Friday, August 21, 2009

TRES GENERACIONES




El viaje en tranvía era placentero, en pocos minutos lo dejaría en la oficina.

Desde su asiento la observaba, pocas veces ella dejaba sus cabellos sueltos, ojos azules como el cielo iluminaban una cara perfecta, la boca delineada de rosa invitaba a beber el néctar de sus labios.

Para protegerse del sol de su brazo colgaba una primorosa sombrilla.

Un día avisó que llegaría más tarde a la oficina, quería acercarse a la mujer que le quitaba el sueño.

La soñaba siempre, aún cuando estuviera despierto.

Concertaron la primer cita, al poco tiempo consagraron un amor eterno en la iglesia de la ciudad, por aquel entonces casi desierta.

Llegaron los hijos alegrando la vida de la pareja.

Dedicada la madre dejó su trabajo para atender a los chicos.

Las primeras canas como hebras de plata aparecieron en la cabeza del matrimonio, las descubrieron el día de la graduación de su hija menor, ambos sonreían la vida había sido pródiga con ellos.

Los muchachos estudiaron carreras universitarias, para ello debían viajar en tren o en ómnibus.

Como si fueran pequeños antes de salir de la casa la madre los aconsejaba para que tuvieran cuidado al abordar los medios de locomoción que utilizaban.

Con el tiempo la familia se fué agrandando llegarían las novias y novios de sus hijos.

Hoy es el último día que él trabaja, la jubilación llegará con la noticia que pronto nacerá su primer nieto.

Javier es un angelito inquieto siempre pide le cuenten historias, no las de libros de cuentos sino aquellas que fueron vividas por los abuelos.

Mientras el abuelo corta flores del jardín para llevarle a su compañera de toda la vida, mira al niño, está pensativo frente al viejo televisor, se detiene un momento detrás de su nieto, no mira dibujos animados sino un noticiero.

Nota la presencia del abuelo, se sabe consentido por ello le pedirá que lo llevé a pasear en tren.

El anciano sabio le dice que no será posible, no quiere poner en riesgo su vida ni la del pequeño.

No desea exponerlo a viajar apretujado, humillado por quienes no saben que los pasajeros de un tren merecen respeto.

Al ver las imágenes el niño se conforma.

Le propone a su abuelo dentro de unos años llevarlo a conocer el tren de las nubes.

Sabe que allí no solo mirarán el paisaje sino que también viajaran cómodos.

Una lágrima traviesa rueda por el rostro surcado de arrugas del anciano, son las líneas que dibujó en su rostro la vida.

Sorprendido el niño pregunta qué le pasa, el abuelo sereno le responde, nada Javier a mi edad cuando la vida lentamente se apaga, trato de recordar viejos tiempos

No comments: