Cuando finalmente mi coartada falló, era lo que repetía una y mil veces esa mujer de gesto adusto, tomaba su cabeza con sus manos y temía enfrentarse a la verdad.
Era la mujer más bella, vivía en algún lugar de la tierra, sitio que no pudo admirar debido a sus flaquezas.
Sus ojos que alguna vez habían sido bellos, su mirada tierna, hoy mostraban un odio que no sabía a ciencia cierta de donde provenía.
Su andar de gacela era admirado por todas las mujeres del pueblo, todos querían copiar su don de gente, por donde caminaba dejaba la estela de su exquisito perfume, como mujer que sabe caminar por el mundo, vestía las mejores ropas, aquellas que realzaban su figura de muñeca.
Cuando el sol estaba abrazando a la tierra sus rayos se confundían con sus cabellos de oro, siempre llevaba en sus manos un rosario y flores silvestres para llevar a la iglesia del pueblo. Ante Dios, desnudó su alma, a El le contó de sus luchas internas, tal vez la amargura que deja una partida temprana.
Solo Dios sabía que ésta mujer tenía un secreto, a El podía confesarle sus infortunios.
Sus ojos vacíos eran incapaces de admirar la naturaleza, no veía el aletear de los pájaros que surcaban el cielo, tan azul como sus ojos, no escuchaba sus trinos, esos que a otros mortales le regalaban la más dulce de las melodías.
No veía la luna regalando sus hebras de plata, tampoco el titilar de una estrella.
Hoy esa dama pasea con sus fantasmas del pasado, solo sabe que será absolutamente libre cuando la verdad florezca.
Saturday, November 25, 2006
Thursday, November 23, 2006
CELOS
Cuando finalmente mi coartada falló, confesé que lo maté por amor.
La oficina era chica, fría, las paredes descascaradas por el tiempo, a un lado un armario que contenía expedientes, tapas de cartulinas que escondían otras historias.
Frente a mi, un sillón que alguna vez fue rojo como era mi pasión, un reloj que al marcar los segundos late tan fuerte como mi corazón.
Puedo escuchar el sonido del silencio, en el pasillo retumban las pisadas, se escuchan gemidos y llantos de otros que están perdidos como yo.
Llega mi verdugo, me observa y le pide al oficial que me acompaña que me quite las esposas.
Siento que mis manos libres pueden volar como pájaros.
Con tono burlón comienza el interrogatorio.
Ante él, desnudo mi alma.
Conocí a Julio hace cinco años, me esperaba a la salida del secundario, mis padres no lo querían,bastaba con el amor que yo le profesaba.
Nos fuímos a vivir a una casa chiquita en la ladera de la montaña, el paisaje se asemejaba a las pinceladas de un cuadro, frente a nuestro jardín perfumado por las más bellas flores, corría el brazo de un lago, tan azul que reflejaban los ojos de mi amado.
Nuestro despertador era el trino de los ruiseñores, nuestra luz el sol que jugaba a salir de las aguas.
Era nuestro mundo ideal hasta que él cambió, se transformó en un ser hosco y agresivo.
A Julio ya no le importaba si por la noche del cielo pendía la luna o una estrella fugaz se llevaba mis deseos.
Sin motivo tomó vida la agresión, sus manos que antes eran caricias se convirtieron en tortura.
Mis ojos ya no tenían lágrimas para tanto dolor, esperé que se durmiera y con una daga atravesé su corazón.
Inmutable el juez escuchaba mi relato, garabateó en un papel algunos datos, con su cabeza hizo una señal.
Hoy camino por un largo pasillo tratando romper las rejas que se adueñaron de mi alma.
ella sabe que pronto nos encontraremos tal vez en otro lugar.
La oficina era chica, fría, las paredes descascaradas por el tiempo, a un lado un armario que contenía expedientes, tapas de cartulinas que escondían otras historias.
Frente a mi, un sillón que alguna vez fue rojo como era mi pasión, un reloj que al marcar los segundos late tan fuerte como mi corazón.
Puedo escuchar el sonido del silencio, en el pasillo retumban las pisadas, se escuchan gemidos y llantos de otros que están perdidos como yo.
Llega mi verdugo, me observa y le pide al oficial que me acompaña que me quite las esposas.
Siento que mis manos libres pueden volar como pájaros.
Con tono burlón comienza el interrogatorio.
Ante él, desnudo mi alma.
Conocí a Julio hace cinco años, me esperaba a la salida del secundario, mis padres no lo querían,bastaba con el amor que yo le profesaba.
Nos fuímos a vivir a una casa chiquita en la ladera de la montaña, el paisaje se asemejaba a las pinceladas de un cuadro, frente a nuestro jardín perfumado por las más bellas flores, corría el brazo de un lago, tan azul que reflejaban los ojos de mi amado.
Nuestro despertador era el trino de los ruiseñores, nuestra luz el sol que jugaba a salir de las aguas.
Era nuestro mundo ideal hasta que él cambió, se transformó en un ser hosco y agresivo.
A Julio ya no le importaba si por la noche del cielo pendía la luna o una estrella fugaz se llevaba mis deseos.
Sin motivo tomó vida la agresión, sus manos que antes eran caricias se convirtieron en tortura.
Mis ojos ya no tenían lágrimas para tanto dolor, esperé que se durmiera y con una daga atravesé su corazón.
Inmutable el juez escuchaba mi relato, garabateó en un papel algunos datos, con su cabeza hizo una señal.
Hoy camino por un largo pasillo tratando romper las rejas que se adueñaron de mi alma.
ella sabe que pronto nos encontraremos tal vez en otro lugar.
Thursday, November 16, 2006
VIAJE SIN TIEMPO
Marcia viaja a través del tiempo.
Se encuentra en un lugar árido, donde no crecen las flores.La arena inunda de dorado el paisaje, en unos minutos estará en la ciudad de sueños.
Su túnica blanca apenas cubre su cuerpo de diosa, en su cabeza de azabache colocan hojas de laurel dorado.Las cintas de su calzado resaltan la belleza de sus piernas bronceadas.
Con pasos firmes se dirige al museo, la brisa cálida juega con sus cabellos.
Asombrada observa el edificio, las columnas del frente parece que sostuvieran el tiempo, los techos son altos y vidriadoS para que la luz natural ilumine el espacio.
Extasiada se detiene delante de una vitrina, dentro de ella un viejo papiro reseña la historia de una diosa.
Un temblor recorre su cuerpo y desaparece.
Ahora está en el palacio del faraón.
Las cítaras regalan la más dulce de las melodías, las copas de vino se elevan para el brindis, el perfume de los jazmines embriaga el lugar invitando al placer, cada uva es un beso que se comparte.
Todo es alegría, danzas de fuego, labios que se unen cuerpos que se funden, promesas y amores
Ella que transmutó en Isis, ella que puede dar vida a la muerte, le grita al sol que se esconda, para dar paso a la noche y sus misterios.
Se encuentra en un lugar árido, donde no crecen las flores.La arena inunda de dorado el paisaje, en unos minutos estará en la ciudad de sueños.
Su túnica blanca apenas cubre su cuerpo de diosa, en su cabeza de azabache colocan hojas de laurel dorado.Las cintas de su calzado resaltan la belleza de sus piernas bronceadas.
Con pasos firmes se dirige al museo, la brisa cálida juega con sus cabellos.
Asombrada observa el edificio, las columnas del frente parece que sostuvieran el tiempo, los techos son altos y vidriadoS para que la luz natural ilumine el espacio.
Extasiada se detiene delante de una vitrina, dentro de ella un viejo papiro reseña la historia de una diosa.
Un temblor recorre su cuerpo y desaparece.
Ahora está en el palacio del faraón.
Las cítaras regalan la más dulce de las melodías, las copas de vino se elevan para el brindis, el perfume de los jazmines embriaga el lugar invitando al placer, cada uva es un beso que se comparte.
Todo es alegría, danzas de fuego, labios que se unen cuerpos que se funden, promesas y amores
Ella que transmutó en Isis, ella que puede dar vida a la muerte, le grita al sol que se esconda, para dar paso a la noche y sus misterios.
Tuesday, November 14, 2006
PROHIBIDO CREER
Que este que emprendemos no será el viaje con que siempre hemos soñado.
Preparo mi maleta con las cosas que me pediste el vestido amarillo bordado, ese que usé cuando delante de Dios te prometí amor eterno.
En un frasquito pondré algo de arena y un poco del agua del mar que tanto amamos, ese mismo que fue testigo de nuestro amor,los juegos en la playa nuestro primer beso y la sublime entrega de nuestros cuerpos.
Del árbol que te gusta cortaré una flor para prender en mis cabellos
.Es hora de partir, ambos quisimos ser protagonistas de este viaje, alejada del aeropuerto nos espera una nave para llevarnos a toda velocidad a dar un paseo por el espacio.
Apuramos nuestros pasos nuestros sombreros se vuelan para posarse en la pista, serán lo único que demuestren que alguna vez estuvimos en la tierra.
Dentro del cubículo, cerca de los comandos observo u sobre y una flor, su perfume embriaga nuestro espacio.
Me pides que no la abra ahora, que deje de lado mi impaciencia, hasta más tarde.
Ajustamos nuestros cinturones a las butacas de ésta que será nuestra nueva casa.Lejos de los ojos que tanto nos dañaron, juntos observaremos la aparición de la primera estrella.
No viene sola, miles de ellas como luciérnagas titilan en el cielo de un color azul indescriptible, un poco más lejos vemos la luna en cuarto creciente.
Ese será nuestro lugar, ya llegamos, hace frío y tu abrazo le devuelve calor a mi cuerpo.
Robaremos de la luna un rayo plateado para que nos ilumine su luz potente nos permitirá vernos por fuera y por dentro.
En el centro de tu pecho viril palpita tu corazón, sus compases realizan una simbiosis con el mío.
Estamos alejados viviendo en el lugar donde viven quienes se aman de verdad, sin ataduras sin palabras que intenten socavar este sentir eterno, si más sentimientos que los nuestros, eso alcanza para que la imaginación haga brotar de un suelo árido el mas tierno de los sentimientos.
Alejados del egoísmo, de las palabras que hieren como una daga, aquí solo estamos, tú y yo para amarnos.
