandar el camino, vencería cada uno de los obstáculos que intentaran obstruir su camino.
Buscó la mirada de su amado, estiró las manos para recibir una caricia como las de antaño, la soledad le hacía perder la cordura.
Las lágrimas se congelaban en su rostro, lentamente el viento la convertiría en una bella estatua de hielo.
Las doradas arenas de la playa mutaron a fría escarcha, el viento silbaba llamando a la tormenta.
Relámpagos violáceos atravesaban como saetas el firmamento.
A partir de ese día, separados, comenzarían a transitar los caminos donde la vida descuenta cada minuto.
Quiso aferrarse a los recuerdos, sin embargo el hielo formaba celdas heladas que los alejaban.
Interpusieron más distancia a la distancia, ella necesitaba nutrirse con los rayos del sol para despertar cada día, sentir el murmullo de los pájaros, con ellos unirse a la melodía.
Acunados por las estrellas, entregarse al sueño.
Protegidos por alas imaginarias, amanecer abrazados, seguir soñando, hilvanar los segundos para anticipar apasionados encuentros.
Vivir sin sombras, disfrutar cada instante como si fuera el último.
Nada de eso ocurriría, detrás del hielo la figura amada se desvanecía.
Intentó desandar el camino, vencería cada uno de los obstáculos que intentaran obstruir su camino.
Buscó la mirada de su amado, estiró las manos para recibir una caricia como las de antaño, la soledad le hacía perder la cordura.
Las lágrimas se congelaban en su rostro, lentamente el viento la convertiría en una bella estatua de hielo.
Tuesday, November 27, 2007
SUEÑOS TRUNCOS
La última vez que lo vi me cegó, las lenguas de fuego producían en mí demasiada atracción, quería saber qué había detrás de las llamaradas.
El viaje había sido tranquilo, sin mayores contingencias, debía hacer una estadística sobre la ausencia de bosques y áreas verdes.
La mano del hombre había talado sin pensar en las consecuencias que traería aparejado el cambio.
Millones de hectáreas eran devoradas día a día por las máquinas, poco importaba derribar árboles, cientos de aves buscarían otro refugio o morirían junto a sus crías en el intento.
Alguna vez ese espacio había sido habitado por todas las especies, hoy era tierra marrón mostrando su desnudez al cielo.
Humedecí un pañuelo para acercarme a mi objetivo, levantada la cosecha de maíz, las cañas eran quemadas, el humo siniestro trataba de ocultar el viejo tractor, el camino ondulante lo movía de un lado al otro, en uno de los saltos Juan cae, las lanzas de la máquina atravesaron su cuerpo, entregó su vida adolescente trabajando donde no debía, desconocía que la necesidad tiene cara de hereje.
Emilio quedó con un resto de vida, el tiempo que el destino haya elegido para él, lo pasará en una cama, el accidente lo dejó cuadripléjico, tal vez Dios se apiade de ese niño y lo lleve a su lado para que los ángeles puedan cuidarlo.
Tenía muchas ilusiones, trabajar, aún cuando ello estuviera prohibido, en uno de sus viajes al pueblo, en el almacén de ramos generales, vio unas zapatillas, iguales a las que usaban los chicos de su edad, las estrenaría cuando empezaran las clases, para ese entonces habrían levantado toda la cosecha y el tendría suficiente valor para plantarse delante de su padre y explicarle que necesitaba estudiar, tener el futuro de los chicos de su edad, vivir, enamorarse, formar una familia, alejado de quienes se aprovechan de los niños que carecen de todo.
Emilio salvó su vida, hoy está esperando que alguien se acuerde de él.
Conmovida por su historia le llevamos una silla especial para que puedan movilizarlo fuera de su casa, quiere tener contacto con la naturaleza, ver el aleteo de los pájaros, observar el paisaje.
La tarde cae, el cielo se tiñe de púrpura y rosado detrás de los cerros verdes de un pueblito de Salta, tomo su mano, quiero transmitirle fuerzas, nos hermanan las lágrimas, esas que brotan cuando aparece la injusticia, no queremos que más chicos trabajen, cuando deben estudiar y consagrar su infancia a los juegos.
La noche nos sorprende, ambos deseamos que el accidente que truncó sus movimientos para siempre, sirva de ejemplo y les recuerde a todos que los niños no deben trabajar, nadie tiene derecho de aprovecharse de ellos.
Las estrellas vigilan su sueño, cansado, sin ilusiones, también él, acudió placido al llamado de la muerte.
El viaje había sido tranquilo, sin mayores contingencias, debía hacer una estadística sobre la ausencia de bosques y áreas verdes.
La mano del hombre había talado sin pensar en las consecuencias que traería aparejado el cambio.
Millones de hectáreas eran devoradas día a día por las máquinas, poco importaba derribar árboles, cientos de aves buscarían otro refugio o morirían junto a sus crías en el intento.
Alguna vez ese espacio había sido habitado por todas las especies, hoy era tierra marrón mostrando su desnudez al cielo.
Humedecí un pañuelo para acercarme a mi objetivo, levantada la cosecha de maíz, las cañas eran quemadas, el humo siniestro trataba de ocultar el viejo tractor, el camino ondulante lo movía de un lado al otro, en uno de los saltos Juan cae, las lanzas de la máquina atravesaron su cuerpo, entregó su vida adolescente trabajando donde no debía, desconocía que la necesidad tiene cara de hereje.
Emilio quedó con un resto de vida, el tiempo que el destino haya elegido para él, lo pasará en una cama, el accidente lo dejó cuadripléjico, tal vez Dios se apiade de ese niño y lo lleve a su lado para que los ángeles puedan cuidarlo.
Tenía muchas ilusiones, trabajar, aún cuando ello estuviera prohibido, en uno de sus viajes al pueblo, en el almacén de ramos generales, vio unas zapatillas, iguales a las que usaban los chicos de su edad, las estrenaría cuando empezaran las clases, para ese entonces habrían levantado toda la cosecha y el tendría suficiente valor para plantarse delante de su padre y explicarle que necesitaba estudiar, tener el futuro de los chicos de su edad, vivir, enamorarse, formar una familia, alejado de quienes se aprovechan de los niños que carecen de todo.
