Monday, May 11, 2009

CORAZÓN APASIONADO*



PRINCIPIO


Alto, de mirada tierna y transparente, observando sus ojos podían leerse las palabras talladas en el alma.

Estudioso y dedicado como pocos, respetaba por sobre todas las cosas la integridad del ser humano.

Recién graduado de médico pasaba la mayor parte de la residencia clínica en el hospital, cumplida ella, observaba las operaciones que realizaban otros médicos para adquirir experiencia.

Nunca se ató al pensamiento de los patriotas de turno, para obtener beneficios propios, en aquel entonces era médico interino, para lograr ser titular debería vender su alma al diablo.

Siguió su vida en absoluta libertad, demostrando a todos que si algo le sobraba era conocimiento y dignidad.

Se alejó de las presiones, el camino a Jacinto Araoz demandaría varias horas, armó su maleta y emprendió el largo viaje con su mujer.

El destino no le dio la oportunidad de ser padre, lo era un poco de cada uno de sus pacientes.

En esa zona tan rica de la Argentina, continuó perfeccionándose como médico y cirujano.

Su lema era dar siempre.

Devoraba las revistas médicas.

Reconocido viajó a Cleveland, un país diferente no lo haría cambiar.

Hombre de sonrisa eterna pudo haberse quedado disfrutando sus logros en el extranjero, reconocido por la creación del bypass.

El éxito lo acompañaba, llegaban los reconocimientos desde distintos lugares del planeta.


FIN


El regreso fué en silencio quería volcar en su patria todo lo aprendido.

El país atravesaba una época nefasta.

Él seguiría impartiendo enseñanzas, salvando vidas.

La tristeza nubló los ojos mansos del gran hombre, el último beso a la mujer que lo había acompañado, ese viaje a la eternidad lo dejaría en absoluta soledad.

Pasaron varios años hasta que encontró otro amor, los sueños de ser padre regresaban.

Al frente de la Fundación que había creado observaba que otra vez la patria tambaleaba, otros patriotas de turno prometieron ayuda que nunca llegó.

La tarde lo encontró solo en su despacho, la lluvia golpeaba las ventanas, releía la carta que enviara, jamás tendría respuesta, el destinatario no se había detenido a leerla.

Los recuerdos taladraban su alma.

Como en una película pasaban los pasajes de una vida dedicada a dar.

Cual fantasmas aparecían en su mente los rostros de los traidores, esos que prometían afirmando sus palabras con la clásica palmada en el hombro.

Esta vez tampoco perdería la dignidad, buscó en el cajón del escritorio, apoyo el arma en su pecho.

¡Qué ironía!

El disparo haría estallar su corazón.


*Este relato que puede no parecer un cuento es un pequeño y sincero homenaje a la figura del Doctor René Favaloro.

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