Algún día, nadie sabe cuando, ya que aquí no se mide el tiempo, nos hemos convertido en una parte del infinito regresaremos a la tierra, cuando haya paz, cuando las semillas de los sentimientos broten por todas partes, cuando todos los males hayan sido erradicados, cuando todos sepamos conjugar el verbo compartir y comprender que las estrellas solo están en el cielo, allí volveremos con la preciosa carga de nuestro hijo, para seguir sembrando lo que aprendimos, pero por sobre todas las cosas para que los humanos entiendan que no hay lazo más fuerto que el que tiene como eje un amor sincero.
Preparo mi maleta con las cosas que me pediste el vestido amarillo bordado, ese que usé cuando delante de Dios te prometí amor eterno.
En un frasquito pondré algo de arena y un poco del agua del mar que tanto amamos, ese mismo que fue testigo de nuestro amor,los juegos en la playa nuestro primer beso y la sublime entrega de nuestros cuerpos.
Del árbol que te gusta cortaré una flor para prender en mis cabellos
.Es hora de partir, ambos quisimos ser protagonistas de este viaje, alejada del aeropuerto nos espera una nave para llevarnos a toda velocidad a dar un paseo por el espacio.
Apuramos nuestros pasos nuestros sombreros se vuelan para posarse en la pista, serán lo único que demuestren que alguna vez estuvimos en la tierra.
Dentro del cubículo, cerca de los comandos observo u sobre y una flor, su perfume embriaga nuestro espacio.
Me pides que no la abra ahora, que deje de lado mi impaciencia, hasta más tarde.
Ajustamos nuestros cinturones a las butacas de ésta que será nuestra nueva casa.Lejos de los ojos que tanto nos dañaron, juntos observaremos la aparición de la primera estrella.
No viene sola, miles de ellas como luciérnagas titilan en el cielo de un color azul indescriptible, un poco más lejos vemos la luna en cuarto creciente.
Ese será nuestro lugar, ya llegamos, hace frío y tu abrazo le devuelve calor a mi cuerpo.
Robaremos de la luna un rayo plateado para que nos ilumine su luz potente nos permitirá vernos por fuera y por dentro.
En el centro de tu pecho viril palpita tu corazón, sus compases realizan una simbiosis con el mío.
Estamos alejados viviendo en el lugar donde viven quienes se aman de verdad, sin ataduras sin palabras que intenten socavar este sentir eterno, si más sentimientos que los nuestros, eso alcanza para que la imaginación haga brotar de un suelo árido el mas tierno de los sentimientos.
Alejados del egoísmo, de las palabras que hieren como una daga, aquí solo estamos, tú y yo para amarnos.
Algún día, nadie sabe cuando, ya que aquí no se mide el tiempo, nos hemos convertido en una parte del infinito regresaremos a la tierra, cuando haya paz, cuando las semillas de los sentimientos broten por todas partes, cuando todos los males hayan sido erradicados, cuando todos sepamos conjugar el verbo compartir y comprender que las estrellas solo están en el cielo, allí volveremos con la preciosa carga de nuestro hijo, para seguir sembrando lo que aprendimos, pero por sobre todas las cosas para que los humanos entiendan que no hay lazo más fuerto que el que tiene como eje un amor sincero.
Friday, November 10, 2006
EL TATUAJE
Para no creer que la vida se parece a la caja de Pandora.
De ella salen viajes con paisajes de arenas blancas, olas que juguetean en la playa donde una mujer a la que El Creador le regaló toda la belleza.
Hoy esa mujer se encuentra en un playa mirando como el sol quiere salir de las aguas para elevarse al cielo.
Admira los tonos naranjas con unos matices de grises que se escapan de la paleta de un pintor para regarlas en el universo que se confunden con el océano.
Con una ramita que cortó de un árbol lleno de flores garabatea un nombre en la arena.
¿Qué será de ese ser?
Recuerda que era moreno, alto y con una elegancia que no se puede describir con palabras.
Sus ojos de azabache invitaban a la aventura.
¿Cómo resistirse a sus encantos?.
Caminaba por la playa desierta, de sus brazos torneados por un escultor, colgaba una canasta de mimbre en ésta relucían las frutas de lugar.
Marcia en la playa seguía dibujando diferentes figuras, una sombra le anunció que alguien observaba sus juegos y podía adivinar sus pensamientos.
Lo miró extrañada, le llamó la atención un tatuaje que lucía en su brazo derecho, tenía forma de corazón y algunas estrellitas, pero se reservaba el lugar del nombre, para quien fuera compañera de su destino.
Pasaron varios días hasta que volvieron a encontrarse, el cuerpo de Marcia había tomado el color de los rayos del sol, su silueta impecable se destacaba en la playa, perlas saladas realzaban su cuerpo.
Llegó él, con su tatuaje cubierto, le explicó que había remplazado una estrella por una inicial, grande fue su sorpresa cuando vio una letra M.
No tuvo dudas esa noche se entregaría a los juegos que preludian el amor.
Extasiado el jugó con sus cabellos, bebió de sus labios el más dulce néctar, y cuando las estrellas titilaban en el cielo se confundieron sus cuerpos.
Un suave aroma a jazmines embriagaba la playa.
En ese momento él le confesó que las otras señales de su tatuaje serían cubiertas por el nombre de los hijos que tendrían algún día.
El primero fue bautizado con el nombre de Joshuá, era bonito y se asemejaba al nombre de EL Creador.
Los otros espacios aún no tienen nombre que los identifique, solo el tiempo podrá adjudicarle identidad a ese tatuaje.
De ella salen viajes con paisajes de arenas blancas, olas que juguetean en la playa donde una mujer a la que El Creador le regaló toda la belleza.
Hoy esa mujer se encuentra en un playa mirando como el sol quiere salir de las aguas para elevarse al cielo.
Admira los tonos naranjas con unos matices de grises que se escapan de la paleta de un pintor para regarlas en el universo que se confunden con el océano.
Con una ramita que cortó de un árbol lleno de flores garabatea un nombre en la arena.
¿Qué será de ese ser?
Recuerda que era moreno, alto y con una elegancia que no se puede describir con palabras.
Sus ojos de azabache invitaban a la aventura.
¿Cómo resistirse a sus encantos?.
Caminaba por la playa desierta, de sus brazos torneados por un escultor, colgaba una canasta de mimbre en ésta relucían las frutas de lugar.
Marcia en la playa seguía dibujando diferentes figuras, una sombra le anunció que alguien observaba sus juegos y podía adivinar sus pensamientos.
Lo miró extrañada, le llamó la atención un tatuaje que lucía en su brazo derecho, tenía forma de corazón y algunas estrellitas, pero se reservaba el lugar del nombre, para quien fuera compañera de su destino.
Pasaron varios días hasta que volvieron a encontrarse, el cuerpo de Marcia había tomado el color de los rayos del sol, su silueta impecable se destacaba en la playa, perlas saladas realzaban su cuerpo.
Llegó él, con su tatuaje cubierto, le explicó que había remplazado una estrella por una inicial, grande fue su sorpresa cuando vio una letra M.
No tuvo dudas esa noche se entregaría a los juegos que preludian el amor.
Extasiado el jugó con sus cabellos, bebió de sus labios el más dulce néctar, y cuando las estrellas titilaban en el cielo se confundieron sus cuerpos.
Un suave aroma a jazmines embriagaba la playa.
En ese momento él le confesó que las otras señales de su tatuaje serían cubiertas por el nombre de los hijos que tendrían algún día.
El primero fue bautizado con el nombre de Joshuá, era bonito y se asemejaba al nombre de EL Creador.
Los otros espacios aún no tienen nombre que los identifique, solo el tiempo podrá adjudicarle identidad a ese tatuaje.
Saturday, November 04, 2006
NAPOLES Y UNA VENGANZA
Anna estaba feliz, esa noche le diría a su padre que Duilio sería quien transitara con ella el resto de su vida.
Vivía en una calle angosta donde la ropa colgada se confundía con el aleteo de los pájaros de mil colores que regalaban sus alas al viento.
Terminó sus tareas más temprano que de costumbre, eligió un vestido con lunares, ese que Duillo le había regalado, a él le gustaban esos colores que realzaban sus formas.
Calzó sus tacones y presurosa se dirigió al puerto.
Las embarcaciones se mecían en la costa, la brisa las hamacaba suavemente, los colores de ellas se reflejaban como una película en el océano.
Duilio estaba vestido de blanco, con un sombrero que atemperaba los rayos de sol esperaba la órden para embarcar y comenzar su jornada diaria.
Como siempre el mar le regalaría sus frutos que posteriormente serían vendidos en la feria.
En hilera las embarcaciones partieron, parecían salidas de un cuadro con sus colores fuertes querían contrastar con el azul del mar que a lo lejos se juntaba con el cielo Marco en la proa daba la señal para partir, su rostro demostraba ira, sus cabellos negros estaban crispados tanto como sus pensamientos.
De ninguna manera permitiría que su primogénita uniera su vida a la de ese pescador que era el hijo de su enemigo.
Clavaron el ancla en el preciso lugar que sabían podrían conseguir los mejores peces.
Pasó la jornada, la quietud no presagiaba la muerte.
En un momento en que todos los pescadores acomodaban los peces en las canastas de mimbre, Marco decidió que había llegado el momento de hacer desaparecer a quien él consideraba muy poco para su hija.
Cuando el sol se escondía detrás de la playa en la costa esperaba con ansias Anna, de pronto una fuerza diferente agitó las aguas.
De los barcos pintados de rojo y verde bajaron los pescadores.
Anna seguía esperando, el viento trajo consigo nubes que cubrieron el cielo, la luna se ocultaba detrás de ellas, las estrellas no brillaban, un relámpago cruzó el horizonte dejando ruido y desolación.
Cansada se recostó en la arena, la venció el sueño,creció la marea y suavemente la depositó en el fondo del mar, allí en la inmensidad, rodeada de corales encontró el cuerpo inerte de Duilio, lo abrazó con fuerzas para devolverle la vida, en sus labios depositó el más dulce de sus besos y se entregó al destino.
Marco en la playa bebía su venganza, no sabía que en los brazos de Poseidón descansaba su hija junto al amor de su vida.
Esta vez la venganza no cumplió su cometido, el agua no alcanzó para apagar el fuego de un amor que creció más allá de la eternidad.
Vivía en una calle angosta donde la ropa colgada se confundía con el aleteo de los pájaros de mil colores que regalaban sus alas al viento.
Terminó sus tareas más temprano que de costumbre, eligió un vestido con lunares, ese que Duillo le había regalado, a él le gustaban esos colores que realzaban sus formas.
Calzó sus tacones y presurosa se dirigió al puerto.
Las embarcaciones se mecían en la costa, la brisa las hamacaba suavemente, los colores de ellas se reflejaban como una película en el océano.
Duilio estaba vestido de blanco, con un sombrero que atemperaba los rayos de sol esperaba la órden para embarcar y comenzar su jornada diaria.
Como siempre el mar le regalaría sus frutos que posteriormente serían vendidos en la feria.
En hilera las embarcaciones partieron, parecían salidas de un cuadro con sus colores fuertes querían contrastar con el azul del mar que a lo lejos se juntaba con el cielo Marco en la proa daba la señal para partir, su rostro demostraba ira, sus cabellos negros estaban crispados tanto como sus pensamientos.
De ninguna manera permitiría que su primogénita uniera su vida a la de ese pescador que era el hijo de su enemigo.
Clavaron el ancla en el preciso lugar que sabían podrían conseguir los mejores peces.
Pasó la jornada, la quietud no presagiaba la muerte.
En un momento en que todos los pescadores acomodaban los peces en las canastas de mimbre, Marco decidió que había llegado el momento de hacer desaparecer a quien él consideraba muy poco para su hija.
Cuando el sol se escondía detrás de la playa en la costa esperaba con ansias Anna, de pronto una fuerza diferente agitó las aguas.
De los barcos pintados de rojo y verde bajaron los pescadores.
Anna seguía esperando, el viento trajo consigo nubes que cubrieron el cielo, la luna se ocultaba detrás de ellas, las estrellas no brillaban, un relámpago cruzó el horizonte dejando ruido y desolación.
Cansada se recostó en la arena, la venció el sueño,creció la marea y suavemente la depositó en el fondo del mar, allí en la inmensidad, rodeada de corales encontró el cuerpo inerte de Duilio, lo abrazó con fuerzas para devolverle la vida, en sus labios depositó el más dulce de sus besos y se entregó al destino.
Marco en la playa bebía su venganza, no sabía que en los brazos de Poseidón descansaba su hija junto al amor de su vida.
Esta vez la venganza no cumplió su cometido, el agua no alcanzó para apagar el fuego de un amor que creció más allá de la eternidad.
Friday, November 03, 2006
RECUERDOS DE AYER
La vida no había sido pródiga con Carolina en cuanto a sentimientos se refiere.
Había triunfado en todo lo que se proponía, terminó su carrera siendo la más joven del grupo.
En uno de sus viajes mientras el avión se desplazaba por sobre las nubes dejando ver por la ventanilla el cielo límpido, conoció a Emir, un hombre de singular y enigmática belleza.
Provenían de mundos y culturas diferentes, en idioma gestual le pidió sentarse a su lado ella accedió un tanto confusa,por el altavoz la azafata anunciaba que en minutos llegarían al aeropuerto.
Se alojaron en un hotel con vista a una playa, desde el balcón de su habitación miraba extasiada la danzas de las olas.Pasados unos minutos el conserje del hotel golpeó a su puerta, junto a las rosas rojas de un ramo había una pequeña tarjeta, Emir la invitaba a compartir su mesa.
Eligió para esa noche un vestido verde que profundizaba el color de sus ojos, sujetó una flor en su cabellera azabache unas gotas de perfume le daban un toque de misterio.
Bajó la escalera como una diosa, convirtiéndose en el centro de todas las miradas, al pié de la misma él le ofrecía su brazo y una sonrisa que no olvidaría por el resto de su vida.
Terminada la cena salieron al jardín, la música invitaba a bailar, pronto sintió los brazos de Emir rodeando su cuerpo, preludio de un beso apasionado.
Aunque no hablaran el mismo idioma se entendían a través de las caricias pronto sus cuerpos serían uno solo.
Pasaron días inolvidables, disfrutaban de la playa y sus juegos en el agua, quedaron en encontrarse nuevamente por la noche para continuar su historia.
Carolina decidió descansar, estaba dormida cuando un empleado del hotel tocó a su puerta ésta vez no traía flores, en sus manos un sobre blanco que discretamente dejó sobre una mesa.
Las lágrimas le impedían terminar de leer el contenido de la carta, su corazón sobresaltado le anunciaba que su amor había partido con otra compañía.
Desolada Carolina regresó a Buenos Aires, en su alma no anidaba la venganza, de ello se encargaría el destino.
Poco tiempo después supo que Emir fue asesinado por la mujer que lo acompañaba.
Hoy Carolina elige un libro como companía, en sus hojas encuentra una rosa marchita , en cada pétalo hay un recuerdo.
Había triunfado en todo lo que se proponía, terminó su carrera siendo la más joven del grupo.
En uno de sus viajes mientras el avión se desplazaba por sobre las nubes dejando ver por la ventanilla el cielo límpido, conoció a Emir, un hombre de singular y enigmática belleza.
Provenían de mundos y culturas diferentes, en idioma gestual le pidió sentarse a su lado ella accedió un tanto confusa,por el altavoz la azafata anunciaba que en minutos llegarían al aeropuerto.
Se alojaron en un hotel con vista a una playa, desde el balcón de su habitación miraba extasiada la danzas de las olas.Pasados unos minutos el conserje del hotel golpeó a su puerta, junto a las rosas rojas de un ramo había una pequeña tarjeta, Emir la invitaba a compartir su mesa.
Eligió para esa noche un vestido verde que profundizaba el color de sus ojos, sujetó una flor en su cabellera azabache unas gotas de perfume le daban un toque de misterio.
Bajó la escalera como una diosa, convirtiéndose en el centro de todas las miradas, al pié de la misma él le ofrecía su brazo y una sonrisa que no olvidaría por el resto de su vida.
Terminada la cena salieron al jardín, la música invitaba a bailar, pronto sintió los brazos de Emir rodeando su cuerpo, preludio de un beso apasionado.
Aunque no hablaran el mismo idioma se entendían a través de las caricias pronto sus cuerpos serían uno solo.
Pasaron días inolvidables, disfrutaban de la playa y sus juegos en el agua, quedaron en encontrarse nuevamente por la noche para continuar su historia.
Carolina decidió descansar, estaba dormida cuando un empleado del hotel tocó a su puerta ésta vez no traía flores, en sus manos un sobre blanco que discretamente dejó sobre una mesa.
Las lágrimas le impedían terminar de leer el contenido de la carta, su corazón sobresaltado le anunciaba que su amor había partido con otra compañía.
Desolada Carolina regresó a Buenos Aires, en su alma no anidaba la venganza, de ello se encargaría el destino.
Poco tiempo después supo que Emir fue asesinado por la mujer que lo acompañaba.
Hoy Carolina elige un libro como companía, en sus hojas encuentra una rosa marchita , en cada pétalo hay un recuerdo.
Tuesday, October 31, 2006
UNA DULCE Y PELIGROSA MISION
Carolina y Axel vivían en una pequeña aldea, todos se conocían en ese lugar poblado de casas blancas con techos rojos.
Transitaron juntos buena parte de su infancia entre las hamacas y toboganes de la plaza.
Ese lugar era mágico para ellos, disfrutaban de los juegos y cuando el sol abrazaba sus cuerpos siempre tenían un refugio a la sombra de viejos árboles que descansaban al borde de un lago.
Pasó el tiempo y las relaciones cambiaron, Axel partió en búsqueda de su destino, quería trascender y ampliar sus conocimientos.
El día de la partida el cielo estaba plomizo, las primeras gotas de lluvia se mezclaban con las lágrimas de ella, desdibujando su rostro de porcelana e inundando sus ojos de cielo.
Ella se sentó en la playa para observar como el barco se alejaba, se quedó largo tiempo hasta que la embarcación fue un pequeño punto en el Universo.
Sola llegó a su casa, las paredes estaban desnudas como su alma, decidió encender el hogar para abrigarse un poco.
Las chispas de los leños le recordaban sus noches de amor y fuego.Se sentía mal, diferente,agobiada por la soledad.
Una tarde en que el sol se escondía detrás de los cerros para darle paso a la luna que teñía de plata el lago y con ella a las estrellas colgadas del cielo como luciérnagas, sintió que se quedaba sin fuerzas.
Rápidamente la llevaron al hospital de la aldea, la camilla corría por los pasillos gélidos, luego de unas horas entre tinieblas vió la imagen de una médica que intentaba tranquilizarla, su rostro angelado comenzaba a tener color estaba conciente cuando le anunciaron que otra vida crecía en sus entrañas.
Sus ojos se iluminaron otra vez en su cara se dibujó una sonrisa, ya repuesta pidió unas hojas de papel con ilusión hilvanó unas cuantas letras, el destinatario de ellas sería su dueño, en ese momento supo que la misión más peligrosa es traer vida a la vida.
Transitaron juntos buena parte de su infancia entre las hamacas y toboganes de la plaza.
Ese lugar era mágico para ellos, disfrutaban de los juegos y cuando el sol abrazaba sus cuerpos siempre tenían un refugio a la sombra de viejos árboles que descansaban al borde de un lago.
Pasó el tiempo y las relaciones cambiaron, Axel partió en búsqueda de su destino, quería trascender y ampliar sus conocimientos.
El día de la partida el cielo estaba plomizo, las primeras gotas de lluvia se mezclaban con las lágrimas de ella, desdibujando su rostro de porcelana e inundando sus ojos de cielo.
Ella se sentó en la playa para observar como el barco se alejaba, se quedó largo tiempo hasta que la embarcación fue un pequeño punto en el Universo.
Sola llegó a su casa, las paredes estaban desnudas como su alma, decidió encender el hogar para abrigarse un poco.
Las chispas de los leños le recordaban sus noches de amor y fuego.Se sentía mal, diferente,agobiada por la soledad.
Una tarde en que el sol se escondía detrás de los cerros para darle paso a la luna que teñía de plata el lago y con ella a las estrellas colgadas del cielo como luciérnagas, sintió que se quedaba sin fuerzas.
Rápidamente la llevaron al hospital de la aldea, la camilla corría por los pasillos gélidos, luego de unas horas entre tinieblas vió la imagen de una médica que intentaba tranquilizarla, su rostro angelado comenzaba a tener color estaba conciente cuando le anunciaron que otra vida crecía en sus entrañas.
