Friday, September 17, 2010

DOS CULTURAS, UN AMOR




Kobe es artesano, nació a orillas del mar Pacífico en la tierra de importantes jardines.
Vive en una pagoda muy cerca del océano.
Desde el interior puede observar el majestuoso paisaje.
Hijo de un empresario se negó a trabajar en la fábrica de su padre, ello produjo un gran enojo en el acaudalado hombre de negocios.
No entendía a su hijo, tal vez porque le había dedicado poco tiempo.
La madre lo impulsaba a continuar con las artesanías, veía en su heredero a un artista.
Prodigioso con las manos con dos flores cortadas del bosque y algo de follaje armaba ikebanas que vendía en el mercado para sostenerse.
Al morir su progenitora, las peleas con su papá eran intolerables, como fuera, utilizando los peores métodos se obstinaba para que su hijo se hiciera cargo de la empresa.
Respetuoso de las personas mayores decidió partir en silencio.
Con los ahorros compró la pagoda a orillas del espejo de agua.
Por primera vez se sentía libre para seguir creando.
Las manos habilidosas hicieron nacer espacios donde las flores regalaban colores y fragancias.
Siempre cortaba el césped con una tijera para no dañarlo, asemejaba una alfombra verde, allí se posaban pájaros de distintas especies esperando beber el néctar de las flores.
Rápidamente su casa se convirtió en un lugar de referencia para los turistas que admiraban la belleza de la propiedad y su entorno.
Cuando el sol asomaba Kobe sacaba los frutos del mar, con ellos preparaba exquisiteces.
El resto del día lo ocupaba para preparar sus famosos arreglos florales.
Cando la tristeza se adueñaba de su cuerpo frágil encontraba refugio bajo un añoso árbol de castaño, allí oraba por la memoria de su madre a quien jamás olvidaría.
Nunca volvió a ver a su padre que seguía acumulando dinero, de esa forma se perdía los detalles que hacen la vida sea bella con las pequeñas cosas que otorga cada día.
María llegó en una excursión, estaba fascinada con el lugar.
Kobe tenía sentimientos encontrados, supo que el amor había llegado.
Las visitas se reiteraban, bajo el árbol de castaños los cuerpos se unieron hasta formar una sola figura.
A los pocos días ella le anunció que debía regresar a su patria.
El bosque acunó a los enamorados.
La partida trajo dolor, no quería separarse de su amada.
Regresó a la rutina, los arreglos florales no transmitían alegría.
No pasaría un instante más lejos de la mujer que el destino le había elegido.
Entregó las llaves de su casa a un vecino, no tenía fecha precisa para regresar a su tierra.
Atravesó otros mares hasta reunirse con ella.
Nada era fácil en esa tierra extraña, sentía que todos lo miraban, percibía la discriminación de las que muchas veces era objeto por ser de una etnia distinta.
Soportó todo, el amor por su esposa alejaba la intolerancia.
El trabajo en el jardín japonés les permitía vivir holgadamente.
Pasó más de dos años ahorrando, para el aniversario obsequiaría a su esposa dos pasajes.
Kobe y María hoy viven en la pagoda de los sueños, ella ya no extraña su país, fue recibida con alegría por la comunidad.
Jamás se sintió discriminada.
Mañana cuando el sol gire al poniente, Akiko, la niña más esperada nacerá en una isla lejana.

http://www.youtube.com/watch?v=hskCoPqt4yc

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