Friday, October 15, 2010

CONVENTO ABANDONADO




La noche inhóspita acechaba, cuando el auto se detuvo, había quedado varada en un tramo de la ruta que no ofrecía peligro.
Intentó tranquilizarse pese a que el corazón cabalgaba en su pecho impidiendo una respiración tranquila.
Revisó los relojes del tablero, tenía más de medio tanque de combustible.
En la guantera llevaba una linterna, levantó la tapa del motor, controló que el radiador tuviera suficiente cantidad de agua.
No entendía porqué el auto se había detenido en ese paraje tan solitario.
Acortar distancia tomando un atajo no había servido de nada.
El celular había perdido la señal.
Recordó a la última persona que cargó nafta en su tanque, un hombre extraño que apenas contestaba a sus preguntas.
Solicito limpió el parabrisas, en un instante no quedaban las marcas que dejan los insectos al estrellarse en los cristales.
El kiosco de la estación de servicio permanecía abierto, compró agua y algunos dulces.
Pagó los gastos.
Mientras se dirigía al automóvil consultó el mapa, deseaba alejarse del camino de cornisa que tanta tensión le producía.
Caminos apenas dibujados en la montaña.
Silencio que conmovía al conductor más avezado.
El crepúsculo teñía el paisaje, al desaparecer aparecería el primer destello plateado de la luna, las estrellas parecían estar al alcance de la mano.
Por primera vez sintió que estaba huyendo de un pasado que la atormentaba.
Su amiga le había aconsejado que viajara, cambiar de hábitat la ayudaría a dejar atrás la tortura que había vivido con el hombre que tanto había amado y hoy cumplía una pena por intento de homicidio.
Una mueca se dibujó en su rostro cuando recibió los papeles del divorcio, era libre.
Encendió la radio para sentirse acompañada, la música traía a su memoria momentos compartidos.
No podía evitar las lágrimas.
Buscó otra emisora que no hiciera repiquetear en el alma cada uno de los recuerdos vividos.
Ahora estaba sola en el medio de la nada.
Nuevamente consultó el mapa, a menos de medio kilómetro se encontraba el viejo convento abandonado que alguna vez había sido el retiro de la orden de los cartujos.
Una vez más hizo contacto con las llaves, el motor respondió.
Volvió a sonreír, había evitado una caminata.
Bajó las luces, estacionaría el auto en el bosquecillo que se encontraba en una de las esquinas del monasterio.
Necesitaba descansar, las primeras luces del día le permitirían pedir auxilio para continuar el viaje.
Antes de cerrar los ojos llamó su atención que la edificación estuviera tan bien conservada.
El césped parecía recién cortado.
La mirada roja de una lechuza apostada en un poste del alambrado la asustó.
Ejercicios de respiración la ayudaron a encontrar calma.
Cubrió su cuerpo con una manta.
No encuentra explicación a su sueño.
En el patio del convento las luces se encendieron.
Un hombre corpulento ataviado con hábito y capucha de color negro, arrastraba los cuerpos de los monjes.
Los francotiradores bajaban de sus escondites, inmediatamente rodearon el auto de la intrusa.
Portaban armas de última generación, en un segundo dispararon contra la única ocupante del auto.
Pudo reconocer a quien supuestamente disparó a su corazón.
No tenía dudas era el hombre de su vida.
Sintió en el cuerpo el estallido de los vidrios, dejaban heridas abiertas.
Despertó aterrorizada, volvió a consultar el mapa, debía dar aviso a las autoridades de lo acontecido en la madrugada.
Buscaron mil pretextos para no tomarle la denuncia.
El forense dictaminó que las heridas podían ser producto del estallido de cristales.
Procedieron a periciar el auto de la mujer, estaba intacto.
Hoy está internada en un instituto de salud mental, nadie cree en sus historias.
Las muertes en el convento abandonado se siguen sucediendo.
Ella conoce la verdad, nadie cree en sus relatos.
Tiempo después sabrá que los médicos de la institución en la que está encerrada son cómplices de las matanzas.
Por ahora, llora y calla.
Necesita resguardar su memoria.

http://www.youtube.com/watch?v=MRJs0Q3Tm1E&feature=related

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