Sus ojos se iluminaron otra vez en su cara se dibujó una sonrisa, ya repuesta pidió unas hojas de papel con ilusión hilvanó unas cuantas letras, el destinatario de ellas sería su dueño, en ese momento supo que la misión más peligrosa es traer vida a la vida.
Monday, October 30, 2006
MISION SECRETA
Marcia trabajaba en un laboratorio de genética, siempre había cumplido sus horarios, pese a su juventud era responsable, la primera en llegar y la última en retirarse.
Cuando tenía un momento libre en la recepción, visitaba el interior del laboratorio, un lugar al que pocos tenían acceso.
En la antesala del mismo sobre su ropa moderna que resaltaba su belleza colocó un guardapolvo, gorro en el que escondía sus cabellos rizados, guantes y barbijo de color blanco.
Ese sitio era un lugar encantado le permitía soñar, entre los cristales de tubos de ensayo solo le faltaban alas para asemejarse a un ángel.
Regresó a su lugar más inquieta, sus presentimientos se hicieron realidad cuando el Doctor Andrews, le comunicó que premiaría su esfuerzo.
Sería ella la encargada de viajar al otro extremo del mundo para buscar una pequeña cápsula.La noche anterior al viaje no pudo conciliar el sueño estaba excitada y tenía temor a lo desconocido, la brisa cálida entraba por las ventanas de su casa trayendo el perfume de las flores de su jardín, una luciérnaga iluminaba el espacio, el cielo estaba poblado de brillantes estrellas a un costado la luna plateada anunciaba que pronto saldría el sol.
Tomó su equipaje y esperó que por el altavoz le informaran que debería abordar el avión, desde su butaca observaba el baile de las nubes, volaban sobre ellas, pasadas una horas llegaron a un aeropuerto privado emplazado cerca de una playa, el gris de la pista donde el gigante la había dejado, contrastaba con el azul de un mar infinito.
La esperaba un auto lujoso para llevarla a su destino final, desde la ventanilla miraba el paisaje, era espléndido, niños que jugaban en la playa le recordaban su infancia, parejas entrelazadas por el cariño le transmitían la felicidad de su presente.
Llegó a destino.En el interior de una casa salida de un cuento esperaba una viejecita, puso en sus manos una caja, en su interior tapizado de rojo terciopelo descansaba una pequeña cápsula dorada, se estremeció al mirarla, la guardó con cuidado en su bolso.
Al poco tiempo de regresar a con los suyos supo el contenido de la misteriosa cápsula.
La misma contenía un código secreto que permitiría a los científicos inocular en los seres humanos el gen del amor.
Misión cumplida, esperamos los resultados.
Cuando tenía un momento libre en la recepción, visitaba el interior del laboratorio, un lugar al que pocos tenían acceso.
En la antesala del mismo sobre su ropa moderna que resaltaba su belleza colocó un guardapolvo, gorro en el que escondía sus cabellos rizados, guantes y barbijo de color blanco.
Ese sitio era un lugar encantado le permitía soñar, entre los cristales de tubos de ensayo solo le faltaban alas para asemejarse a un ángel.
Regresó a su lugar más inquieta, sus presentimientos se hicieron realidad cuando el Doctor Andrews, le comunicó que premiaría su esfuerzo.
Sería ella la encargada de viajar al otro extremo del mundo para buscar una pequeña cápsula.La noche anterior al viaje no pudo conciliar el sueño estaba excitada y tenía temor a lo desconocido, la brisa cálida entraba por las ventanas de su casa trayendo el perfume de las flores de su jardín, una luciérnaga iluminaba el espacio, el cielo estaba poblado de brillantes estrellas a un costado la luna plateada anunciaba que pronto saldría el sol.
Tomó su equipaje y esperó que por el altavoz le informaran que debería abordar el avión, desde su butaca observaba el baile de las nubes, volaban sobre ellas, pasadas una horas llegaron a un aeropuerto privado emplazado cerca de una playa, el gris de la pista donde el gigante la había dejado, contrastaba con el azul de un mar infinito.
La esperaba un auto lujoso para llevarla a su destino final, desde la ventanilla miraba el paisaje, era espléndido, niños que jugaban en la playa le recordaban su infancia, parejas entrelazadas por el cariño le transmitían la felicidad de su presente.
Llegó a destino.En el interior de una casa salida de un cuento esperaba una viejecita, puso en sus manos una caja, en su interior tapizado de rojo terciopelo descansaba una pequeña cápsula dorada, se estremeció al mirarla, la guardó con cuidado en su bolso.
Al poco tiempo de regresar a con los suyos supo el contenido de la misteriosa cápsula.
La misma contenía un código secreto que permitiría a los científicos inocular en los seres humanos el gen del amor.
Misión cumplida, esperamos los resultados.
Wednesday, October 25, 2006
UNA HISTORIA SIN RESPUESTAS
Harald navegaba por las costas de Noruega, curiosamente ese día el mar estaba calmo no así sus sentimientos.
En la costa cuando el sol asomaba medio hundido en el agua, esperaba Jora, esa mujer que durante un tiempo había sido el eje de su vida.
Ella mostraba su sonrisa de perlas a medida que el barco vikingo se acercaba a la costa, el viento jugaba con sus cabellos dorados como las espigas de trigo de su antiguo pueblo.
Por amor había dejado la calidez de su lejana ciudad para entregarse en plenitud a ese vikingo de cabellera y barba de fuego.
No extrañaba el verde de las colinas de su casa a orillas de otro mar, un espacio donde todo era verde, donde el trino de los pájaros la despertaba cada mañana, ese sitio que jugaba con su vestido de hilo blanco igual al hielo que hoy pisaba.
Renunció al perfume de las flores que podían transportarla a visitar otros puertos, cambió ese paisaje de ensueño para viajar al lugar donde las noches se confundían con una tarde iluminada que se resistía a traer la luna y las estrellas.
Su destino tenía escritas unas pocas líneas, ella se ocuparía de rellenar los espacios.
En su corazón palpitaban las promesas de una vida juntos, poblada de proyectos.
Una noche en soledad eligió el nombre de quien sería su primer hijo fruto de un amor sin fronteras de agua.
Harald bajó serio de la embarcación, Jora reía por el encuentro, no hubo abrazos, tampoco la calidez de un beso, solo una mirada gélida y unas pocas palabras.
En un puerto de esos que ofrece la vida él había encontrado a un amor de otros tiempos, eligió vidas pasadas sin saber que esa actitud destrozaría la vida de quien en la costa esperaba acompañada de sus sueños.
La sonrisa se transformó en un mar de lágrimas que serían su compañía más allá del tiempo.
¿Cómo seguir esta historia si terminó antes de ser coronada?.
Pasaron los años y Jora fue un fantasma atado a sus recuerdos, sus cabellos se tiñeron con hebras de plata, sus ojos vacíos estaban secos, entró a su casa en soledad, entornó sus párpados no podía soportar el dolor de la ausencia, la mentira era un estigma que la acompañaba a todas horas, no podía con tanto peso.
Una noche en que la tormenta de nieve arreciaba con fuerza se vistió con una túnica tan gris como su alma y esperó la nada.
La inclemencia del tiempo hizo el resto.
Jora es esa estatua admirada, está en el puerto de Noruega, quienes saben su historia esperan un milagro.
En la costa cuando el sol asomaba medio hundido en el agua, esperaba Jora, esa mujer que durante un tiempo había sido el eje de su vida.
Ella mostraba su sonrisa de perlas a medida que el barco vikingo se acercaba a la costa, el viento jugaba con sus cabellos dorados como las espigas de trigo de su antiguo pueblo.
Por amor había dejado la calidez de su lejana ciudad para entregarse en plenitud a ese vikingo de cabellera y barba de fuego.
No extrañaba el verde de las colinas de su casa a orillas de otro mar, un espacio donde todo era verde, donde el trino de los pájaros la despertaba cada mañana, ese sitio que jugaba con su vestido de hilo blanco igual al hielo que hoy pisaba.
Renunció al perfume de las flores que podían transportarla a visitar otros puertos, cambió ese paisaje de ensueño para viajar al lugar donde las noches se confundían con una tarde iluminada que se resistía a traer la luna y las estrellas.
Su destino tenía escritas unas pocas líneas, ella se ocuparía de rellenar los espacios.
En su corazón palpitaban las promesas de una vida juntos, poblada de proyectos.
Una noche en soledad eligió el nombre de quien sería su primer hijo fruto de un amor sin fronteras de agua.
Harald bajó serio de la embarcación, Jora reía por el encuentro, no hubo abrazos, tampoco la calidez de un beso, solo una mirada gélida y unas pocas palabras.
En un puerto de esos que ofrece la vida él había encontrado a un amor de otros tiempos, eligió vidas pasadas sin saber que esa actitud destrozaría la vida de quien en la costa esperaba acompañada de sus sueños.
La sonrisa se transformó en un mar de lágrimas que serían su compañía más allá del tiempo.
¿Cómo seguir esta historia si terminó antes de ser coronada?.
Pasaron los años y Jora fue un fantasma atado a sus recuerdos, sus cabellos se tiñeron con hebras de plata, sus ojos vacíos estaban secos, entró a su casa en soledad, entornó sus párpados no podía soportar el dolor de la ausencia, la mentira era un estigma que la acompañaba a todas horas, no podía con tanto peso.
Una noche en que la tormenta de nieve arreciaba con fuerza se vistió con una túnica tan gris como su alma y esperó la nada.
La inclemencia del tiempo hizo el resto.
Jora es esa estatua admirada, está en el puerto de Noruega, quienes saben su historia esperan un milagro.
Sunday, October 22, 2006
VIAJE SIN RUMBO
Navegamos por las frías aguas del mar Báltico, el viento con su silbido hamaca la nave comandada por Erick, un hombre de roja barba y cabellera.
Sus ojos grises y gélidos se asemejan al mar bravío que no deja de golpear la embarcación.Una estrella, la primera, comienza su danza en el cielo y con sus guiños llama a las otras para no estar sola, la luna redonda ilumina la noche fría.
Erick al mando del barco sabe que deben apurarse, el frío se hace sentir en los cubículos del barco que tiene a su mando.
Arrima a su tripulación cueros de ovejas que ayudaran a mitigar esa noche helada.
Mientras tanto Constantino intenta descansar en un camastro, nada mitiga el frío que trae consigo la fiebre.Pequeñas gotas cubren su rostro dándole un aspecto fantasmagórico, su piel es transparente, su ojos hundidos ya no se parecen al lago que piensa visitar con Natasha ni bien sea su esposa.
Duerme, entre escalofríos escucha la voz melodiosa de esa muñeca que en dos días lo esperará en el puerto níveo de Noruega, su canto lo adormece, la observa más bella que nunca en su mente, siente el calor de su boca en la suya y el sopor lo embriaga, puede sentir el dulce sabor de sus labios, la tibieza del primer y trémulo abrazo.
Siente mucho frío y luego nada.Amanece, Erick convoca a la tripulación, Constantino ha muerto y deben decidir que hacer con su cuerpo, lo envuelven en una sábana blanca, lo arrojan al mar.
Un tibio sol juega a las escondidas en el cielo, Natasha está en la orilla esperando, absorta mira como bajan todos los viajeros, falta la persona que ella espera, su ángel le dice que yace en las profundidades del océano.
No lo piensa, el instinto la lleva a tirarse a las aguas sabe que cuando se quede sin fuerzas algo la atraerá hacia el fondo.
En este lugar la temperatura no se siente, no hay relojes que midan el tiempo, se sumerge aún más para encontrarse con la eternidad.
En ese sitio hace muchos años nacieron los hipocampos símbolo de un amor que renace cada día en cualquier lugar del universo.
Sus ojos grises y gélidos se asemejan al mar bravío que no deja de golpear la embarcación.Una estrella, la primera, comienza su danza en el cielo y con sus guiños llama a las otras para no estar sola, la luna redonda ilumina la noche fría.
Erick al mando del barco sabe que deben apurarse, el frío se hace sentir en los cubículos del barco que tiene a su mando.
Arrima a su tripulación cueros de ovejas que ayudaran a mitigar esa noche helada.
Mientras tanto Constantino intenta descansar en un camastro, nada mitiga el frío que trae consigo la fiebre.Pequeñas gotas cubren su rostro dándole un aspecto fantasmagórico, su piel es transparente, su ojos hundidos ya no se parecen al lago que piensa visitar con Natasha ni bien sea su esposa.
Duerme, entre escalofríos escucha la voz melodiosa de esa muñeca que en dos días lo esperará en el puerto níveo de Noruega, su canto lo adormece, la observa más bella que nunca en su mente, siente el calor de su boca en la suya y el sopor lo embriaga, puede sentir el dulce sabor de sus labios, la tibieza del primer y trémulo abrazo.
Siente mucho frío y luego nada.Amanece, Erick convoca a la tripulación, Constantino ha muerto y deben decidir que hacer con su cuerpo, lo envuelven en una sábana blanca, lo arrojan al mar.
Un tibio sol juega a las escondidas en el cielo, Natasha está en la orilla esperando, absorta mira como bajan todos los viajeros, falta la persona que ella espera, su ángel le dice que yace en las profundidades del océano.
No lo piensa, el instinto la lleva a tirarse a las aguas sabe que cuando se quede sin fuerzas algo la atraerá hacia el fondo.
En este lugar la temperatura no se siente, no hay relojes que midan el tiempo, se sumerge aún más para encontrarse con la eternidad.
En ese sitio hace muchos años nacieron los hipocampos símbolo de un amor que renace cada día en cualquier lugar del universo.
Friday, October 13, 2006
EN LA BIBLIOTECA
Marcia es adicta a las aventuras.
Llueve en Buenos Aires, el cielo descarga todas las lágrimas de aquellos que sufren o han sufrido por amor, es surcado por relámpagos de colores inciertos.
Busca su piloto gris y en lugar de un paraguas opta por un sombrerito, quita la flor que anudaba sus cabellos en la nuca y se calza su gorro que llega casi hasta la inmensidad de sus ojos azules.
Decide caminar por las calles desiertas, en el cordón de la vereda las gotas de lluvia rompen en imágenes que no conoce, mira los autos y el agua se desliza por los parabrisas con magia, su imaginación vuela, estrelladas sobre el vidrio de un auto cualquiera bajan como ángeles las siluetas del agua.
A pocas cuadras está la biblioteca, sube al primer piso, todo es silencio, las maderas de la escalera crujen bajo sus pasos.
Elige un libro de una fila desordenada, sus hojas están amarillas por el paso del tiempo, se sienta cerca de la ventana abajo las flores de mil colores quieren esconderse, el césped recién cortado brilla con las gotas de agua.
Comienza a hojear el libro que tiene una historia de intrigas, de esas que le gustaban investigar a Sherlok Holmes, no está solo lo acompaña el inefable Doctor Watson.
Su imagen desaparece y es parte del libro, las hojas de éste la atraparon .
Esta vez buscan a la culpable de un crimen, su cuerpo etéreo se mezcla con las letras, ella, hace mucho tiempo sintió la necesidad de perpetuar su amor , la única forma de lograrlo era desaparecer a quien había compartido las horas más felices de su vida, aunque ello fuera el inicio de un pasar poblado de lágrimas.
Implacable, el detective y su ayudante toman el caso.
El humo de la pipa que fuma en forma incansable lo transporta a otros lugares, otros tiempos.
Observa a una mujer hermosa, tan perfecta como la de sus sueños, bailando entre las letras de una hoja amarillenta.
Puede sentir el sabor a miel de su boca roja.
Se aparta de su tarea y el corazón le dice que no puede investigar su sueño.
Aquí termina la vida de ese investigador que antepuso sus deberes para poder completar su vida de hombre y así finalizar el último capítulo de una vida donde reina la esperanza.
Llueve en Buenos Aires, el cielo descarga todas las lágrimas de aquellos que sufren o han sufrido por amor, es surcado por relámpagos de colores inciertos.
Busca su piloto gris y en lugar de un paraguas opta por un sombrerito, quita la flor que anudaba sus cabellos en la nuca y se calza su gorro que llega casi hasta la inmensidad de sus ojos azules.
Decide caminar por las calles desiertas, en el cordón de la vereda las gotas de lluvia rompen en imágenes que no conoce, mira los autos y el agua se desliza por los parabrisas con magia, su imaginación vuela, estrelladas sobre el vidrio de un auto cualquiera bajan como ángeles las siluetas del agua.
A pocas cuadras está la biblioteca, sube al primer piso, todo es silencio, las maderas de la escalera crujen bajo sus pasos.
Elige un libro de una fila desordenada, sus hojas están amarillas por el paso del tiempo, se sienta cerca de la ventana abajo las flores de mil colores quieren esconderse, el césped recién cortado brilla con las gotas de agua.
Comienza a hojear el libro que tiene una historia de intrigas, de esas que le gustaban investigar a Sherlok Holmes, no está solo lo acompaña el inefable Doctor Watson.
Su imagen desaparece y es parte del libro, las hojas de éste la atraparon .
Esta vez buscan a la culpable de un crimen, su cuerpo etéreo se mezcla con las letras, ella, hace mucho tiempo sintió la necesidad de perpetuar su amor , la única forma de lograrlo era desaparecer a quien había compartido las horas más felices de su vida, aunque ello fuera el inicio de un pasar poblado de lágrimas.
Implacable, el detective y su ayudante toman el caso.
El humo de la pipa que fuma en forma incansable lo transporta a otros lugares, otros tiempos.
Observa a una mujer hermosa, tan perfecta como la de sus sueños, bailando entre las letras de una hoja amarillenta.
Puede sentir el sabor a miel de su boca roja.
Se aparta de su tarea y el corazón le dice que no puede investigar su sueño.
Aquí termina la vida de ese investigador que antepuso sus deberes para poder completar su vida de hombre y así finalizar el último capítulo de una vida donde reina la esperanza.
Wednesday, October 11, 2006
EL ALBUM DE FOTOS
Si tu supieras la magia que tienen sus hojas, son de color azul iguales al cielo cuando amanece y se confunde con el mar.
Sus bordes son dorados como el sol que ilumina y juega a entrar por la ventana.
Tiene unas pocas fotos, pero alcanzan para llenar mi alma desnuda, ésa que te he regalado para que abrigues con tus caricias.
Una de ellas tiene la imagen de un barco que navega sin rumbo igual que nosotros.
Cierro los ojos y emprendemos un viaje que acortará las distancias y nos llevará por tierras remotas.
Tomados de la mano vemos caer la tarde, el sol se asemeja a la paleta de un pintor del celeste pasa al violeta y de éste a un azul oscuro.
Juntos admiramos las estrellas que a lo lejos parecen luciérnagas.
Somos los únicos pasajeros de este viaje sin espacio ni tiempo.
En el camarote nos embriaga el perfume de los sándalos, una rosa descansa sobre la cama, te regalo mi boca para saciar tus ansias, tus manos y las mías recorren cada milímetro de nuestros cuerpos hasta que se funden en uno.
Luego de varios días llegamos a destino, desembarcamos en Ankara, nuestro arribo es recibido con cantos y flores.
Siempre unidos recorremos las angostas calles del mercado de las ilusiones,abrazados nos asombramos al ver las cúpulas que se levantan dirigidas al universo, que en ese instante nos tiene como únicos dueños.
Anochece,el frío marino me despierta, extiendo mi mano y solo veo el mar encrespado que con su danza dibuja fantasmas en la arena, te busco, miro hacia atrás y no encuentro nada.
Corro al hotel busco el álbum para atesorar los recuerdos, de él solo me quedan sus tapas, lo acerco a mi corazón, mis lágrimas borran lo único que me quedaba, tu perfume y el eco de tus palabras.
Sus bordes son dorados como el sol que ilumina y juega a entrar por la ventana.
Tiene unas pocas fotos, pero alcanzan para llenar mi alma desnuda, ésa que te he regalado para que abrigues con tus caricias.
Una de ellas tiene la imagen de un barco que navega sin rumbo igual que nosotros.
Cierro los ojos y emprendemos un viaje que acortará las distancias y nos llevará por tierras remotas.
Tomados de la mano vemos caer la tarde, el sol se asemeja a la paleta de un pintor del celeste pasa al violeta y de éste a un azul oscuro.
Juntos admiramos las estrellas que a lo lejos parecen luciérnagas.
