Thursday, September 11, 2014

SANTA SOFÍA



Todos sabemos que la catedral de Santa Sofía ha sido declarada como una de las maravillas del mundo y de verdad quienes se ocupan de esos menesteres no podrían haber elegido mejor lugar para otorgarle una distinción merecida.
Enclavada en una colina se destaca la edificación bizantina, columnas delicadamente moldeadas sostienen la cúpula con tejuelas doradas
Santa Sofía representa a la sabiduría, todo brilla a su alrededor.
Para ingresar hay que atravesar un camino de jardines de ensueño.
Jardines que jamás hubiera podido reflejar el mejor paisajista de la tierra.
Canteros de flores exóticas, que al atardecer son iluminadas por cientos de luminarias comparables a los guiños de las luciérnagas.
Cielos estrellados que impactan con su belleza eterna coronan una cúpula de inigualable belleza.
Ingresar en las horas del atardecer contrae el corazón, las palpitaciones se multiplican buscando algo que será difícil de encontrar si no se acude a la historia del fabuloso monumento dedicado a los sabios de principios de la era cristiana.
Es difícil expresar con palabras el entendimiento.
Saber por anticipado la lucha eterna entre el bien y el mal.
Hay que estar allí para entender los deseos de un ser abominable que creyó que tenía más poderes que el Creador que conocemos para destruir la raza humana.
El guía de la excursión nos explicó que los subsuelos de la catedral están inundados, aún no se saben con certeza las causas de ese efecto desastroso.
Aún los científicos luchan por conocer la verdad.
La lucha entre el bien y el mal data de siglos.
Un monaguillo intenta explicar al contingente de turistas las razones por las cuales los subsuelos del edificio están inundados.
Todos tratamos de utilizar el raciocinio para entender las explicaciones que no conforman.
Se menciona a un ser execrable que quiso sin éxito diezmar la raza humana.
Han pasado varios siglos, nadie conoce el secreto que guarda en sus entrañas la catedral dedicada a la sabiduría.
A esta altura de los acontecimientos prefiero no investigar nada más.
Opto por consagrar mi devoción a la vida en todas sus manifestaciones.
Solo ruego a Dios, ese Dios que podemos compartir según las creencias, que sea el encargado de develar tanto misterio.
Mientras tantos en las aguas que inundan Santa Sofía, aguas turbias donde jamás podrán reflejarse las estrellas.
Aguar rojizas que se avizoran a simple vista.
Santa Sofía sigue sorprendiendo al mundo sin tener en cuenta la religión de los turistas que la visitan.
Salgo conmocionada a recorrer los jardines que circundan la edificación majestuosa.
Prefiero ignorar los misterios que la inteligencia aún no ha develado.
Suspendidos en el aire flotan los pensamientos.
Los míos son positivos, tratare de unirlos con los de muchos otros que prefieren la vida a la muerte.
 
 

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