Emilio salvó su vida, hoy está esperando que alguien se acuerde de él.
Conmovida por su historia le llevamos una silla especial para que puedan movilizarlo fuera de su casa, quiere tener contacto con la naturaleza, ver el aleteo de los pájaros, observar el paisaje.
La tarde cae, el cielo se tiñe de púrpura y rosado detrás de los cerros verdes de un pueblito de Salta, tomo su mano, quiero transmitirle fuerzas, nos hermanan las lágrimas, esas que brotan cuando aparece la injusticia, no queremos que más chicos trabajen, cuando deben estudiar y consagrar su infancia a los juegos.
La noche nos sorprende, ambos deseamos que el accidente que truncó sus movimientos para siempre, sirva de ejemplo y les recuerde a todos que los niños no deben trabajar, nadie tiene derecho de aprovecharse de ellos.
Las estrellas vigilan su sueño, cansado, sin ilusiones, también él, acudió placido al llamado de la muerte.
Sunday, November 25, 2007
LA SALAMANDRA
La última vez que lo vi me cegó, el resplandor de la luna con sus destellos tornaba las aguas en ondulado espejo de plata.
Era una noche clara, esas que encontramos antes de caminar junto al invierno.
Por la ruta circulaban pocos autos, tal vez fuera por el frío o por la hora.
La casa se erigía cercana al bosque de lengas, al costado del camino el oleaje del mar elevaba la espuma de las olas, que jamás descansaban.
Mientras manejaba pensaba que al día siguiente debería encargar leña, si bien la vivienda tenía calefacción moderna a ella le gustaba usar la salamandra que había conseguido en la casa de antigüedades.
De hierro negro, las patas torneadas le daban un aspecto señorial, tenía bastante capacidad, tanto podía usar leña o carbón, el metal había sido forjado con figuras de barcos y veleros, en el frente una puerta pequeñita le daba seguridad.
Casi siempre la usaba durante el día, pero esa noche dejaría que las lenguas de fuego crepitaran en el interior del receptáculo hasta convertirse en cenizas grises.
Mientras esperaba una señal del hombre que amaba, buscó un álbum de fotos, estaban juntos en diferentes paisajes, en todas las imágenes se notaba el aire triunfador que lo distinguía.
Siempre sonriente, aún en los momentos difíciles, esos que nos traen las lágrimas sin que las llamemos.
Consultó el reloj, ya debería haber llegado, el celular otra vez tenía el contestador, odiaba dejar mensajes.
Le pidió a su asistente que se retirara, hacía frío, ella se ocuparía de mantener la cena que le habían preparado.
Esa noche sería diferente.
Sentada en la alfombra cerca de la salamandra, observaba la luna, parecía que estaba suspendida en el jardín de su casa, desde el álbum de fotos Él sonreía, siempre mostrando su rostro de ganador, aún cuando en la vida poco había logrado.
Sonó el teléfono, Alberto se disculpaba, una reunión exigía su presencia, dejarían la charla para otro día.
Ella no dijo nada, se despidieron como siempre.
Un rato más tarde un amigo común le daba la noticia, su amor compartía en el club de la zona la mesa con varias amigas.
No dijo nada, abrió la puerta de la salamandra, una a una iba quemando las fotos de quien creyó su enamorado, las lenguas de fuego tenían matices azules , ella sonreía plácidamente, una a una quemaba en la hoguera las vanidades las fotografías de ese hombre que jamás volvería a compartir un solo instante de su vida.
Era una noche clara, esas que encontramos antes de caminar junto al invierno.
Por la ruta circulaban pocos autos, tal vez fuera por el frío o por la hora.
La casa se erigía cercana al bosque de lengas, al costado del camino el oleaje del mar elevaba la espuma de las olas, que jamás descansaban.
Mientras manejaba pensaba que al día siguiente debería encargar leña, si bien la vivienda tenía calefacción moderna a ella le gustaba usar la salamandra que había conseguido en la casa de antigüedades.
De hierro negro, las patas torneadas le daban un aspecto señorial, tenía bastante capacidad, tanto podía usar leña o carbón, el metal había sido forjado con figuras de barcos y veleros, en el frente una puerta pequeñita le daba seguridad.
Casi siempre la usaba durante el día, pero esa noche dejaría que las lenguas de fuego crepitaran en el interior del receptáculo hasta convertirse en cenizas grises.
Mientras esperaba una señal del hombre que amaba, buscó un álbum de fotos, estaban juntos en diferentes paisajes, en todas las imágenes se notaba el aire triunfador que lo distinguía.
Siempre sonriente, aún en los momentos difíciles, esos que nos traen las lágrimas sin que las llamemos.
Consultó el reloj, ya debería haber llegado, el celular otra vez tenía el contestador, odiaba dejar mensajes.
Le pidió a su asistente que se retirara, hacía frío, ella se ocuparía de mantener la cena que le habían preparado.
Esa noche sería diferente.
Sentada en la alfombra cerca de la salamandra, observaba la luna, parecía que estaba suspendida en el jardín de su casa, desde el álbum de fotos Él sonreía, siempre mostrando su rostro de ganador, aún cuando en la vida poco había logrado.
Sonó el teléfono, Alberto se disculpaba, una reunión exigía su presencia, dejarían la charla para otro día.
Ella no dijo nada, se despidieron como siempre.
Un rato más tarde un amigo común le daba la noticia, su amor compartía en el club de la zona la mesa con varias amigas.
No dijo nada, abrió la puerta de la salamandra, una a una iba quemando las fotos de quien creyó su enamorado, las lenguas de fuego tenían matices azules , ella sonreía plácidamente, una a una quemaba en la hoguera las vanidades las fotografías de ese hombre que jamás volvería a compartir un solo instante de su vida.
Friday, November 23, 2007
LA OSCURIDAD
La última vez que lo vi me cegó, tomada de la mano de mi padre esperábamos su aparición.
