Friday, May 08, 2009

LA ÚLTIMA LLAMADA




Se levantaba todos los días para llegar puntualmente a su trabajo.

Viajaba apretujado en el tren, a veces solo podía apoyar los pies en el estribo, no le importaba el peligro, había formado una familia, era el responsable de la familia que con mucho amor había conformado.

Soportaba los gritos destemplados de su jefe, manso jamás contestaba para no llevar la discusión a un plano que pondría en riesgo su empleo.

Casado con Esmeralda una muchacha de un pueblo cualquiera del país que vivían.

Ladrillo a ladrillo construyeron la casa, cómoda sin grandes lujos.P

Peso que entraba era destinado a dotarla del confort elemental, ventilador de techo en todos los cuartos, que giraban poco por la falta de energía.

Descubrió que su mujer era una brillante economista, siempre en la vivienda había un plato caliente o un refresco en verano para compartir debajo de las enredaderas y flores que adornaban el patio.

Los chicos habían terminado la escuela primaria, la secundaria implicaría más gastos.

Siempre decía Dios proveerá.

No era sumiso, sí responsable, un verdadero patriota.

Para afrontar los gastos su mujer confeccionaba collares y pulseras, era habilidosa.

Verdaderos patriotas.

Él sabía manejar, no dudó en ser chofer de un acaudalado hombre de negocios.

Lo obligaron a cambiar su traje gastado por uno de marca para estar de acuerdo a las circunstancias.

Esmeralda era una mujer perceptiva, si bien tenían mayor acceso a las cosas cotidianas, desconfiaba, sabía que nada era gratuito.

Habilidosa siguió con su trabajo manual en la casa.

Esa tarde llovía copiosamente, estaba ansiosa, tal vez asustada.

La última llamada de su esposo había sido a las cuatro de la tarde, avisándole que llegaría un poco más tarde, el jefe lo necesitaba.

Cenó con sus hijos, esperó hasta el alba.

Dos hombres uniformados le llevarían la infausta noticia, una bala dirigida al traidor había culminado con sus sueños.

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