Monday, September 27, 2010

SINFONÍA FLORAL




El jardinero que atiende la mansión llega temprano.
El dueño le ha proporcionado las llaves para que trabaje con comodidad sin despertarlo.
En la sala de herramientas cambiará su atuendo por un mameluco azul.
Los grandes bolsillos le permitirán portar las tijeras más chicas.
Un sombrero atemperará los rayos de sol.
Algunas flores aún permanecen con gotas de rocío, lentamente el calor que irradia la estrella más grande hará que las mismas se desvanezcan.
Pablo está listo para comenzar su tarea.
Empezará por recortar el césped hasta dejarlo como una verde alfombra, al llegar al árbol de almendro remueve la tierra, quita las flores que se han caído de sus brazos.
Consustanciado con su trabajo le parece escuchar que el viejo ejemplar habla, atribuye el sonido al cansancio.
En primavera trabaja desde el amanecer hasta el crepúsculo.
El escardillo rompe los terrones de tierra, el resto lo harán sus manos.
Se quita el sombrero, bebe un poco de agua.
Otra vez los susurros.
Esta vez la voz del árbol es clara.
Se ha inclinado lo suficiente para hablar con las flores, les pide sacudan sus tallos para despojarse de los pétalos.
Al principio los alelíes se niegan, no tiene sentido florecer y morir el mismo día.
Pronto se acerca un grupo de girasoles, las hojas doradas armonizan con el centro de color marrón.
Deciden armar un cónclave de especies florales.
La decisión final será del florecido almendro quien mira expectante a sus compañeros de jardín.
Todos y cada uno serán escuchados.
El árbol les muestra el tronco herido, tiene puntazos que le ha dado su dueño.
Les pide que no se preocupen, el sanará las grietas que dejan ver la savia que lo alimenta, les muestra las ramas que han sido lastimadas, allí llevará las semillas para que se reproduzcan en otros jardines, la vida continuará para ellas.
Pablo sigue trabajando, junta en la caretilla malezas y pétalos.
Desde el interior de la casa se puede oír la risa sarcástica del dueño.
La afonía raspa la garganta.
Vincent ha despertado de otra noche de alcohol y amores fugaces.
Aún se notan los vestigios que el licor ha dejado en su cuerpo.
Sostiene algo en sus manos.
Pablo se esconde.
La presencia de su empleador lo aterroriza.
Jamás lo había visto tan ebrio.
Rocía las plantas con líquido inflamable.
En pocos instantes todo será preso de las llamas.
No ha terminado su obra maléfica.
Tambaleante se dirige al almendro, la intención es dañarlo.
El árbol le pide reflexión, imposible encontrarla en un ser preso de la furia.
Desafiante le cuenta que no tiene miedo, le ruega piense en su obra.
Vicent no comprende, saca del bolsillo del pantalón una daga, el instinto lo lleva a cercenarse una oreja.
El almendro sostiene el cuerpo inerte de ese hombre que trascenderá la vida a través de su obra.
Cantan las plantas, resurgen las flores, nadie llorará al gran artista, ese gran hombre que no supo encontrar paliativos a los desencuentros amorosos.
Ella depositará una rosa lejana en las manos inmóviles.

http://www.youtube.com/watch?v=ZqWS7LP4hgs&feature=related

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