Para observarlo mejor nos alejamos de la ciudad, elegimos un lugar descampado, el lugar olía a pasto y flores silvestres, las luciérnagas volaban bajito, intentando iluminar el camino.
Los grillos cantaban melodías monocordes, la luna orgullosa se había escondido.
El cielo salpicado de infinitas estrellas era el escenario perfecto para el desplazamiento de ese gigante luminoso.
Antes de la medianoche, con parsimonia surcó el espacio, la cabeza plateada le hacía un guiño a las estrellas, una larga cola dejaba una estela brillante en su mágico recorrido.
No quería que se fuera, tendría que esperar décadas para verlo nuevamente.
Cuando desapareció de nuestras vistas, solté las manos de mi padre, quería correr,alcanzarlo, pedirle que me llevara a dar una vuelta por el universo, necesitaba tocar las estrellas.
Se produjo el milagro, el cometa me llevó a un paseo por otras galaxias, pude admirar los planetas en toda su dimensión, parecían globos multicolores suspendidos en el infinito.
Todo me producía placer, jugaba a ser grande y omnipotente, disfrutaba el momento, tal vez esas emociones no se volverían a repetir.
Comenzó a descender, emprendíamos el regreso, como un pájaro replegaba mis alas imaginarias.
El tiempo en el espacio no se mide, le rogué me dejara en el mismo lugar.
En ese instante comprendí que estaba sola en un lugar desconocido, no encontraba las manos de mi padre, el lugar era diferente, altos edificios ocupaban el sitio que antes había sido un descampado.
Corrí hasta una plaza, luces de mercurio le daban un aspecto fantasmagórico.
Halley me había advertido que no debía contar nada.
Las sombras de la noche me acechaban, cerca de una fuente un viejito contaba las estrellas.
A medida que me acercaba notaba que mi ropa no era la misma que vestía la noche que apareció el cometa, necesitaba mirarme en el espejo de agua de la fuente.
Intenté romper la promesa, contar la experiencia que había vivido, la fabulosa estrella que había iluminado mi niñez, estaba lejos, no me escucharía.
Trato de modular las primeras palabras, una estrella fugaz cae a mi lado, en ese instante percibo que nunca más, mis ojos observarán la luz.
Para observarlo mejor nos alejamos de la ciudad, elegimos un lugar descampado, el lugar olía a pasto y flores silvestres, las luciérnagas volaban bajito, intentando iluminar el camino.
Los grillos cantaban melodías monocordes, la luna orgullosa se había escondido.
El cielo salpicado de infinitas estrellas era el escenario perfecto para el desplazamiento de ese gigante luminoso.
Antes de la medianoche, con parsimonia surcó el espacio, la cabeza plateada le hacía un guiño a las estrellas, una larga cola dejaba una estela brillante en su mágico recorrido.
No quería que se fuera, tendría que esperar décadas para verlo nuevamente.
Cuando desapareció de nuestras vistas, solté las manos de mi padre, quería correr,alcanzarlo, pedirle que me llevara a dar una vuelta por el universo, necesitaba tocar las estrellas.
Se produjo el milagro, el cometa me llevó a un paseo por otras galaxias, pude admirar los planetas en toda su dimensión, parecían globos multicolores suspendidos en el infinito.
Todo me producía placer, jugaba a ser grande y omnipotente, disfrutaba el momento, tal vez esas emociones no se volverían a repetir.
Comenzó a descender, emprendíamos el regreso, como un pájaro replegaba mis alas imaginarias.
El tiempo en el espacio no se mide, le rogué me dejara en el mismo lugar.
En ese instante comprendí que estaba sola en un lugar desconocido, no encontraba las manos de mi padre, el lugar era diferente, altos edificios ocupaban el sitio que antes había sido un descampado.
Corrí hasta una plaza, luces de mercurio le daban un aspecto fantasmagórico.
Halley me había advertido que no debía contar nada.
Las sombras de la noche me acechaban, cerca de una fuente un viejito contaba las estrellas.
A medida que me acercaba notaba que mi ropa no era la misma que vestía la noche que apareció el cometa, necesitaba mirarme en el espejo de agua de la fuente.
Intenté romper la promesa, contar la experiencia que había vivido, la fabulosa estrella que había iluminado mi niñez, estaba lejos, no me escucharía.
Trato de modular las primeras palabras, una estrella fugaz cae a mi lado, en ese instante percibo que nunca más, mis ojos observarán la luz.
Tuesday, November 20, 2007
CUMPLIR UN SUEÑO
Escribió cientos de historias, casi todas ajenas, todo la inspiraba, hasta el aleteo de una mariposa, se sentía identificada con los colores, esos mismos que tiene el arco iris después de una tormenta.
La imaginación la llevó a recorrer mil lugares, en todos despertaba la belleza.Muchas veces se encontró transitando paisajes lejanos.
Asombrada asistía a fiestas palaciegas, allí encontraba motivo para sus textos, faraones que morían antes de despertar a la vida, amores sin semillas.
Admiraba a esas mujeres que podían lucir trajes de época, en cada gema que brillaba en las diademas, ella encontraba motivos para llamar a sus musas.
Hoy nuestra protagonista está en el Monte Sinaí, le esperan muchos escalones para llegar a las puertas del cielo, rojizo acortará la distancia para llegar a la cima, balcón de las estrellas.
Se pregunta ¿Podré llegar a ellas?.
La mochila está cargada de recuerdos, tantos que podrían conformar otra vida.
Fotografía y filma cada momento, quiere capturar todo, la memoria no alcanza.
De regreso a su hogar, después de haber atravesado miles de kilómetros, enciende la computadora, será ella, quien guarde todas las imágenes del tiempo compartido.
La tecnología intenta borrar todo lo vivido, es imposible, esa fría máquina guardará en su corazón las experiencias.
En su corto tránsito por el mundo de las letras pudo atesorar riquezas, los océanos eran agua mansa que a veces agitaba el viento, ellas le traían sentimientos.
Conoció todos los mundos, necesitó ir más allá de las palabras, jamás pensó que encontraría el silencio, se resistía al ocaso.
Sabía que ello pasaba asiduamente, sin embargo su espíritu aventurero renegaba de esas pautas ingratas.
