Wednesday, April 08, 2009

LA CAPILLA DE MADERA





Humilde se yergue del otro lado de la cordillera, el fondo de picos que conservan nieves eternas la hacen parecer aún más hermosa, se asemeja a una pintura.
Cuidados canteros, preceden la entrada, pese al clima las flores se multiplican en ellos.
La cruz de hierro forjado parece que quisiera acariciar el cielo, algunas nubes etéreas conforman la imágen de un cuadro.
Afuera esperan los fieles para ingresar a misa.
Posteriormente asistirán a la procesión pascual.
Una docena de hombres vestidos con sus mejores galas, me recuerdan a los costaleros de Sevilla.
Pantalones y casacas negros, camisas blancas con puntillas, todo es poco cuando se trata de venerar a la Virgen de la Candelaria.
Las flores están dispuestas en las carrozas que la portarán, los claveles hacen juego con su manto amarillo, la corona dorada parece que hubiera quitado sus rayos al sol, piedras preciosas se incrustan en ella.
En sus brazos amados porta a un niño y allí me detengo, ese pequeño ángel representa a cada uno de nosotros cuando fuimos chicos, lejos de las tragedias que sucumben al planeta, esgrimiendo solo inocencia.
Comienza la ceremonia, los costaleros autóctonos han cargado la virgen en su hombros, algunos rezan, otros hablan con Dios acariciando las cuentas del rosario.
Mi pequeño Agustín, emocionado me toma la mano, con la otra intenta secar las lágrimas de emoción de todos aquellos que la vida quiso nos alejáramos de nuestros seres más amados, buscando concretar el camino de los sueños.
Redonda y plateada brilla la luna en el firmamento.
Los cantos y loas se van apagando.
Regresamos a casa ,cercana al mar que tanto nos atrae.
Nos esperan las sonrisas de un esposo amantísimo y sus hermanitos.
Los dos hemos aprendido algo el amor a la familia no conoce de fronteras, mares o desiertos.

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