Somos los únicos pasajeros de este viaje sin espacio ni tiempo.
En el camarote nos embriaga el perfume de los sándalos, una rosa descansa sobre la cama, te regalo mi boca para saciar tus ansias, tus manos y las mías recorren cada milímetro de nuestros cuerpos hasta que se funden en uno.
Luego de varios días llegamos a destino, desembarcamos en Ankara, nuestro arribo es recibido con cantos y flores.
Siempre unidos recorremos las angostas calles del mercado de las ilusiones,abrazados nos asombramos al ver las cúpulas que se levantan dirigidas al universo, que en ese instante nos tiene como únicos dueños.
Anochece,el frío marino me despierta, extiendo mi mano y solo veo el mar encrespado que con su danza dibuja fantasmas en la arena, te busco, miro hacia atrás y no encuentro nada.
Corro al hotel busco el álbum para atesorar los recuerdos, de él solo me quedan sus tapas, lo acerco a mi corazón, mis lágrimas borran lo único que me quedaba, tu perfume y el eco de tus palabras.
SIN SALIDA
La noche había sido tormentosa, tanto como los pensamientos de George.
Inquieto no podía conciliar el sueño, los truenos le sumaban miedo al miedo.
A su lado dormía placidamente Adison, los relámpagos que surcaban el cielo para perderse en la tierra iluminaban el cuerpo de su mujer, no podía creer tenerla a su lado, la diferencia de edad era notoria, pero el amor no conocía barreras.
Cuando la conoció camino a Cleveland, ella era una niña mujer, estaba esperando el autobús en la esquina del colegio, detuvo su marcha para admirar su belleza, su pollera a cuadros apenas cubría sus piernas perfectas, sus trenzas eran dos espigas doradas que terminaban en un moño azul como sus bellos ojos.
Dejó que ella durmiera, se levantó estaba nervioso y optó por tomar solo un café.
Puso en marcha su camioneta, el cielo estaba plomizo, tanto como su corazón en tinieblas, se dirigió hacia la escuela.
La cinta del asfalto se mezclaba allí donde se confundían los colores del cielo, apuró la marcha.
Mientras tanto Adison recorrió con las manos su cama, saber que estaba sola le provocó un escalofrío, se puso una bata y del garage sacó su auto rojo, regalo de George para su compromiso de amor eterno, necesitaba alcanzarlo, presentía que el amor de su vida no viajaba solo, lo acompañaba la incertidumbre y la sed de venganza.Los jardines del colegio recién despertaban, las hojas de las plantas estaban adornadas con gotas de lluvia, los pájaros con sus trinos melodiosos llamaban al sol.
No ocurrió, las aves volvieron a sus nidos, George se dirigió hacia un rincón del colegio desenfundó su arma y comenzó a disparar, los celos lo enceguecían y lo llevaban a caminar por el pasado.
Mientras Adison aceleraba en busca de su destino, comenzó a llover nuevamente, esta vez las gotas tenían el color rojo de la muerte.
Un estampido fue presagio de una muerte anunciada, no llegó a tiempo para decirle a quien le había prometido eternidad que la vida seguía.
Sobre el césped cortado de la escuela yacía inerte George, un rayo de luz que se asomaba entre las nubes lo convirtió en fuego.
Inquieto no podía conciliar el sueño, los truenos le sumaban miedo al miedo.
A su lado dormía placidamente Adison, los relámpagos que surcaban el cielo para perderse en la tierra iluminaban el cuerpo de su mujer, no podía creer tenerla a su lado, la diferencia de edad era notoria, pero el amor no conocía barreras.
Cuando la conoció camino a Cleveland, ella era una niña mujer, estaba esperando el autobús en la esquina del colegio, detuvo su marcha para admirar su belleza, su pollera a cuadros apenas cubría sus piernas perfectas, sus trenzas eran dos espigas doradas que terminaban en un moño azul como sus bellos ojos.
Dejó que ella durmiera, se levantó estaba nervioso y optó por tomar solo un café.
Puso en marcha su camioneta, el cielo estaba plomizo, tanto como su corazón en tinieblas, se dirigió hacia la escuela.
La cinta del asfalto se mezclaba allí donde se confundían los colores del cielo, apuró la marcha.
Mientras tanto Adison recorrió con las manos su cama, saber que estaba sola le provocó un escalofrío, se puso una bata y del garage sacó su auto rojo, regalo de George para su compromiso de amor eterno, necesitaba alcanzarlo, presentía que el amor de su vida no viajaba solo, lo acompañaba la incertidumbre y la sed de venganza.Los jardines del colegio recién despertaban, las hojas de las plantas estaban adornadas con gotas de lluvia, los pájaros con sus trinos melodiosos llamaban al sol.
No ocurrió, las aves volvieron a sus nidos, George se dirigió hacia un rincón del colegio desenfundó su arma y comenzó a disparar, los celos lo enceguecían y lo llevaban a caminar por el pasado.
Mientras Adison aceleraba en busca de su destino, comenzó a llover nuevamente, esta vez las gotas tenían el color rojo de la muerte.
Un estampido fue presagio de una muerte anunciada, no llegó a tiempo para decirle a quien le había prometido eternidad que la vida seguía.
Sobre el césped cortado de la escuela yacía inerte George, un rayo de luz que se asomaba entre las nubes lo convirtió en fuego.
Tuesday, October 10, 2006
DESENCUENTROS
Muchas veces es incierto sobre todo si en el sendero en lugar de luz dejamos que nos acompañen las sombras, Carolina había descendido del avión radiante, su cuerpo perfecto estaba ataviado con ropas simples, un jean, una camisa, su largo cabello esta vez no acariciaba su cintura.
Había decidido anudarlo en su nuca y como único adorno llevaba una flor que se asemejaba al color miel de sus ojos. Pese al día ventoso, luego de acomodar sus cosas en el hotel, sintió que el mar la invitaba a recorrer su costa.
Sentada sobre la arena observó con dulzura a los pingüinos que buscaban a sus parejas, era increíble que en ese montón de aves la encontraran , la misma que traería en pocos meses a sus retoños. Estaba cansada, se recostó en la arena.
Las olas danzaban y dejaban sus marcas en a playa.
Carolina esperó que apareciera el hombre de sus sueños, pasaron varias horas, el sol se había escondido para dar paso a la luna que teñiría el mar con sus destellos de plata.
La brisa jugaba con sus cabellos, la misma que le arrancó la flor de su cabellera para posarse en las aguas.
En el cielo apareció una estrella, el brillo de la misma le indicó que su espera había sido vana. Sacó los restos de arena que cubrían su cuerpo, nadie la acompañaba, sabía que su hombre soñado se debatía entre las sombras, las dudas que no dejan claro el intelecto.
Cuando la luna pendía del cielo iluminando todo de plata, caminó hacia el infinito, estaba vacía de sentimientos, había dejado de mujer para convertirse en otra sombra.
Sobre las aguas danzantes, la flor que el viento arrancó de sus cabellos es una imagen que flota en la inmensidad del océano.
Del otro lado, donde el infinito dibuja una orilla, un hombre gris espera.
Había decidido anudarlo en su nuca y como único adorno llevaba una flor que se asemejaba al color miel de sus ojos. Pese al día ventoso, luego de acomodar sus cosas en el hotel, sintió que el mar la invitaba a recorrer su costa.
Sentada sobre la arena observó con dulzura a los pingüinos que buscaban a sus parejas, era increíble que en ese montón de aves la encontraran , la misma que traería en pocos meses a sus retoños. Estaba cansada, se recostó en la arena.
Las olas danzaban y dejaban sus marcas en a playa.
Carolina esperó que apareciera el hombre de sus sueños, pasaron varias horas, el sol se había escondido para dar paso a la luna que teñiría el mar con sus destellos de plata.
La brisa jugaba con sus cabellos, la misma que le arrancó la flor de su cabellera para posarse en las aguas.
En el cielo apareció una estrella, el brillo de la misma le indicó que su espera había sido vana. Sacó los restos de arena que cubrían su cuerpo, nadie la acompañaba, sabía que su hombre soñado se debatía entre las sombras, las dudas que no dejan claro el intelecto.
Cuando la luna pendía del cielo iluminando todo de plata, caminó hacia el infinito, estaba vacía de sentimientos, había dejado de mujer para convertirse en otra sombra.
Sobre las aguas danzantes, la flor que el viento arrancó de sus cabellos es una imagen que flota en la inmensidad del océano.
Del otro lado, donde el infinito dibuja una orilla, un hombre gris espera.
SIN SALIDA
La noche había sido tormentosa, tanto como los pensamientos de George.
Inquieto no podía conciliar el sueño, los truenos le sumaban miedo al miedo.
A su lado dormía placidamente Adison, los relámpagos que surcaban el cielo para perderse en la tierra iluminaban el cuerpo de su mujer, no podía creer tenerla a su lado, la diferencia de edad era notoria, pero el amor no conocía barreras.
Cuando la conoció camino a Cleveland, ella era una niña mujer, estaba esperando el autobús en la esquina del colegio, detuvo su marcha para admirar su belleza, su pollera a cuadros apenas cubría sus piernas perfectas, sus trenzas eran dos espigas doradas que terminaban en un moño azul como sus bellos ojos.
Dejó que ella durmiera, se levantó estaba nervioso y optó por tomar solo un café.
Puso en marcha su camioneta, el cielo estaba plomizo, tanto como su corazón en tinieblas, se dirigió hacia la escuela.
La cinta del asfalto se mezclaba allí donde se confundían los colores del cielo, apuró la marcha.
Mientras tanto Adison recorrió con las manos su cama, saber que estaba sola le provocó un escalofrío, se puso una bata y del garage sacó su auto rojo, regalo de George para su compromiso de amor eterno, necesitaba alcanzarlo, presentía que el amor de su vida no viajaba solo, lo acompañaba la incertidumbre y la sed de venganza.
Los jardines del colegio recién despertaban, las hojas de las plantas estaban adornadas con gotas de lluvia, los pájaros con sus trinos melodiosos llamaban al sol.
No ocurrió, las aves volvieron a sus nidos, George se dirigió hacia un rincón del colegio desenfundó su arma y comenzó a disparar, los celos lo enceguecían y lo llevaban a caminar por el pasado.
Mientras Adison aceleraba en busca de su destino, comenzó a llover nuevamente, esta vez las gotas tenían el color rojo de la muerte.