Prefería guardar las imágenes que le devolvían alegría, esas que le mostraban todos los verdes del universo, las mismas que eran capaces de transmitir todos los aromas, el de las flores frescas que descansaban en un florero, o aquél que el tiempo inexorable las transformaba en pétalos sin vida.
Quería salir de esa jaula perfecta, volar como los pájaros libres en primavera.
Un golpe la trajo a la realidad, se resistía con fuerzas, no quería vivir el mundo horrible que se presentaba ante sus ojos.
Necesitaba seguir soñando, buscó la manera de acercarse a Dios, solo lograría llegar a Él, despojándose de todo.
La brisa golpeaba los cristales de la ventana, allí observó ángeles sin alas, sin sentimientos.
Tomó valor, se arrojó al vacío.
Encontraron su cuerpo inerte, en su bello rostro se dibujaba una sonrisa, por fin, estaría cerca de ellos.
La muerte la convertiría en aquello que siempre había ansiado, llegar a todos , ajena a realidad hiriente.Había cumplido su sueño eterno.
La imaginación la llevó a recorrer mil lugares, en todos despertaba la belleza.Muchas veces se encontró transitando paisajes lejanos.
Asombrada asistía a fiestas palaciegas, allí encontraba motivo para sus textos, faraones que morían antes de despertar a la vida, amores sin semillas.
Admiraba a esas mujeres que podían lucir trajes de época, en cada gema que brillaba en las diademas, ella encontraba motivos para llamar a sus musas.
Hoy nuestra protagonista está en el Monte Sinaí, le esperan muchos escalones para llegar a las puertas del cielo, rojizo acortará la distancia para llegar a la cima, balcón de las estrellas.
Se pregunta ¿Podré llegar a ellas?.
La mochila está cargada de recuerdos, tantos que podrían conformar otra vida.
Fotografía y filma cada momento, quiere capturar todo, la memoria no alcanza.
De regreso a su hogar, después de haber atravesado miles de kilómetros, enciende la computadora, será ella, quien guarde todas las imágenes del tiempo compartido.
La tecnología intenta borrar todo lo vivido, es imposible, esa fría máquina guardará en su corazón las experiencias.
En su corto tránsito por el mundo de las letras pudo atesorar riquezas, los océanos eran agua mansa que a veces agitaba el viento, ellas le traían sentimientos.
Conoció todos los mundos, necesitó ir más allá de las palabras, jamás pensó que encontraría el silencio, se resistía al ocaso.
Sabía que ello pasaba asiduamente, sin embargo su espíritu aventurero renegaba de esas pautas ingratas.
Prefería guardar las imágenes que le devolvían alegría, esas que le mostraban todos los verdes del universo, las mismas que eran capaces de transmitir todos los aromas, el de las flores frescas que descansaban en un florero, o aquél que el tiempo inexorable las transformaba en pétalos sin vida.
Quería salir de esa jaula perfecta, volar como los pájaros libres en primavera.
Un golpe la trajo a la realidad, se resistía con fuerzas, no quería vivir el mundo horrible que se presentaba ante sus ojos.
Necesitaba seguir soñando, buscó la manera de acercarse a Dios, solo lograría llegar a Él, despojándose de todo.
La brisa golpeaba los cristales de la ventana, allí observó ángeles sin alas, sin sentimientos.
Tomó valor, se arrojó al vacío.
Encontraron su cuerpo inerte, en su bello rostro se dibujaba una sonrisa, por fin, estaría cerca de ellos.
La muerte la convertiría en aquello que siempre había ansiado, llegar a todos , ajena a realidad hiriente.Había cumplido su sueño eterno.
Sunday, November 18, 2007
LAS FLORES DEL REY
Ajenatón daba las últimas órdenes para la construcción del nuevo palacio, allí viviría el faraón con sus esposas, estaba construido en una colina serpenteada por el río Nilo.
La imágen era imponente, se erigía fastuoso ocupando varias hectáreas, rodeado de jardines en los que se podía apreciar la belleza de los sicomoros, dátiles e higueras bajas.
El parque tenía continuidad en el fondo, estanques de agua dulce cobijaban peces multicolores, que hacían contraste con las plantas acuáticas, cerca de las mandrágoras se levantaba otra edificación más pequeña de singular belleza.
Ese sitio sería habitado por el hombre de confianza del rey.
Kames confeccionaba cilindros de madera tallada , allí se guardarían los papiros o flores del rey para que éste los utilizara, también cultivaba las plantas que el tiempo transformaría en papel.
El monarca estaba en búsqueda de otra esposa para sumar a su harén.
Tomó un papiro, con una pluma de oro le escribiría a la mujer que había conocido en una fiesta, la escritura sería acompañada por una máscara de oro, los artesanos la crearon imitando el rostro de la bella joven.
Nefertiti , una mujer rodeada de misterios, demoró en agradecer el obsequio, lo haría en la reunión a la que había sido invitada.
Esa noche todos lucían sus mejores galas,licores y frutas, acortaban la espera.
Las puertas de la residencia imperial se abrieron para recibirla, las liras sonaban suavemente, en instantes se coronaría a otra reina.
El faraón colocó sobre la cabeza de la bella muchacha una diadema de brillantes, haciéndole entrega de un cilindro de madera que contenía los famosos papiros o flores del rey, a través de ellos se comunicarían.
Finalizada la ceremonia se dirigieron a la sala que ocupaba los tronos, ambos eran muy parecidos, la madera tenía incrustaciones de piedras preciosas, pinturas de la época adornaban los respaldos, los brazos terminaban con la cabeza de un león,una pesada cortina se descorrió para que todos admiraran a la nueva pareja.
Se amaron con pasión.
Con Nefertiti el monarca engendró seis hijas,la opulencia deslumbraba a la mujer.
Pasó el tiempo, sus hijas eran grandes, ella encontró otro amor, a éste no lo compartiría con nadie.
Una noche llamó a una doncella, preparó su equipaje, el único bien que se llevaría sería la máscara de oro, lo demás quedaría en el palacio.
