Saturday, May 09, 2009

LA DUEÑA DE LAS ROSAS




La nostalgia me lleva a caminar imaginariamente por las calles de Buenos Aires.

El otoño suavemente quita su vestido a los árboles, formando una alfombra que cruje bajo mis pies.

Me detengo en una avenida, lleva el nombre de una mujer nacida en Londres.

Recuerdo los pasajes de la historia aprendida en la escuela secundaria.

Las fotos del libro muestran a una mujer de singular belleza, una de las primeras en obtener su título de médica en la Universidad de Buenos Aires, en tiempos en que los hombres veían con malos ojos el paso de las mujeres por los claustros universitarios.

Siguió adelante sin hacer objeciones ante tamaña discriminación de género.

En esa época de faldas largas y puntillas se destacaba por sus ideas patrióticas, de a poco ingresó a la política, desde allí lucharía por los derechos de la mujer.

El camino que el destino le había asignado duró un poco más de cien años.

Desde su lugar abogó por la equidad sin distinción de clases.

Jamás imaginó que la traición la haría transitar el sendero de la clandestinidad.

No importaban los obstáculos si con ello se cristalizaban los logros, los derechos humanos para todos, en años que la palabra tenía más validez que cualquier documento firmado.

El rostro surcado de líneas que acumulan experiencia siempre mostró su rasgos de bondad, solo bastaba observar su mirada cristalina para encontrarse con la dignidad.

Alicia Moreau de Justo, mujer con mayúsculas, espejo en el que muchas otras deberían mirarse sin caer en la debilidad que otorga el poder.

Cierro los ojos, la veo apoyada en su bastón recibiendo con una sonrisa mansa, otro galardón, Ciudadana Ilustre de la Ciudad.

Las rosas rojas recuerdan a esa dama de la sociedad argentina en la que eligió vivir y morir.

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