Un estampido fue presagio de una muerte anunciada, no llegó a tiempo para decirle a quien le había prometido eternidad que la vida seguía.
Sobre el césped cortado de la escuela yacía inerte George, un rayo de luz que se asomaba entre las nubes lo convirtió en fuego.
Inquieto no podía conciliar el sueño, los truenos le sumaban miedo al miedo.
A su lado dormía placidamente Adison, los relámpagos que surcaban el cielo para perderse en la tierra iluminaban el cuerpo de su mujer, no podía creer tenerla a su lado, la diferencia de edad era notoria, pero el amor no conocía barreras.
Cuando la conoció camino a Cleveland, ella era una niña mujer, estaba esperando el autobús en la esquina del colegio, detuvo su marcha para admirar su belleza, su pollera a cuadros apenas cubría sus piernas perfectas, sus trenzas eran dos espigas doradas que terminaban en un moño azul como sus bellos ojos.
Dejó que ella durmiera, se levantó estaba nervioso y optó por tomar solo un café.
Puso en marcha su camioneta, el cielo estaba plomizo, tanto como su corazón en tinieblas, se dirigió hacia la escuela.
La cinta del asfalto se mezclaba allí donde se confundían los colores del cielo, apuró la marcha.
Mientras tanto Adison recorrió con las manos su cama, saber que estaba sola le provocó un escalofrío, se puso una bata y del garage sacó su auto rojo, regalo de George para su compromiso de amor eterno, necesitaba alcanzarlo, presentía que el amor de su vida no viajaba solo, lo acompañaba la incertidumbre y la sed de venganza.
Los jardines del colegio recién despertaban, las hojas de las plantas estaban adornadas con gotas de lluvia, los pájaros con sus trinos melodiosos llamaban al sol.
No ocurrió, las aves volvieron a sus nidos, George se dirigió hacia un rincón del colegio desenfundó su arma y comenzó a disparar, los celos lo enceguecían y lo llevaban a caminar por el pasado.
Mientras Adison aceleraba en busca de su destino, comenzó a llover nuevamente, esta vez las gotas tenían el color rojo de la muerte.
Un estampido fue presagio de una muerte anunciada, no llegó a tiempo para decirle a quien le había prometido eternidad que la vida seguía.
Sobre el césped cortado de la escuela yacía inerte George, un rayo de luz que se asomaba entre las nubes lo convirtió en fuego.
Sunday, October 08, 2006
EL SONIDO DEL SILENCIO
Carolina en pocos días deberá enfrentar el desafío de su vida.
Con mucho esfuerzo en tres semanas ostentará su primer título profesional.
Pese a tener un carácter que avasalla hoy se siente más sola que nunca, no está nerviosa porque pese a su juventud su carácter y episodios que le han tocado vivir, lo han templado, puede sobrevivir a todo, de todo sale, menos de la indiferencia de la persona que ama.
Trata de comprenderlo, pero no puede justificarlo, justo ahora cuando necesita su palabras de aliento el le suelta la mano cuando está a punto de subir el último tramo de la escalera.
Enrique tiene proyectos muy importantes en su vida, le gustaría formar parte de ellos.
Carolina desea llegar al fin de esta carrera de la misma forma que la comenzó con toda la garra. Cansada, no importa la hora se recuesta, el sol que entra por la ventana acaricia sus piernas, su cuerpo todo, cierra los ojos y no puede apartar de su mente las palabras que escuchó unas horas antes.
La ternura del amor se transformó en latigazos que hieren sus oídos y laceran su alma.
El hombre que ama y admira, habla en otro idioma, uno que no conoce de caricias o abrazos que duelen, de besos que se roban, no es el amante el que contesta, es un extraño que a cada palabra de ella reacciona con hosquedad.
Carolina deja el libro sobre la alfombra, elige música suave para que acompañe su soledad.
Solo anhela dormir, es la única forma de tener para si al hombre que ama, tal vez cuando despierte, la brisa que mueve los cortinados de su habitación haya secado sus lágrimas, es posible que luego de un sueño reparador pueda comprender porque Enrique eligió este momento para permanecer en silencio, antes lo había hecho pero fueron pocos días y la necesidad de comunicarse rompió la promesa.
Esta vez no será así Enrique se muestra inflexible y Caro dispuesta a aceptar lo que obsequia el destino sin que uno lo pida.
Mientras ella intenta dormir, como en una película sonora van pasando flashes de todo lo ocurrido en este mágico tiempo.
En su interior Carolina no quiere salir de ese estado de somnolencia, sabe que cuando despierte estará sola, con sombras que se pasean en su mente.
Nuevamente será posible escuchar el sonido del silencio.
Con mucho esfuerzo en tres semanas ostentará su primer título profesional.
Pese a tener un carácter que avasalla hoy se siente más sola que nunca, no está nerviosa porque pese a su juventud su carácter y episodios que le han tocado vivir, lo han templado, puede sobrevivir a todo, de todo sale, menos de la indiferencia de la persona que ama.
Trata de comprenderlo, pero no puede justificarlo, justo ahora cuando necesita su palabras de aliento el le suelta la mano cuando está a punto de subir el último tramo de la escalera.
Enrique tiene proyectos muy importantes en su vida, le gustaría formar parte de ellos.
Carolina desea llegar al fin de esta carrera de la misma forma que la comenzó con toda la garra. Cansada, no importa la hora se recuesta, el sol que entra por la ventana acaricia sus piernas, su cuerpo todo, cierra los ojos y no puede apartar de su mente las palabras que escuchó unas horas antes.
La ternura del amor se transformó en latigazos que hieren sus oídos y laceran su alma.
El hombre que ama y admira, habla en otro idioma, uno que no conoce de caricias o abrazos que duelen, de besos que se roban, no es el amante el que contesta, es un extraño que a cada palabra de ella reacciona con hosquedad.
Carolina deja el libro sobre la alfombra, elige música suave para que acompañe su soledad.
Solo anhela dormir, es la única forma de tener para si al hombre que ama, tal vez cuando despierte, la brisa que mueve los cortinados de su habitación haya secado sus lágrimas, es posible que luego de un sueño reparador pueda comprender porque Enrique eligió este momento para permanecer en silencio, antes lo había hecho pero fueron pocos días y la necesidad de comunicarse rompió la promesa.
Esta vez no será así Enrique se muestra inflexible y Caro dispuesta a aceptar lo que obsequia el destino sin que uno lo pida.
Mientras ella intenta dormir, como en una película sonora van pasando flashes de todo lo ocurrido en este mágico tiempo.
En su interior Carolina no quiere salir de ese estado de somnolencia, sabe que cuando despierte estará sola, con sombras que se pasean en su mente.
Nuevamente será posible escuchar el sonido del silencio.
SEPTIEMBRE DEL 2005
Carolina, era una mujer joven, tenía la belleza que otorga la juventud, su mirada color caramelo dejaba ver su alma.
Pese a los avatares de la vida siempre buscaba las cosas buenas de todo lo que ocurría, cursaba sus estudios en forma brillante, su anhelo era ser una profesional joven y destacarse por sus conocimientos.
A través de la red conoció al hombre que le sacaría el sueño, ese hombre que muchas veces transformó sus risas en sollozos.
La admiración y el amor estaban separados por una delgada línea, Carolina sin mirar las consecuencias de sus actos, decidió cruzarla.
La red los acercaba cada noche, por el espacio navegaban las palabras más hermosas esas que solo pueden engendrar los más puros sentimientos, interpretaban sus sensaciones y el silencio era una melodía que solo pueden escuchar los enamorados.
En noviembre los encuentros en la red siguieron, algo fortuito , una noche cargada de estrellas Enrique finalizó uno de tantos encuentros cibernéticos y a partir de ese momento todo cambió. El cielo que hasta ese momento parecía un cuadro fue surcado por un relámpago, presagio que a partir de ese instante ya nada sería igual.
Tenían que conocerse para que sus almas estuvieran en comunión para siempre, para que sus cuerpos fueran uno solo.
Carolina estaba ansiosa, eligió un vestido que realzaba sus formas, dejó sus cabellos sueltos que invitaban a una caricia infinita, antes de salir revisó su correo las palabras de la otra como un filoso cuchillo desgarraban su corazón.
Se dieron otra oportunidad, esta vez ella manejaría hasta su encuentro, al llegar a una ciudad cualquiera, decidió escribirle un mensaje a su amado para decirle que faltaba poco para ese encuentro soñado, mientras esperaba respuesta navegó por la red y otra vez la pantalla le devolvía la misma sombra.
Con los ojos inundados de lágrimas emprendió el regreso, otra vez habían matado sus ilusiones, una vez más la soledad sería su compañera.
Pronto advirtió que Enrique pese a que le había prometido amor eterno nunca había estado solo, lazos indestructibles lo unían a otras mujeres.
Superado el engaño volvieron a darse la oportunidad de conocerse, de iniciar una vida juntos, no habían dejado ningún detalle librado al azar, de la mano recorrerían las playas hasta que el cansancio se apoderara de sus cuerpos y en la arena gestaran a su primer hijo para el que ya habían elegido nombre.
Hoy las circunstancias han decido que reine el silencio.
Carolina quiere que el tiempo corra porque de a poco su corazón golpeado va muriendo.
Solo tienen escritas unas líneas del destino, falta diseñar el resto, tarea difícil cuando se intenta recomponer desde ese enemigo del amor que es el silencio.
Estos sucesos serán incapaces de apagar sentimientos profundos.
Pronto el sol jugará a salir del océano, para regalar su calor, cuando esté en el punto más alto unirá sus cuerpos.
El canto de los pájaros arrullará sus sueños, la brisa jugará con la cresta de las olas, sobre ellas al fondo del mar se irán las sombras.
Ese día cuando la fuerza del viento corte todos los lazos, ambos sabrán que la vida de dos almas gemelas recién comienza, no habrá relojes, espacios o tiempo, solo dos seres que desean vivir sin ataduras , sin mentiras, nada quedará escondido solo así podrán unir sus almas y proyectarse en el tiempo.
Pese a los avatares de la vida siempre buscaba las cosas buenas de todo lo que ocurría, cursaba sus estudios en forma brillante, su anhelo era ser una profesional joven y destacarse por sus conocimientos.
A través de la red conoció al hombre que le sacaría el sueño, ese hombre que muchas veces transformó sus risas en sollozos.