Nadie supo cuál fue el destino de la soberana, su hija mayor la sucedió en el trono, la buscaron un tiempo, jamás la encontraron.
Nadie pudo olvidar los rasgos perfectos de esa mujer misteriosa.
Se sucedieron las dinastías, ella aún permanece cautiva en las pinturas de la época.
Su alma liberada encontró la felicidad en brazos de otro hombre, su recuerdo permanece etéreo en el tiempo.
La imágen era imponente, se erigía fastuoso ocupando varias hectáreas, rodeado de jardines en los que se podía apreciar la belleza de los sicomoros, dátiles e higueras bajas.
El parque tenía continuidad en el fondo, estanques de agua dulce cobijaban peces multicolores, que hacían contraste con las plantas acuáticas, cerca de las mandrágoras se levantaba otra edificación más pequeña de singular belleza.
Ese sitio sería habitado por el hombre de confianza del rey.
Kames confeccionaba cilindros de madera tallada , allí se guardarían los papiros o flores del rey para que éste los utilizara, también cultivaba las plantas que el tiempo transformaría en papel.
El monarca estaba en búsqueda de otra esposa para sumar a su harén.
Tomó un papiro, con una pluma de oro le escribiría a la mujer que había conocido en una fiesta, la escritura sería acompañada por una máscara de oro, los artesanos la crearon imitando el rostro de la bella joven.
Nefertiti , una mujer rodeada de misterios, demoró en agradecer el obsequio, lo haría en la reunión a la que había sido invitada.
Esa noche todos lucían sus mejores galas,licores y frutas, acortaban la espera.
Las puertas de la residencia imperial se abrieron para recibirla, las liras sonaban suavemente, en instantes se coronaría a otra reina.
El faraón colocó sobre la cabeza de la bella muchacha una diadema de brillantes, haciéndole entrega de un cilindro de madera que contenía los famosos papiros o flores del rey, a través de ellos se comunicarían.
Finalizada la ceremonia se dirigieron a la sala que ocupaba los tronos, ambos eran muy parecidos, la madera tenía incrustaciones de piedras preciosas, pinturas de la época adornaban los respaldos, los brazos terminaban con la cabeza de un león,una pesada cortina se descorrió para que todos admiraran a la nueva pareja.
Se amaron con pasión.
Con Nefertiti el monarca engendró seis hijas,la opulencia deslumbraba a la mujer.
Pasó el tiempo, sus hijas eran grandes, ella encontró otro amor, a éste no lo compartiría con nadie.
Una noche llamó a una doncella, preparó su equipaje, el único bien que se llevaría sería la máscara de oro, lo demás quedaría en el palacio.
Nadie supo cuál fue el destino de la soberana, su hija mayor la sucedió en el trono, la buscaron un tiempo, jamás la encontraron.
Nadie pudo olvidar los rasgos perfectos de esa mujer misteriosa.
Se sucedieron las dinastías, ella aún permanece cautiva en las pinturas de la época.
Su alma liberada encontró la felicidad en brazos de otro hombre, su recuerdo permanece etéreo en el tiempo.
Friday, November 16, 2007
TU SOMBRA
Terminó la mentira aquella tarde que fuimos a comprar los anillos que sellarían nuestro amor, ellos cerrarían con un círculo de oro nuestro amor casi perfecto.
La primera vez recorrí miles de kilómetros para encontrarte, el auto transitaba velozmente la cinta asfáltica comiéndose la ruta que me llevaría a tus brazos.
Si en ese instante la felicidad hubiera tenido nombre, seguramente serían los nuestros.
Al atardecer el cielo teñido de rosa, sería testigo de nuestro primer beso.
Compartimos todo, los días eran agua en calma, las noches fuego.
Hicimos planes para el futuro, ambos estábamos de acuerdo, no renunciaríamos a nuestras vidas profesionales, no queríamos opacar los sentimientos.
Hoy fuí a buscar las llaves de la casa que habitaríamos juntos, no llegaste a verla.
El arquitecto no olvidó ningún detalle, el frente es de piedra, los techos de tejuelas permitirían que la nieve se deslizara en invierno, dejó espacio en el frente,sabiendo que la jardinería es uno de mis pasatiempos, de las ventanas cuelgan maceteros con plantas perennes.
En el fondo, la piscina y los vestuarios para nuestros invitados.
Al mirarla vi tu figura en el agua, como aquella tarde en la joyería no estabas solo, un niño pequeño tomaba fuertemente tu mano.
Si te hubieras sincerado en aquel momento, hoy no estaría hablando en tiempo pasado.
Seguramente no pensaste que comprendería que ese chiquito, por sobre todas las cosas era sangre de tu sangre, jamás lo hubiera alejado de tu lado.
Agito el agua para borrar las imágenes.
Las primeras gotas de lluvia se confunden con mis lágrimas.
Cierro la puerta de la casa que no estrenamos, entregaré las llaves en la inmobiliaria para que la vendan.
Emprendo el regreso, enrejaré en mi corazón los recuerdos compartidos.
Por primera vez sonrío, tomé el camino correcto.
Tu sombra escapa una vez más, esta noche será para siempre.
La primera vez recorrí miles de kilómetros para encontrarte, el auto transitaba velozmente la cinta asfáltica comiéndose la ruta que me llevaría a tus brazos.
Si en ese instante la felicidad hubiera tenido nombre, seguramente serían los nuestros.
Al atardecer el cielo teñido de rosa, sería testigo de nuestro primer beso.
Compartimos todo, los días eran agua en calma, las noches fuego.
Hicimos planes para el futuro, ambos estábamos de acuerdo, no renunciaríamos a nuestras vidas profesionales, no queríamos opacar los sentimientos.
Hoy fuí a buscar las llaves de la casa que habitaríamos juntos, no llegaste a verla.
El arquitecto no olvidó ningún detalle, el frente es de piedra, los techos de tejuelas permitirían que la nieve se deslizara en invierno, dejó espacio en el frente,sabiendo que la jardinería es uno de mis pasatiempos, de las ventanas cuelgan maceteros con plantas perennes.
En el fondo, la piscina y los vestuarios para nuestros invitados.
Al mirarla vi tu figura en el agua, como aquella tarde en la joyería no estabas solo, un niño pequeño tomaba fuertemente tu mano.
Si te hubieras sincerado en aquel momento, hoy no estaría hablando en tiempo pasado.
Seguramente no pensaste que comprendería que ese chiquito, por sobre todas las cosas era sangre de tu sangre, jamás lo hubiera alejado de tu lado.
Agito el agua para borrar las imágenes.
Las primeras gotas de lluvia se confunden con mis lágrimas.
Cierro la puerta de la casa que no estrenamos, entregaré las llaves en la inmobiliaria para que la vendan.
Emprendo el regreso, enrejaré en mi corazón los recuerdos compartidos.
Por primera vez sonrío, tomé el camino correcto.
Tu sombra escapa una vez más, esta noche será para siempre.
Tuesday, November 13, 2007
SUEÑO DE POETAS
El tiempo se detuvo en un lugar encantado, no sabía de qué se trataba.
Todo lo nuevo tiene misterio, me quedé un rato mirando, hasta que por fin decidí, luego de largas cavilaciones, quedarme en ese sitio.
Conocí muchos seres humanos sin rostro, en mis ratos libres, dibujaba sus siluetas,les otorgaba un nombre.
En ese tiempo que la máquina se tomó un descanso aproveché para adquirir conocimientos.Ese espacio era el único sitio que nos hermanaba, éramos todos tejedores, no lo hacíamos con hilo, tampoco con lana, enhebrábamos palabras, hasta formar un rosario de cuentas infínitas.No teníamos espacio o tiempo.
Conocimos lugares de singular belleza,lentamente atravesamos los mares del mundo.
A veces el mar estaba en calma, otras era agitado por alguna tormenta, en ese momento nos confundíamos en un abrazo, en la cubierta aplaudíamos la llegada del sol, las aguas se tranquilizaban, instante que utilizábamos para conocernos un poco más.
Las gaviotas seguían la estela del barco, formaban cualquier letra, atravesaban millas para conseguir una miguita de pan.
Conocimos palabras que no eran propias de nuestro acerbo, las incorporamos para enriquecer nuestro idioma.
Antes de llegar a destino, se celebraría una fiesta, los salones de la embarcación tenían mesas cubiertas de flores, las velas alumbraban el espacio, la música invitaba al baile.
Apareció en escena el capitán de la nave, comunicó a los viajeros que una tormenta tropical se avecinaba, para preservar la vida de los pasajeros, decidió anclar el crucero en una isla, casi todos permanecieron en el barco.
A medianoche el ancla se incrustaba en la arena, despertando a los peces que habitaban el fondo del océano.
Muchos se dirigieron a los camarotes, otros se dedicaron a admirar la noche, las estrellas brillaban como luciérnagas.
Reinaba la calma.
En la inmensidad del lugar la mayoría abrió sus corazones, allí supimos de sus sueños, también conocimos la indiferencia de otros pasajeros que se perdían el espectáculo que brindaba la naturaleza.
Los seres sin nombre adquirieron identidades propias.
El amanecer los sorprendió a casi todos, los que tenían cierta sensibilidad, emocionados miraban salir el sol semi escondido en el agua.
En ese instante el capitán notificó que el viaje seguía, en unas horas amarrarían en el destino fijado, la isla de los poetas.
Pidió a uno de los marineros que verificara si el pasaje estaba completo, allí se dieron cuenta que muchos habían desertado de continuar la aventura.
Nuevos viajeros, abordarían la embarcación, era la única forma de continuar el sueño de los poetas.
La máquina del tiempo despertó de su letargo, desplegó sus alas para contenerlos a todos.
Sonriente impartió la órden : Sigue el viaje, continúan los sueños.
Todo lo nuevo tiene misterio, me quedé un rato mirando, hasta que por fin decidí, luego de largas cavilaciones, quedarme en ese sitio.
Conocí muchos seres humanos sin rostro, en mis ratos libres, dibujaba sus siluetas,les otorgaba un nombre.
En ese tiempo que la máquina se tomó un descanso aproveché para adquirir conocimientos.Ese espacio era el único sitio que nos hermanaba, éramos todos tejedores, no lo hacíamos con hilo, tampoco con lana, enhebrábamos palabras, hasta formar un rosario de cuentas infínitas.No teníamos espacio o tiempo.
Conocimos lugares de singular belleza,lentamente atravesamos los mares del mundo.
A veces el mar estaba en calma, otras era agitado por alguna tormenta, en ese momento nos confundíamos en un abrazo, en la cubierta aplaudíamos la llegada del sol, las aguas se tranquilizaban, instante que utilizábamos para conocernos un poco más.
Las gaviotas seguían la estela del barco, formaban cualquier letra, atravesaban millas para conseguir una miguita de pan.
Conocimos palabras que no eran propias de nuestro acerbo, las incorporamos para enriquecer nuestro idioma.
Antes de llegar a destino, se celebraría una fiesta, los salones de la embarcación tenían mesas cubiertas de flores, las velas alumbraban el espacio, la música invitaba al baile.
Apareció en escena el capitán de la nave, comunicó a los viajeros que una tormenta tropical se avecinaba, para preservar la vida de los pasajeros, decidió anclar el crucero en una isla, casi todos permanecieron en el barco.
A medianoche el ancla se incrustaba en la arena, despertando a los peces que habitaban el fondo del océano.
Muchos se dirigieron a los camarotes, otros se dedicaron a admirar la noche, las estrellas brillaban como luciérnagas.
Reinaba la calma.
En la inmensidad del lugar la mayoría abrió sus corazones, allí supimos de sus sueños, también conocimos la indiferencia de otros pasajeros que se perdían el espectáculo que brindaba la naturaleza.
Los seres sin nombre adquirieron identidades propias.
El amanecer los sorprendió a casi todos, los que tenían cierta sensibilidad, emocionados miraban salir el sol semi escondido en el agua.
En ese instante el capitán notificó que el viaje seguía, en unas horas amarrarían en el destino fijado, la isla de los poetas.