La admiración y el amor estaban separados por una delgada línea, Carolina sin mirar las consecuencias de sus actos, decidió cruzarla.
La red los acercaba cada noche, por el espacio navegaban las palabras más hermosas esas que solo pueden engendrar los más puros sentimientos, interpretaban sus sensaciones y el silencio era una melodía que solo pueden escuchar los enamorados.
En noviembre los encuentros en la red siguieron, algo fortuito , una noche cargada de estrellas Enrique finalizó uno de tantos encuentros cibernéticos y a partir de ese momento todo cambió. El cielo que hasta ese momento parecía un cuadro fue surcado por un relámpago, presagio que a partir de ese instante ya nada sería igual.
Tenían que conocerse para que sus almas estuvieran en comunión para siempre, para que sus cuerpos fueran uno solo.
Carolina estaba ansiosa, eligió un vestido que realzaba sus formas, dejó sus cabellos sueltos que invitaban a una caricia infinita, antes de salir revisó su correo las palabras de la otra como un filoso cuchillo desgarraban su corazón.
Se dieron otra oportunidad, esta vez ella manejaría hasta su encuentro, al llegar a una ciudad cualquiera, decidió escribirle un mensaje a su amado para decirle que faltaba poco para ese encuentro soñado, mientras esperaba respuesta navegó por la red y otra vez la pantalla le devolvía la misma sombra.
Con los ojos inundados de lágrimas emprendió el regreso, otra vez habían matado sus ilusiones, una vez más la soledad sería su compañera.
Pronto advirtió que Enrique pese a que le había prometido amor eterno nunca había estado solo, lazos indestructibles lo unían a otras mujeres.
Superado el engaño volvieron a darse la oportunidad de conocerse, de iniciar una vida juntos, no habían dejado ningún detalle librado al azar, de la mano recorrerían las playas hasta que el cansancio se apoderara de sus cuerpos y en la arena gestaran a su primer hijo para el que ya habían elegido nombre.
Hoy las circunstancias han decido que reine el silencio.
Carolina quiere que el tiempo corra porque de a poco su corazón golpeado va muriendo.
Solo tienen escritas unas líneas del destino, falta diseñar el resto, tarea difícil cuando se intenta recomponer desde ese enemigo del amor que es el silencio.
Estos sucesos serán incapaces de apagar sentimientos profundos.
Pronto el sol jugará a salir del océano, para regalar su calor, cuando esté en el punto más alto unirá sus cuerpos.
El canto de los pájaros arrullará sus sueños, la brisa jugará con la cresta de las olas, sobre ellas al fondo del mar se irán las sombras.
Ese día cuando la fuerza del viento corte todos los lazos, ambos sabrán que la vida de dos almas gemelas recién comienza, no habrá relojes, espacios o tiempo, solo dos seres que desean vivir sin ataduras , sin mentiras, nada quedará escondido solo así podrán unir sus almas y proyectarse en el tiempo.
Saturday, October 07, 2006
CAMINO A LA VIDA
Marcia había ahorrado lo suficiente como para realizar su primer viaje al exterior.
En Ezeiza todos miraban a esa mujer enfundada en ajustados jean y camisa blanca que dejaba adivinar su silueta impecable.
Grandes anteojos de sol ocultaban sus ojos tan azules como el cielo y disimulaban sus lágrimas.
Quería olvidar y optó por un viaje.
Desde la butaca del avión observaba la forma de la nubes y en todas estaba él.
Luego de unas horas de vuelo, la azafata anunció que el arribo era inminente, ajustó su cinturón y recordó la fuerza del abrazo perdido.
Aterrizaje perfecto, fuera del aeropuerto la esperaba un auto del color de su boca rojo pasión.
Acomodaron el equipaje, las gaviotas jugaban con las ramas de las palmeras, el sol iluminaba cada rincón.
La cinta gris del asfalto le recordaba pasajes de su vida anterior.
Camino al hotel decidió abandonar sus recuerdos, el mar sería su único testigo.
Su alojamiento en Miami tenía ventanales que daban a la playa, escuchaba el trino de los pájaros, el perfume de las flores del parque inundaban su habitación.
Dejó su bagaje, eligió un diminuto bikini y un pareo en sus cabellos prendió una flor.
Caminaba sola por la playa de arenas blancas, el sol estaba en su punto máximo, igual en esa caminata al lado de un mar profundo de crestas blancas, divisó una sombra, siguió dando pasos mientras el agua salada jugaba con el bronceado de sus largas piernas.
La sombra seguía detrás de ella, su curiosidad pudo más, se dio vuelta y encontró la sonrisa de siempre, bastó un abrazo de fuego para saber que sus almas no solo eran gemelas, sino que juntas dibujarían la eternidad.
En Ezeiza todos miraban a esa mujer enfundada en ajustados jean y camisa blanca que dejaba adivinar su silueta impecable.
Grandes anteojos de sol ocultaban sus ojos tan azules como el cielo y disimulaban sus lágrimas.
Quería olvidar y optó por un viaje.
Desde la butaca del avión observaba la forma de la nubes y en todas estaba él.
Luego de unas horas de vuelo, la azafata anunció que el arribo era inminente, ajustó su cinturón y recordó la fuerza del abrazo perdido.
Aterrizaje perfecto, fuera del aeropuerto la esperaba un auto del color de su boca rojo pasión.
Acomodaron el equipaje, las gaviotas jugaban con las ramas de las palmeras, el sol iluminaba cada rincón.
La cinta gris del asfalto le recordaba pasajes de su vida anterior.
Camino al hotel decidió abandonar sus recuerdos, el mar sería su único testigo.
Su alojamiento en Miami tenía ventanales que daban a la playa, escuchaba el trino de los pájaros, el perfume de las flores del parque inundaban su habitación.
Dejó su bagaje, eligió un diminuto bikini y un pareo en sus cabellos prendió una flor.
Caminaba sola por la playa de arenas blancas, el sol estaba en su punto máximo, igual en esa caminata al lado de un mar profundo de crestas blancas, divisó una sombra, siguió dando pasos mientras el agua salada jugaba con el bronceado de sus largas piernas.
La sombra seguía detrás de ella, su curiosidad pudo más, se dio vuelta y encontró la sonrisa de siempre, bastó un abrazo de fuego para saber que sus almas no solo eran gemelas, sino que juntas dibujarían la eternidad.
Monday, October 02, 2006
EL COLOSO DE RODAS
Esta historia nació hace dos mil años en las Islas Espóradas.
El rey Demetrio I un militar reconocido quiso perpetuarse en el tiempo para no ser objeto del olvido y trascender más allá de los tiempos.
Con mucho trabajo quienes trabajaban para su reino construyeron una estatua de mucha altura con el objeto de perpetuarse en la historia.
Eligieron los materiales más nobles, aquellos que pudieran resistir el paso del tiempo.
En ese entonces Mesalina era una niña que acompañaba a sus padres al borde de la playa para conseguir su sustento.
Era bella sus cabellos se parecían al sol que iluminaba con sus rayos esas tierras.
Pasaron muchos años y el tiempo agregaba hermosura a su belleza.
Cada mañana se acercaba a esa construcción gigante, era magnificente, ya estaba terminada casi en su totalidad, mostraba los rasgos de un hombre fuerte, las piernas del que sería el Coloso de la Isla de Rodas, permitían que pasaran por debajo de ellas, grandes barcos que llevaban tesoros al reino, barcas de pescadores cargadas de canastos con peces de mil colores que habían nadado minutos antes en las aguas del mar, ese mismo que tenían los incomparables ojos de Mesalina.
Poco tiempo después se desata una guerra de poder, Demetrio era egoísta y no quería que su obra desapareciera.
En un baile entregó a Mesalina con la intención de que el Coloso permaneciera erguido más allá del espacio y de los tiempos.
Ella desconocía todo y se entregó al rey entre doseles de seda, perfumada por las magnolias que poblaban los jardines del palacio.
Desde la playa el Coloso, mudo observaba todo, y tomó vida no permitiría que esa doncella fuera el precio a pagar por su permanencia.
Una noche donde el cielo intentaba hundirse en las aguas el tomó vida para rescatar a Mesalina de los brazos plagados de intereses para alejarla de todo aquello que pudiera dañarla.
El Coloso de Rodas que Ustedes ven gigante, erigido cerca del mar es solo una ilusión, el verdadero eligió vivir un amor eterno.
El rey Demetrio I un militar reconocido quiso perpetuarse en el tiempo para no ser objeto del olvido y trascender más allá de los tiempos.
Con mucho trabajo quienes trabajaban para su reino construyeron una estatua de mucha altura con el objeto de perpetuarse en la historia.
Eligieron los materiales más nobles, aquellos que pudieran resistir el paso del tiempo.
En ese entonces Mesalina era una niña que acompañaba a sus padres al borde de la playa para conseguir su sustento.
Era bella sus cabellos se parecían al sol que iluminaba con sus rayos esas tierras.
Pasaron muchos años y el tiempo agregaba hermosura a su belleza.
Cada mañana se acercaba a esa construcción gigante, era magnificente, ya estaba terminada casi en su totalidad, mostraba los rasgos de un hombre fuerte, las piernas del que sería el Coloso de la Isla de Rodas, permitían que pasaran por debajo de ellas, grandes barcos que llevaban tesoros al reino, barcas de pescadores cargadas de canastos con peces de mil colores que habían nadado minutos antes en las aguas del mar, ese mismo que tenían los incomparables ojos de Mesalina.
Poco tiempo después se desata una guerra de poder, Demetrio era egoísta y no quería que su obra desapareciera.
En un baile entregó a Mesalina con la intención de que el Coloso permaneciera erguido más allá del espacio y de los tiempos.
Ella desconocía todo y se entregó al rey entre doseles de seda, perfumada por las magnolias que poblaban los jardines del palacio.
Desde la playa el Coloso, mudo observaba todo, y tomó vida no permitiría que esa doncella fuera el precio a pagar por su permanencia.
Una noche donde el cielo intentaba hundirse en las aguas el tomó vida para rescatar a Mesalina de los brazos plagados de intereses para alejarla de todo aquello que pudiera dañarla.
El Coloso de Rodas que Ustedes ven gigante, erigido cerca del mar es solo una ilusión, el verdadero eligió vivir un amor eterno.
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