Pidió a uno de los marineros que verificara si el pasaje estaba completo, allí se dieron cuenta que muchos habían desertado de continuar la aventura.
Nuevos viajeros, abordarían la embarcación, era la única forma de continuar el sueño de los poetas.
La máquina del tiempo despertó de su letargo, desplegó sus alas para contenerlos a todos.
Sonriente impartió la órden : Sigue el viaje, continúan los sueños.
Monday, November 12, 2007
CICATRICES
Las cicatrices que tenía en el rostro permanecían, el dolor por haber matado al ser amado las profundizaba, parecía que la máquina del tiempo había detenido todo.
Una amiga la llevó al consultorio de un cirujano, éste hacía menos de un año había realizado un trasplante de rostro en una mujer que había sido atacada por su mascota.
Ella no quería tener facciones ajenas, necesitaba borrar las cicatrices que había dejado el fatal accidente, no estaban solo en su cara, también tenía herida el alma y para ello no había remedio.
En la primera entrevista el especialista la tranquilizó, no efecuaría un transplante, solo haría cirugía reparadora.
El proceso sería largo, muchas veces entraría al quirófano para reencontrarse con su cara verdadera.
Preparó el bolso, había llegado el día de la primera operación, a ellas le sucederían otras.
Anestesiada soñaba con el hombre de su vida, recordaba cada momento que habían pasado juntos, el último viaje antes de la tragedia.
Caminaban juntos a orillas del mar Caribe, las aguas azules se confundían con la mirada de ella, jugaban en la arena, el atardecer los encontraba esperando mirar el sol que se escondía para dar paso a los destellos de la luna, las estrellas titilaban.
Un paisaje perfecto, rodeado de vegetación, flores exóticas crecían en los canteros, Él cortaba una, para prenderla de sus cabellos.
La noche era cómplice de ese amor fogoso, las siluetas se unían hasta formar una sola, reinaban las caricias.
Al despertar de la anestesia lloraba, le habían interrumpido la magia de seguir soñando.
Las operaciones se sucedían, su rostro se asemejaba al que había perdido, hacía bastante tiempo.
Siguió las instrucciones del médico, éste la cuidaba con cariño, la contenía.
Por fin se había repuesto, una noche el cirujano la invitó a salir, irían al lugar que ella quisiera.
A la luz de las velas le declaró su amor, su obra había finalizado, estaba hermosa, tal cual él la había soñado.
No quedaban rastros de las cicatrices, pero ella se había quedado detenida en otros tiempos,seguía extrañando al hombre que no pudo terminar su propuesta de casamiento.
Su mirada se tornó gélida, las lágrimas surcaban el rostro nuevo, se alejó apresurada, en su casa estaban las llaves del departamento que había compartido con el hombre de su vida.
Buscó el revólver, el mismo con que había disparado a su amor .
Había planeado todos los detalles, el sitio estaba perfumado, las velas ardían en los candelabros, la música acompañaba la escena, dirigió el arma a su corazón, un disparo certero terminó con su vida.
Cuando la encontraron sonreía, había llegado el momento de reunirse con el hombre al que había disparado.
Eternamnete ahora estarían juntos, en el sitio donde no existe el espacio y el tiempo.
Una amiga la llevó al consultorio de un cirujano, éste hacía menos de un año había realizado un trasplante de rostro en una mujer que había sido atacada por su mascota.
Ella no quería tener facciones ajenas, necesitaba borrar las cicatrices que había dejado el fatal accidente, no estaban solo en su cara, también tenía herida el alma y para ello no había remedio.
En la primera entrevista el especialista la tranquilizó, no efecuaría un transplante, solo haría cirugía reparadora.
El proceso sería largo, muchas veces entraría al quirófano para reencontrarse con su cara verdadera.
Preparó el bolso, había llegado el día de la primera operación, a ellas le sucederían otras.
Anestesiada soñaba con el hombre de su vida, recordaba cada momento que habían pasado juntos, el último viaje antes de la tragedia.
Caminaban juntos a orillas del mar Caribe, las aguas azules se confundían con la mirada de ella, jugaban en la arena, el atardecer los encontraba esperando mirar el sol que se escondía para dar paso a los destellos de la luna, las estrellas titilaban.
Un paisaje perfecto, rodeado de vegetación, flores exóticas crecían en los canteros, Él cortaba una, para prenderla de sus cabellos.
La noche era cómplice de ese amor fogoso, las siluetas se unían hasta formar una sola, reinaban las caricias.
Al despertar de la anestesia lloraba, le habían interrumpido la magia de seguir soñando.
Las operaciones se sucedían, su rostro se asemejaba al que había perdido, hacía bastante tiempo.
Siguió las instrucciones del médico, éste la cuidaba con cariño, la contenía.
Por fin se había repuesto, una noche el cirujano la invitó a salir, irían al lugar que ella quisiera.
A la luz de las velas le declaró su amor, su obra había finalizado, estaba hermosa, tal cual él la había soñado.
No quedaban rastros de las cicatrices, pero ella se había quedado detenida en otros tiempos,seguía extrañando al hombre que no pudo terminar su propuesta de casamiento.
Su mirada se tornó gélida, las lágrimas surcaban el rostro nuevo, se alejó apresurada, en su casa estaban las llaves del departamento que había compartido con el hombre de su vida.
Buscó el revólver, el mismo con que había disparado a su amor .
Había planeado todos los detalles, el sitio estaba perfumado, las velas ardían en los candelabros, la música acompañaba la escena, dirigió el arma a su corazón, un disparo certero terminó con su vida.
Cuando la encontraron sonreía, había llegado el momento de reunirse con el hombre al que había disparado.
Eternamnete ahora estarían juntos, en el sitio donde no existe el espacio y el tiempo.
Sunday, November 11, 2007
EN LAS PUERTAS DEL CIELO
A los pies del Aconcagua, techo de occidente, se encuentra emplazado un observatorio.
Cientos de científicos trabajan en el lugar, hoy para ellos será un día diferente, trabajan las veinticuatro horas del día, en diversos turnos son los guardianes del espacio en la tierra.
El lugar es agreste, situado en la ladera sur de la montaña, permite observar la actividad del cielo y la tierra, rectas columnas sostienen los cristales, como en una nave espacial se acomoda el instrumental, las computadoras están enfocando un objeto desconocido hasta ahora.
Afuera, algunos andinistas intrépidos comienzan la ascensión al pico más alto, en sus espaldas llevan todo lo necesario para escalarlo, una radio los mantendrá comunicados cuando estén en los descansos más elevados.
El día diáfano invita a la aventura, el sol calienta los cuerpos, toman algo caliente al pié de la montaña, las flores agregan color al lugar, es un parque visitado por turistas de todos los países.
Esta vez el contingente está integrado por argentinos, junto a ellos viajará un astrónomo con sus asistentes, juntos instalarán un pequeño observatorio, a cuatro mil metros de altura.
Los senderos escarpados tienen una belleza indescriptible, allí la máquina del tiempo parece haberse detenido para convertirse en vigía de tanta belleza.
Demoran varios días en llegar al último campamento que les permitirá a los científicos contactarse con el laboratorio.El paisaje ha cambiado, la vegetación desapareció para dar lugar a la desnudez de las piedras, todos los colores se encuentran en ellas.El viento blanco impide la colocación de los telescopios, arman las carpas cerca del puesto de gendarmería, los turistas siguen con la aventura, en pocos días alcanzarán la cima de la montaña.
Las bolsas de dormir mitigan el frío, uno de los astrónomos dice que hablará con Dios para rogarle que el tiempo cambie, sus compañeros lo miran extrañados, pero no dicen nada.
El día los sorprende con su magnificencia, trabajarán colocando todos los aparatos, la tarde cae obsequiando matices rosados.
Sergio permaneció todo el tiempo en silencio, acompañado por los recuerdos de la familia, hasta cree escuchar las sonoras carcajadas de sus pequeños hijos.
Todo está preparado, en las puertas del cielo, enfocan los modernos telescopios, no pueden dar crédito a la magnificencia que aparece ante sus ojos.
Multiplicidad de colores están en la nueva galaxia, la belleza es indescriptible, verdes que mutan al azul, rosados intensos, nuevas estrellas que brillan como diamantes, es un estallido de luces multicromáticas.
Se comunican por radio, hay interferencias por la altura, al pié de la montaña científicos argentinos descubrieron junto a los que como pájaros se encuentran en otro espacio, esa nueva porción del universo.
En el observatorio brindan por el hallazgo, esperan que sus compañeros comiencen el descenso para abrazarlos.
Mañana serán tapa de todos los diarios, la nueva galaxia está a millones de años luz de la tierra, sin embargo ellos no piensan explorarla, solo anhelan que sea una buena noticia para todos los que viven en la tierra.
Esa nueva constelación descubierta por nuestros hermanos, quizás sea el comienzo de una nueva era, tal vez sea el camino para vivir en paz y concordia, aún cuando esté lejana en el tiempo.
Cientos de científicos trabajan en el lugar, hoy para ellos será un día diferente, trabajan las veinticuatro horas del día, en diversos turnos son los guardianes del espacio en la tierra.
El lugar es agreste, situado en la ladera sur de la montaña, permite observar la actividad del cielo y la tierra, rectas columnas sostienen los cristales, como en una nave espacial se acomoda el instrumental, las computadoras están enfocando un objeto desconocido hasta ahora.
Afuera, algunos andinistas intrépidos comienzan la ascensión al pico más alto, en sus espaldas llevan todo lo necesario para escalarlo, una radio los mantendrá comunicados cuando estén en los descansos más elevados.
El día diáfano invita a la aventura, el sol calienta los cuerpos, toman algo caliente al pié de la montaña, las flores agregan color al lugar, es un parque visitado por turistas de todos los países.
Esta vez el contingente está integrado por argentinos, junto a ellos viajará un astrónomo con sus asistentes, juntos instalarán un pequeño observatorio, a cuatro mil metros de altura.
Los senderos escarpados tienen una belleza indescriptible, allí la máquina del tiempo parece haberse detenido para convertirse en vigía de tanta belleza.
Demoran varios días en llegar al último campamento que les permitirá a los científicos contactarse con el laboratorio.El paisaje ha cambiado, la vegetación desapareció para dar lugar a la desnudez de las piedras, todos los colores se encuentran en ellas.El viento blanco impide la colocación de los telescopios, arman las carpas cerca del puesto de gendarmería, los turistas siguen con la aventura, en pocos días alcanzarán la cima de la montaña.
Las bolsas de dormir mitigan el frío, uno de los astrónomos dice que hablará con Dios para rogarle que el tiempo cambie, sus compañeros lo miran extrañados, pero no dicen nada.
El día los sorprende con su magnificencia, trabajarán colocando todos los aparatos, la tarde cae obsequiando matices rosados.
Sergio permaneció todo el tiempo en silencio, acompañado por los recuerdos de la familia, hasta cree escuchar las sonoras carcajadas de sus pequeños hijos.
Todo está preparado, en las puertas del cielo, enfocan los modernos telescopios, no pueden dar crédito a la magnificencia que aparece ante sus ojos.
Multiplicidad de colores están en la nueva galaxia, la belleza es indescriptible, verdes que mutan al azul, rosados intensos, nuevas estrellas que brillan como diamantes, es un estallido de luces multicromáticas.
Se comunican por radio, hay interferencias por la altura, al pié de la montaña científicos argentinos descubrieron junto a los que como pájaros se encuentran en otro espacio, esa nueva porción del universo.
En el observatorio brindan por el hallazgo, esperan que sus compañeros comiencen el descenso para abrazarlos.
Mañana serán tapa de todos los diarios, la nueva galaxia está a millones de años luz de la tierra, sin embargo ellos no piensan explorarla, solo anhelan que sea una buena noticia para todos los que viven en la tierra.
Esa nueva constelación descubierta por nuestros hermanos, quizás sea el comienzo de una nueva era, tal vez sea el camino para vivir en paz y concordia, aún cuando esté lejana en el tiempo.
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